Gaetano Nasillo

La Semana de Música Religiosa de Cuenca se desarrolló el jueves santo en una síntesis de elementos bien dispares, un recital de violonchelo dedicado a sus inicios como instrumento solista, en el recoleto Espacio Turner (en la iglesia gótica aneja al antiguo Convento de San Pablo, actual Parador Nacional), y el Stabat Mater de Gioacchino Rossini, ese espectacular poema litúrgico para solistas, coro mixto y orquesta, en el escenario del Auditorio de Cuenca ( inaugurado en 1994 en una antigua cantera en la falda del Cerro del Socorro, junto al río Huécar y frente a la ciudad antigua), a cargo de un formidable elenco de unos 120 intérpretes instrumentales y vocales.

Ya los antiguos filósofos griegos indicaron que los sonidos graves eran los más propensos a llegar a las profundidades del alma humana, a diferencia de los sonidos agudos, que pertenecen a los deseos y a la determinación de la voluntad y a los “medios” que representan la sabiduría. Así opinaba el sabio Pericles en su obra “Sobre la influencia de la felicidad pública”, y así nos lo recuerda Gaetano Nasillo, uno de los más renombrados chelistas barrocos del momento, que llegó a Cuenca acompañado de su inseparable compañero, su chelo de 1750 construido por el luthier Giuseppe Ungarini.

El violonchelo comenzó su andadura como una herramienta autónoma a mediados del siglo XVII, y representa el ideal para los amantes de la música inclinados a la introspección y la trascendencia. Su voz, de modo similar a la humana, ha inspirado a muchos compositores en trabajos especialmente íntimos: 'El músico puede dialogar consigo mismo y al mismo tiempo elevar el sonido a plegaria', opina Masillo.

El programa de esta encantadora sesión matinal se centraba los inicios del violonchelo como instrumento solista, que tuvo en Italia un desarrollo rápido y afortunado, y rápidamente cautivó a la Europa barroca al igual que había hecho el violín. En las notas 'Buscando el alma del violonchelo' preparadas por Ana Lombardía, se comenta que pocas veces tenemos la oportunidad de escuchar en España música para violonchelo anterior a la obra de Luigi Boccherini (Lucca, 1743-Madrid, 1805), virtuoso italiano que pasó 37 años en el país y a quien se sigue recordando en numerosos conciertos. Y que debemos pensar que las composiciones de Boccherini no habrían sido posibles sin casi un siglo de experimentación previa en la música para violonchelo solista. Esa búsqueda de un lenguaje idiomático que explotara las posibilidades técnicas y expresivas del instrumento tuvo como escenario principal desde mediados del siglo XVII la península italiana, especialmente centros de poder como Bolonia y Nápoles. Las escuelas de estas ciudades fueron clave para la difusión de los nuevos estilos de música instrumental en las cortes de toda Europa, incluyendo España.

Gaetano Nasillo considera que las tres primeras piezas que interpretó en su concierto, probablemente son las primeras escritas para violonchelo solo. Comenzó con Giovanni Battista Degli Antonii (Bolonia, 1636-1698), quiensiendo ya un músico reconocido de más de 50 años, publicó siete colecciones impresas de música instrumental, una de ellas para violonchelo, representativa de las sonoridad limpia en estilo imitativo que se buscaba para el violonchelo en contextos sacros. Prácticamente una generación más joven, Domenico Gabrielli (Bolonia, 1659-1690), el segundo, destacó especialmente como violonchelista virtuoso, lo que le valió el sobrenombre de “Minghino dal violoncello”. Sus Ricercari per il violoncello (1689) son de gran dificultad técnica y reflejan su avanzado conocimiento del instrumento, especialmente en el uso de dobles cuerdas y acordes de hasta cuatro notas. Y el tercero de estos pioneros es Domenico Galli (Parma, 1649-1697), cuya colección Trattenimento musicale sopra il violoncello à solo (Parma, 1691) para violonchelo solo, dedicada a Francisco II de Este, constituye toda su producción musical conocida. Galli se distingue con sus innovaciones armónicas, empleando combinaciones sonoras de difícil clasificación en el sistema tradicional de modos. Además utiliza la scordatura, es decir, cambia la afinación habitual de las cuerdas del instrumento, en este caso afinando la cuerda más grave del violonchelo en la nota Si, por debajo del Do habitual.

