Furiosa Escandinavia - Teatro Español

No está nada mal esta pieza; interesante de planteamiento y puesta en escena, tiene una evolución curiosa y atractiva hasta que desbarra en un final oscuro que podría mejorarse. En formato de sala pequeña su elenco impone una presencia sugerente en una escenografía original con notable apoyo audiovisual. Ahora bien, no pretenda entenderla: se mueve y se inspira en esos parámetros 'multitask' de los que habitan en las redes sociales, que han cambiado la percepción del mundo. Ya no rige la lógica, ya no hay argumento inteligible ni parámetros racionales. Batiburrillo conceptual o hiperrealidad cuántica.

Erika y Balzacman son amigos en Facebook y caen en la tentación de conocerse físicamente. Ella acaba de ser abandonada por T. y yace en un abismo de presivo del que no es capaz de salir. Con la ayuda del joven misterioso, un apasionado de la literatura francesa que se esconde tras un sombrero tejano, Erika emprenderá una huida hacia adelante en busca del olvido. Pero mientras ella está decidida a borrar el pasado, luchando contra su memoria, Balzacman se aferra al recuerdo lanzándose a un demente viaje en busca de T., aquél que fue el amor de Erika y que ya sólo es la inicial de un nombre o, quizás, de un lugar.

Hasta aquí puede entenderse, y hay cena de parejas y comentarios de actualidad y cita para ir al cine y cosas más o menos normales. Desde aquí, -aproximadamente a la mitad de la pieza-, el asunto escapa a todo intento de codificación. La que tiene un hijo no lo tiene, y la que no quiere tenerlo es que ha abortado. El que se fuga a Noruega se difumina entre fiordos, y la que se ha quedado aparece por los glaciales paisajes. Lo que ha ocurrido no ha ocurrido y todo acaba en suicidio sin que se sepa en realidad quiénes y cuántos son los suicidas.

Furiosa Escandinavia dice ser un viaje sin escapatoria, y su autor afirma haberse inspirado en 'En busca del tiempo perdido' de Marcel Proust, buceando en temas como la memoria, el amor y la pérdida. Es posible que esa fuera su intención, pero el resultado nos deja dubitativos. 'Pienso que nos enfrentamos a un tiempo histórico emergente, a una época 'por-venir' que espera, imagen de una anquilosada sociedad que se resiste a caer frente a diversos movimientos sociales que irrumpen con fuerza', nos dice Antonio Rojano posicionándose con claridad del lado de las nuevas autoridades culturales de Madrid, que le han dado el premio máximo y le han permitido acceder al mejor escenario.

'Como autor, si entendemos que vivimos en una nueva realidad, también estoy obligado a buscar correspondencias en el modo en que construyo historias a partir de ella, para cada tiempo necesitamos nuevas formas, una ambición proustiana de renovación acompañó el reto de la escritura', explica para justificar una pieza a la que, en palabras sencillas, le cuesta terminar, en la que se plantean situaciones ya muy frecuentes en la escena -desarrollo paralelo de dos historias entrecruzadas, distorsiones temporales-, pero que a partir de un momento se traba, se atasca -quizás justo cuando se repite y repite la escena en la que Erika exige a la pareja amiga que abandonen su casa- para demenciarse a continuación en las carreras absurdas de Balzacman por la terraza y en el agotamiento final.

Tiene algo muy de actualidad la pieza, no obstante, que la dota de valor añadido como para conseguir que no te arrepientas de haberla visto. Escarba en los mecanismos poco fiables del recuerdo. Un recuerdo, siempre inexacto, que actúa como falacia o simple reconstrucción de lo real. Y eso, en el país de la memoria histórica y de la impostura generalizada de la generación siguiente a la suya -la de las batallitas del franquismo y la transición- tiene su importancia, aunque no haya la menor alusión a lo que vemos todos los días y a lo que podría traerle enemistades en los ámbitos del Poder Teatral que nos castiga. Piensa Rojano que toda huida hacia el exterior se transforma en una mirada sobre nosotros mismos, sobre nuestras heridas, sobre el pasado que dejamos atrás, una mirada que afila el dolor de nuestras derrotas y que emborrona los olvidos, pero que recoge también las necesarias ficciones que hemos inventado para ocultar el vacío de la existencia. Piensa bien pero no lo plasma bien en su obra.

