Noveno concierto de la 56º SMRC

La cantata para solistas, coro y orquesta Ein Deutsches Requiem, op. 45 de Johannes Brahms fue el noveno concierto de la 56º Semana de Música Religiosa de Cuenca y probablemente su punto culminante. Será inolvidable para muchos asistentes pues es una de las experiencias musicales más contundentes que existan. Sobrehumana partitura, casi celestial, pero los dos centenares de integrantes de la orquesta y el coro que nos la ofrecieron estuvieron a la altura de las circunstancias. El octavo concierto estuvo dedicado a una selección de obras para clave de J. S. Bach.

Un Réquiem para la Humanidad, titula Óscar del Canto sus comentarios a la pieza, que junto con el Réquiem en re menor, KV 626 de Wolfgang Amadeus Mozart y la Messa da Requiem de Giuseppe Verdi, constituye en su opinión 'la Sagrada Trinidad de cantos fúnebres del repertorio sinfónico-coral', y ya un peldaño por debajo de estas tres grandiosas creaciones musicales, estaría todo lo demás: cientos de partituras que durante siglos se inspiraron en la liturgia de difuntos de la Iglesia Católica, celebraciones rituales que originalmente incluían la misa y el oficio de difuntos, y se denominaron Missa pro defunctis o Missa defunctorum. Entre la multitud de compositores que abordaron durante siglos este subgénero dentro del repertorio sacro, unos se inclinaron por la sencillez y otros por lo monumental, desde la polifonía renacentista a la solemnidad de Penderecki, pasando por el W ar Requiem de Britten sin olvidar mencionar las contribuciones de Scarlatti, Haydn, Cherubini, Donizetti, Berlioz, Liszt, Schumann, Dvorák, Bruckner, Faure, Delius o Duruflé.

Catorce años necesitó Brahms desde su primera idea de componer una cantata fúnebre hasta terminarlo, con sólo 35 años de edad pero con un ansia de trascendencia y una visión de la muerte propia de una persona de largas y fructíferas experiencias. 'El Réquiem alemán será un determinante punto de inflexión en la producción brahmsiana, pues dará impulso definitivo a su ya consagrada trayectoria', juzga Óscar del Canto. Estrenado con sus seis partes completas en 1868 bajo la dirección del propio compositor -añadió una quinta parte, un fragmento especialmente intimista inspirado directamente en la muerte de su madre, única aparición de la soprano solista en toda la obra-, servirá para que a partir de entonces Brahms sea reconocido en toda Europa como un consumado maestro.

En este Réquiem al contrario que en los católicos no hay redención, no hay esperanza en el más allá, no ha vida eterna. Fue presionado para mostrarse más cristiano, pero Brahms se negó rotundamente. De hecho, esta extraordinaria composición no sigue el esquema habitual de la misa de difuntos de la iglesia católica, por lo que el empleo de la palabra Réquiem resulta un poco forzado, y no se menciona en el texto el nombre de Cristo (únicamente, y con un sentido panteísta, se pronuncia el vocablo Señor). 'De este modo la trascendencia religiosa de esta composición fúnebre adopta un cariz más terrenal y humano, sin restarle por ello un ápice de una espiritualidad'. Constituye sin duda una de las reflexiones sobre la muerte más sublimes y personales, y no fue concebido para ser interpretado durante el culto. Su reflexión sobre la muerte no nace del pensamiento religioso, sino más bien desde la meditación filosófica, aunque confiriéndole un enfoque más poético.

La muerte es únicamente sufrimiento para los vivos, Resurrección y Juicio Final no acuden portando esperanza. No ofrece consuelo; sólo constata la tremenda realidad que nos espera a todos. Los muertos no se mencionan en este Réquiem alemán hasta la penúltima sección cuando se pronuncia la frase “und die Toten werden auferstehen unverweslich” (“y los muertos resucitaran incorruptos”). Brahms —pese a su agnosticismo confeso— veneraba la Biblia y eligió los textos cuidadosamente. Textos extraídos de la Biblia, tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento, que poseen una sensibilidad más cercana a la misericordia, la compasión y el optimismo que otras obras habituales del género, y tienen una intencionalidad muy específica: permanecer impávido ante el dolor, tanto físico como espiritual, y ante la muerte; utilizar la esperanza para transformar el presente y así forzar las puertas de un futuro misterioso; y, por último, proyectar al exterior una paz —con resignación— ante lo inevitable, buscando consuelo en la música.

Nos encontramos ante una de las más grandes obras maestras sinfónico-corales de toda la historia de la música. Una obra que requiere la presencia de un coro capaz de acometer con total solvencia las elevadas exigencias que plantea una partitura que en su escritura arcaica adopta a las figuras de Bach y Haendel como modelos de referencia. Gran masa orfeónica que, de principio a fin, se alza como protagonista absoluto de este Réquiem alemán, dando un fuerte sentido de unidad a toda la obra.

La experiencia de escuchar este Réquiem alemán nunca deja indiferente al auditorio. Es una obra que se oye con las emociones a flor de piel, provocando siempre una fuerte impresión, pues toca directamente el corazón de cualquier oyente.