Tras ello, fue el turno de otros cuatro músicos italianos posteriores, entrando ya en el siglo XVIII. Imitar las sencillas melodías y los pegadizos esquemas rítmico-armónicos de la tradición popular, algo propio de la escuela napolitana, lo encontramos en las piezas sobre la “romanella” y la “tarantella” de Giulio de Ruvo, activo en Nápoles entre 1703 y 1716. La famosa tarantella, danza que toma su nombre de la ciudad de Taranto, se caracteriza por el ritmo ternario (3/8 ó 6/8), el fraseo melódico regular, la alternancia de los modos mayor y menor y la aceleración progresiva del tempo, nos explica Ana Lombardía. Dicha aceleración, con la que el bailarín podría entrar en trance, ha alimentado la leyenda de que la tarantella servía como antídoto contra la picadura de la tarántula, o bien contra el tarantismo, enfermedad similar a la histeria extendida en el sur de Italia en el siglo XVII. Sea cual sea su origen, los instrumentistas-compositores de la época reprodujeron el ritmo obsesivo de esta danza en sus versiones estilizadas, cuya función era simplemente cautivar al oyente.

En ese Nápoles “fábrica de músicos” a principios del siglo XVIII, con nada menos que cuatro conservatorios a los que acudían a formarse jóvenes de las regiones vecinas, contratados después en las capillas musicales de toda Europa, llegó también Francesco Paolo Supriano, cuya principal obra es el método didáctico Principij da imparare à suonare il violoncello e con 12 Toccate à solo, uno de los más tempranos que se conocen para este instrumento. El recorrido finaliza con cuatro caprichos de Giuseppe Maria Dall’Abaco y uno de Carlo Graziani, dos músicos de origen italiano que desarrollaron carreras internacionales a mediados de ese siglo.

Este recorrido a través del repertorio para violonchelo solista desde 1687 hasta la década de 1760 nos conducía directamente al admirado Boccherini. En 1768 su talento ya había sido reconocido no solo en su Lucca natal, sino también en Florencia, Módena, Viena, Génova y París, donde el embajador español le ofreció instalarse en la corte española. La corte que Boccherini encontró no era ajena a la exploración sonora del violonchelo, pues antecesores suyos italianos habían ido sembrando en los palacios de Madrid y sus alrededores el gusto por el alma de este instrumento. Doscientos años después del fallecimiento de Boccherini, el violonchelo se han convertido en una estrella deslumbrante en el panorama musical internacional y en el insturmento quizás más representativo de las tendencias postmaterialistas que apiuntan con fuerza en los inicios de este tercer milenio.

El recital de Gaetano Nasillo fue sobresaliente y terminó 'como no podía ser de otra manera' según el intérprete, con un bis con el preludio de la Suita nº1 de Johann Sebastian Bach.

ESTABA LA MADRE

Vayamos ahora con la otra cara de esta moneda musical tan brillante.

El Stabat Mater es una creación literaria y devocional atribuida a Jacopone da Todi, un franciscano místico y poeta de tardía vocación, que compuso hacia 1310 el texto de esta invocación de amplia aceptación devocional popular que, con el tiempo, entró a formar parte de la Liturgia de la Semana Santa de la Iglesia Católica. Consagra a la Virgen María como intercesora ante el mismísimo Creador, un texto que es emblemático de uno de los mayores dramas vividos por la humanidad: la pasión y muerte de Cristo, visto desde la perspectiva de una criatura mortal, la Virgen María, que en su papel de Mater Dolorosa asume sobre sí misma el duro trabajo de llorar, en la muerte atroz de su Hijo, todos los muertos del mundo; auténtica Reina de plañideras, en el ámbito de la fe popular cristiana, y más precisamente de la tradición devocional mediterránea, origen de un culto a María casi comparable al del mismo Creador y Redentor. Así resume el significado de esta pieza fundamental de la música clásica Angelo Pantaleoni en sus notas al programa.

Una plegaria litúrgica que ha rebasado su ámbito para generar un rosario de grandes composiciones musiciales que llega hasta nuestros días con Krzysztof Penderecki y Arvo Pärt, desde Pierluigi da Palestrina, Nicola Porpora, Pergolesi, Scarlatti o Haydn. Cuando ya retirado y en la cuarentena Rossini vino a Madrid, el Comisario General de la Santa Cruzada, Padre Manuel Fernández Varela, le convenció para que compusiera un Stabat Mater, que tras muchas dudas estrenó en 1842 y luego dirigió en Bolonia el mismísimo Gaetano Donizetti.

Fue así, nos dice Pantaleoni, como Gioacchino Rossini, el músico teatral que creó algunos de los momentos más graciosos de la historia de la Ópera, se enfrentó al texto más serio que se pueda concebir: el Stabat Mater Dolorosa. Lo inaugura con sonidos oscuros y sincopados en los primeros versos (“Stabat Mater dolorosa, iuxta crucem lacrimosa”) continuando con un crescendo emocional, que alterna los tonos mayores y menores hasta conseguir una triunfante catarsis final. Hay contrastes novedosos cuando las arias del tenor y la soprano, sin ningún tipo de bel canto, entran en antifonías con el coro a capella, mientras enmudece toda la orquesta. Y así hasta “In sempiternam seculae” y “Amen”, en la que esta invocación 'dialoga dramáticamente con la fuga para cerrar luego la composición en la dulzura de una definitiva y luminosa certeza'.

