La Malquerida - Teatros del Canal

Con música y libreto de Manuel Penella, La malquerida, basada en la obra homónima del nobel Jacinto Benavente, fue estrenada en 1935 y de ella nunca más se supo. Es una zarzuela corriente, con partitura convencional, en la que las partes vocales son de escaso vuelo. Para resucitarla se ha trasladado el drama rural de la españa profunda a un méxico de fridas kahlo y mariachis. El resultado no es redondo aunque el experimento sea interesante.

la última obra del autor de El gato montés, fue estrenada en 1935 en el Teatro Victoria de Barcelona. Penella viajó después a México, donde falleció en 1939. Fue este músico valenciano autor de 80 piezas de teatro musical, entre óperas, zarzuelas, revistas y comedias musicales, y de numerosas canciones, algunas tan famosas como En tierra extraña, que incluye el pasodoble Suspiros de España. Hijo de músico, y abuelo de las actrices Emma Penella, Elisa Montés y Terele Pávez, murió pronto y sufrió como toda su generación las convulsiones de aquella desgraciada época española.

La Malquerida había sido estrenada por Benavente en 1913 y se ha repuesto cuatro veces en las tablas y tres en la tele desde el último cambio de Régimen. No goza de buena fama pero es un potente drama rural en la línea de Puerto Hurraco y Fago, que espera ser tratado un día con el mismo mimo y respeto con que reverenciamos a Chéjov o a Ibsen. Transcurre en la propiedad El Soto, donde viven Doña Raimunda y su hija Acacia. Tras la muerte de su marido, Raimunda se casa con Esteban, quien se enamora de Acacia. Esteban comienza a perseguir a todo el que pretenda a Acacia, y a ella la sacan coplas en el pueblo y la apodan la malquerida.

Benavente se basó en un hecho real ocurrido en la localidad de Tierzo, en la comarca de Molina de Aragón, Guadalajara. Siendo tan famoso el drama y tan respetado su autor, Penella se limitaría a seleccionar pasajes y abrir huecos para introducir los números musicales, mostrándose satisfecho el propio Benavente, que asistió al estreno de esta zarzuela en tres actos. Siguiendo los códigos de nuestro género lírico incorporó la inevitable pareja de cómicos, danzas folclóricas y un inevitable coro. Destacan en el conjunto la serranilla cantada por Esteban, su dúo con Raimunda, la belcantista plegaria de ella o las sabrosísimas coplas coreadas para la tiple cómica. Y sobre todo ello esa copla que pasará a los anales y brujulea por toda la partitura dando identidad a la composición entera: 'El que quiera a la del Soto/ tiene penas de la vida/ por quererla quien la quiere/ la llaman la Malquerida'.

El compositor mantuvo grandes porciones del excelente texto original y eso potencia la pieza pero desafía a los escasos catorce números musicales que contiene, convertidos en ocasiones en meros intervalos de la trama. No obstante, la correcta fusión de un texto modélico con una música de enorme resonancia zarzuelística fue muy bien recibida en su tiempo y podía serlo aún más en el nuestro de no haber mediado varias circunstancias que afectan negativamente al proyecto tras un error de partida: el espectáculo debía haberse comprimido en poco más de cien minutos evitando el intervalo y otras derivas que lo prolongan hasta las dos horas y media; y siendo tan largo, no puede empezar tan tarde, a las 20'30 de la noche. Si alguien quería malograr el estreno, lo  consiguió en nuestro caso, pues como otos muchos, nos fuimos sin ver el tercer acto.

En este montaje debuta en la dirección de escena Emilio López, aportación valenciana que con 24 años comenzó de regidor de escena en el Palau de les Arts, ascendiendo cinco años después a asistente de dirección de escena y director de reposición. Dejándose llevar por el hecho de que Penella muriera en México y la obra teatral de Benavente tuviera mucho éxito allí -incluida una telenovela actualmente-, ha recurrido a ambientar el drama rural manchego en una hacienda mexicana, dilapidando con este exotismo la mitad del crédito que la reposición podía encontrar en los seguidores del género. Puede que una traviata o una flauta mágica permitan las más ocurrentes ambientaciones justificadas en su popularidad histórica, pero la desconocida fusión de la que quizás sea la mejor obra de nuestro premio nobel de literatura, con la música de un afamado compositor lírico, merecía un rescate fidedigno y dejar los experimentos ambientales para próximas ocasiones.