Si que plasma ese desconcierto de una generación inmersa en la incertidumbre y desencantada con el futuro, esa desilusión profunda que sobre todo afecta a las relaciones, esa furibunda confusión entre realidad y ficción, verdad y mentira, y recuerdo y olvido. Pero no aporta medicina alguna, quizás porque, como en su pieza, la pastilla perfecta no existe ni siquiera acompañada de su contraria.

Víctor Velasco, el director, se justifica de antemano entendiendo que en texto y escenario, el futuro está por hacer, que la obra es un itinerario sin destino. Puede pensarse que para tal viaje, no necesitábamos alforjas, ya que de viajes inconclusos y de viajes equivocados, incluso en busca del tiempo perdido, está nuestra existencia repleta.

Casualidad de las casualidades, en el Teatro Español coexisten estos días dos piezas teatrales, sino hermanastras al menos primas carnales, de autores de la generación de los ochenta buscando escenarios exóticos y helados -'Ushuaia' (ver nuestra reseña) en el Antártico y la Noruega septentrional en el Ártico-, planteando huidas desesperadas a partir de universos muy literarios -homérico y proustiano- confluyentes en la ballena Moby Dick. Conejero es algo mayor que Rojano y ambos han sido muy premiados por esa galaxia de certámenes de literatura teatral que casi nunca consiguieron en el pasado ver estrenados sus premios. No es este el caso para ambos, y eso marca un cambio, el que ahora los recientes premiados autores teatrales emergentes se programen en el sancta santorum del género, quizás eso hemos ganado.

El director realiza un buen trabajo aunque no consiga desenredar esta endemoniada trama, siendo bien posible que el defecto sea de origen y no tenga arreglo. Fue un buen ayudante de dirección de Ernesto Caballero en una magnífica Doña Perfecta de Pérez Galdós en 2012 (ver nuestra reseña). Y con Furiosa Escandinavia intenta un montaje rompedor en el que la contribución colectiva del equipo artístico es destacable. Funcionan la escenografía arriesgada y la iluminación psicodélica de Alejandro Andújar (por cierto, muy buena construcción escenográfica de Mambo Decorados), y el espacio sonoro es perfecto para esta historia con ecos ciberpunk que pudiera motejarse de tecnointriga.

Junto a la puesta en escena es también notable la dirección actoral del elenco. A nuestro gusto destaca especialmente David Fernández y la exaltada noruega del doble papel de Irene Ruiz. Sandra Arpa aún no domina del todo su extraño personaje, aunque quizás sea imposible conseguirlo. Y Francesco Carril debería bajar de revoluciones en sus primeros monólogos y últimos carrerones. Pero en conjunto y a un par de metros del espectador, resultan totalmente convincentes. Este domingo un público heterogéneo llenaba prácticamente la sala, y aunque no esperaban algo tan difícil, supieron premiar el esfuerzo con largos aplausos que colmaron tres extensas salidas a saludar de los cuatro intérpretes.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 7
Texto, 7
Dirección, 8
Interpretación, 8
Escenografía, 8
Iluminación, 7
Vestuario, 7
Espacio sonoro, 8
Producción, 8
Documentación para los medios, 7
Programa de mano, 7


Teatro Español - Sala Margarita Xirgu
Furiosa Escandinavia
De Antonio Rojano
Del 9 de marzo al 16 de abril de 2017

Dirección - Víctor Velasco

Intérpretes
Francesco Carril - Balzacman
Sandra Arpa - Erika M.
David Fernández 'Fabu' -Lucas
Irene Ruiz - Sonia/Agnes

Equipo
Escenografía e iluminación - Alejandro Andújar
Vestuario - Ana Rodrigo
Música y espacio sonoro - Luis Miguel Cobo
Iluminadora - Lola Barroso
Video - Bruno Paena
Ayudante de dirección - Óscar Nieto
Una producción del Teatro Español

-El texto de Furiosa Escandinavia fue escrito gracias a una de las Ayudas a
Investigadores, Innovadores y Creadores Culturales de la Fundación BBVA en su
convocatoria de 2014.
-Texto ganador del Premio Lope de Vega 2016.
  
Horario de martes a sábado a las 20.30h y domingos a las 19.30h.
Entradas 18€. Martes y miércoles 20% de dto. (Espectáculo incluido en abono de temporada)
Duración 1 hora y 35 minutos (sin intermedio).