El Stabat Mater de Rossini se ha considerado a menudo demasiado teatral para un texto litúrgico, un tanto 'operístico'. Más allá de ello lo cierto es que sustituye devoción piadosa por goce sensual, recogimiento por magnificencia, y construye un espectacular monumento musical que casi llega a ocultar su contenido profundamente dramático, casi tenebroso, sin duda conmovedor.

La pieza, de unos sesenta minutos de duración, ha gozado de una privilegiada sucesión de directores de orquesta que la han ido puliendo y ensalzando hasta llegar a las aportaciones de Carlo Maria Giulini, Riccardo Muti, Claudio Abbado y, sobretodo, -por su inmensa filología rossiniana en opinión de Angelo Pantaleoni-, Alberto Zedda, director del Festival Rossini y autor de la revisión de la mayoría de sus óperas.

El Stabat Mater de la 56º edición de la SMRC venía rodado de una reciente presentación en Madrid el pasado día 5 de este mes por parte de la Orquesta Sinfónica y al Coro de RTVE con la dirección de George Pehlivanian y con un reparto en el que la única que no repitió en Cuenca fue la mezzo Nancy Fabiola Herrera. Aquí, el Jueves Santo estuvo a cargo de la dirección el titular de la OSCRTVE Miguel Ángel Gómez Martínez y lo hizo en una versión algo envarada a nuestros oidos, demasiado académica, en la que no hubo espacio para la emoción y menos para la conmoción ante el drama. Entre los cuatro solistas destacó con creces la soprano Marjukka Tepponen, y tras ella el bajo-barítono Andrea Concetti, la mezzo Clara Mouriz quizás más oscura de lo conveniente, completando el cuarteto Mario Zaffiri, un tenor algo irregular que sin embargo estuvo sobresaliente en su aria 'Cujus animan gementem'. En general las voces de los solistas resultaron perjudicadas por el alto nivel sonoro de la orquesta y en el conjunto, el Coro se alzó con una autoridad notable que afianzó de forma destacada el aceptable resultado final.

56º Semana de Música Religiosa de Cuenca

CONCIERTO 6
Il profondo sentire dell’anima (El profundo sentir del alma)
Gaetano Nasillo - Violonchelo
Jueves Santo
13 de abril de 2017. 12:30 horas
Espacio Torner
(Iglesia de San Pablo)

Programa:
GIOVANNI BATTISTA DEGL’ANTONII (1636-1698)
Ricercate sopra il violoncello, op. 1 (Bolonia, 1687) N°s VIII, IX
DOMENICO GABRIELLI (1659-1690)
Ricercari per il violoncello (Módena, 1689) N°s I, VI, VII
DOMENICO GALLI (1649-1697)
Trattenimento musicale sopra il violoncello à solo (Parma, 1691) N°s V, IX
GIULIO DE RUVO (fl.1703-1716)
Tarantella - Romanella - Tarantella Para violonchelo solo
FRANCESCO PAOLO SUPRIANO (1678-1753)
Toccate à violoncello solo N°s V, VI, X
GIUSEPPE MARIA DALL’ABACO (1710-1805)
Capricci per violoncello solo N°s 1, 3, 5, 8
CARLO GRAZIANI (antes de 1750-1787)
Capriccio in do maggiore Para violonchelo solo

CONCIERTO 7
Stabat Mater - Gioacchino Rossini (1792-1868)
Poema litúrgico para solistas, coro mixto y orquesta
Texto de Jacopone da Todi

Jueves Santo
13 de abril de 2017. 20:30 horas
Teatro-Auditorio. Sala 1

Orquesta Sinfónica y Coro RTVE - Director Miguel Ángel Gómez Martínez
Javier Corcuera - Director del Coro
Marjukka Tepponen, soprano
Clara Mouriz, Mezzosoprano
Mario Zeffiri, Tenor
Andrea Concetti, Bajo

1. INTRODUCCIÓN
Coro y solistas: “Stabat Mater dolorosa”
2. ARIA
Tenor: “Cujus animam gementem”
3. DUO
Sopranos I y II: “Quis est homo, qui non fleret”
4. ARIA
Bajo: “Pro peccatis suae gentis”
5. CORO Y RECITATIVO
Bajo: “Eja, Mater, fons amoris”
6. CUARTETO
Sopranos I, II, tenor y bajo: “Sancta Mater, istud agas”
7. CAVATINA
Soprano II: “Fac, ut portem Christi mortem”
8. ARIA Y CORO
Soprano I: “Inflammatus et accensus”
9. CUARTETO
Sopranos I, II, tenor y bajo: “Quando corpus morietur”
10. FINAL
Coro y solistas: “Amen in sempiterna saecula”.