Máxime cuando la obra está escrita en un fabuloso dialecto rural que es uno de sus tesoros, casi una reliquia arqueológica para actores expertos y públicos cultivados. No resulta chirriante si se ignora todo sobre la obra original, pero las canciones y chistes mexicanos son un lamentable injerto. Por el contrario, la escenografía de Nathalie Deana es lo mejor de la propuesta, apoyada por una buena iluminación y un aceptable vestuario inspirado en las imágenes más conocidas de la pintora Frida Kahlo y en los tebeos de El Guerrero del Antifaz, con pistola y cartuchera incluidas, en vez de en la vestimenta habitual del mundo rural español de comienzos del siglo XX.

Es posible que la partitura no dé más de sí, a pesar de haber sido reeditada con esmero, pero la dirección musical de Manuel Coves no consigue remontar una más que discreta presencia. La confusión comienza con una primera actuación de los mariachis antepuesta al comienzo musical del primer acto y se mantiene con parones innecesarios en busca de aplausos fáciles tras las arias destacadas, que destruyen la continuidad de los finale orquestales. La Orquesta Sinfónica supo a poco, a muy poco, sin resaltar en ningún momento.

El elenco cumplió notablemente su cometido vocal y desastrosamente su interpretación actoral, que es uno de los hándicaps más notables de las producciones españolas de zarzuela frente a a sus competidores del mundo de la ópera, donde hace décadas que se cuida la interpretación actoral tanto como la vocal para conseguir eso tan importante que es la credibilidad en escena. Este desequilibrio resulta especialmente lamentable en el caso del barítono César San Martín que volvió a demostrar las excelencias de su voz y lo desgarbado de su presencia en las tablas. San Martín interpreta habitualmente pequeños papeles en los dos cosos líricos madrileños, y acaba de hacer de Peribáñez en seis funciones de La Villana, la última hace quince días (ver nuestra reseña). Debe conseguir que su expresión esté a la altura de sus dotes.

En general las características físicas del reparto no ha tenido en cuenta la exigencia de los personajes y la madre y el padrastro parecen hermanos de la hija. La soprano lírico ligera Sonia de Munck  y la mezzo Cristina Faus repitieron esa presencia conjunta que ya es un clásico en el Teatro de la Zarzuela. Sonia interpreta a la protagonista teórica, Acacia la malquerida, y no nos sonó a su altura habitual, como en Galanteos en Venecia en 2015, por ejemplo, o El dominó azul en 2014, y otras muchas acertadas presencias. Cristina Faus estuvo más templada vocalmente aunque no resulte creible en su papel de Raimunda. Algo desdibujado el tenor Alejandro del Cerro como el antiguo novio Norberto y, francamente, nada convincentes ni el tenor Gerardo López en ese cómico Rufino ni el actor Pedro Bachura en ese malvado El Rubio, que además es moreno, porta cerrada barba negra y es cetrino.

Luces y sombras, pues, en este estreno que hay que celebrar por encima de todo, por ser producto de la colaboración entre dos puntales españoles, el Canal y el Palau, por ser una producción aceptable de teatro musical -tan difíciles de encarar por lo costosas que resultan- y por quizás augurar que iniciativas así pudieran proliferar en el futuro.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Partitura: 6
Libreto: 8
Dirección musical: 6
Dirección artística: 6
Orquesta: 6
Voces: 7
Escenografía: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h


Teatros del Canal - Sala Roja
La malquerida
Música y libreto de Manuel Penella
Zarzuela basada en la obra homónima de Jacinto Benavente
Del 28 de febrero al 5 de marzo de 2107

Director musical: Manuel Coves
Director de escena: Emilio López
Escenografía: Nathalie Deana
Vestuario: Gabriela Salaverri
Iluminación: Sergio Gracia

Raimunda (Cristina Faus); Esteban (César San Martín);  Norberto (Alejandro del Cerro); Acacia (Sonia de Munck); Benita (Sandra Ferrández); Rufino (Gerardo López);  El Rubio (Pedro Bachura); Juliana (Elena Lombao); Milagros (Cristina Bernal).

Orquesta Sinfónica y Coro Verum
Coproducción de los Teatros del Canal y el Palau de les Arts Reina Sofía
Obra beneficiaria de la “Convocatoria 2015 de Ayudas Fundación BBVA a Investigadores y Creadores Culturales”.

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