Hay que constatar que Miguel Ángel Gómez Martínez consiguió dirigir orquesta y coros con enorme acierto y orientar tan enorme masa humana y musical en perfecta sintonía a lo largo de la magna partitura. La soprano Ruth Iniesta, que tras la decisión del director vino a sustituir a la titular, estuvo acertadísima, desplegó mucho gusto y gran prestancia, y consiguió que su aportación fuera relevante a pesar de una voz de no extremada potencia. El barítono José Antonio López cumplió en sus dos aportaciones. Y el coro -los dos coros integrados- fue el inmenso y grandioso protagonista de la noche. La obra, como ocurriera el día anterior con el Stabat Mater de Rossini, venía ya recientemente interpretada, en este caso el 17 de marzo pasado en el Teatro Monumental de Madrid.

SOLI DEO GLORIA

En la mañana de ese viernes santo, tuvimos el contrapunto quizás necesario a la grandiosidad del Réquiem de Brahms con un delicado concierto de clave titulado a mayor gloria divina a cargo del especialista francés Olivier Baumont con cuatro piezas de Johann Sebastian Bach (1685-1750), obras de estilos muy diferentes, compuestas en diferentes períodos de su vida: suites de baile a la francesa, una fantasía y fuga y un concierto de estilo italiano. Un panorama completo de su obra clavecinística, pues las cuatro obras no solo tienen estilos y formas muy diferentes, sino que, además, fueron compuestas en momentos completamente diferentes de la vida del compositor germano. Un repertorio sin duda menor en la gigantesca producción de este fecundo músico pero siempre con su sello trascendente.

El Suite francesa nº 3 en si menor, BWV 814, parece estar muy influenciada por las indicaciones para clave de François Couperin (1668-1733). La tonalidad de si menor que Couperin tanto amó, también es utilizado por Bach cuando se refiere a Francia. La Suite es una obra musical, típica del barroco y casi siempre para instrumentos polifónicos (clave, laúd, violín, violoncelo…) que consiste en la sucesión de una serie de danzas estilizadas de diferente nacionalidad, a menudo ofrecidas en parejas, todas expuestas en una misma tonalidad. Concretamente, las suites en Bach, tienen unas danzas fijas que siempre aparecen en el mismo orden. Se suceden siempre una Allemande (de origen germano), una Courante (de origen francés o italiano), una Sarabande (Zarabanda, de origen español) y finalmente una Gigue o Giga (de origen inglés). Además de estas danzas siempre presentes, el compositor suele intercalar otras en suites particulares, como minuetos (Menuet, propio de las Suites francesas), Bourrées, Gavottes, Polonesas (Polonaise), o simplemente un Preludio inicial que inicia la tonalidad de la suite.

El lado más especulativo e investigador del compositor está represetnado por la Fantasía cromática y fuga. Esta Fantasía cromática y fuga en re menor BWV 903 es una de las piezas más conocidas de Bach. Y por último, el Concerto italiano, obra más tardía del repertorio que se ofrece, recoge la experiencia compositiva de Bach y la condensa en una pieza llena de lirismo italiano sin por ello renunciar a la claridad que le caracteriza, una pieza que requiere un clavicordio de dos teclados permitiendo acentuar las diferencias de escritura entre los “tutti” y los “soli”, es de tres movimientos.

Antonio Soriano Santacruz, autor de las notas al programa, nos recuerda que Bach es el compositor arquetipo del barroco por excelencia, a pesar de no ser muy conocido en su época, aunque la historia de la música le ha devuelto con creces el lugar que se merece como creador. Compositor infatigable e incansable cuya versatilidad se aprecia en piezas de prácticamente todos los estilos de la época tardobarroca (salvo la ópera), algunos de los cuales ayudo a establecer y teorizar. Compositor, pedagogo, investigador, interprete y teórico. Todo eso y mucho más es Bach. 1750, el año de su fallecimiento, es considerado por la historiografía musical el fin de la era barroca.

Ciertamente el clave es un instrumento que hoy aparece primitivo y obsoleto, mecánico y repetitivo frente a la revolución que supuso el pianoforte. Es frío y geométrico frente al universo de las emociones pianísticas, pero por otra parte tiene una capacidad hipnótica que aporta introspección, concentración frente al ámbito alienante de la multitarea frenética en que vivimos.

Olivier Baumont dirige el 'Festival Couperin en concert' que se celebra en su país en el castillo de Champs-sur-Marne, y ha grabado una integral de la obra para este instrumento tanto de François Couperin -del que eligió un fragmento para su segundo bis final, siendo el primero de El Clave bien temperado de Bach- como de Jean-Philippe Rameau, y estará también en agosto en el festival de Música Antigua de Daroca. Ofreció un recital agradable aunque realmente lejano de cualquier connotación religiosa. Hubiéramos preferido enfrentarnos a las 24 tonalidades mayores y menores de esa BWV 846-893 pero en todo caso fue ocasión de solaz y esa especial relajación que siempre produce su música.

SMRC

CONCIERTO 9
JOHANNES BRAHMS (1833-1897)
Ein Deutsches Requiem, op. 45
Gran cantata para solistas, coro y orquesta
(Un Réquiem Alemán, op. 45 sobre las palabras de la Sagrada Escritura)

I. ZIEMLICH LANGSAM UND MIT AUSDRUCK
Coro: “Selig sind, die da Leid tragen”
II. LANGSAM, MARSCHMÄBIG
Coro: “Denn alles Fleisch, es ist wie Gras”
III. ANDANTE MODERATO
Barítono y coro: “Herr, lehre doch mich”
IV. MÄBIG BEWEGT
Coro: “Wie lieblich sind Deine Wohnungen”
V. LANGSAM
Soprano y coro: “Ihr habt nun Traurigkeit”
VI. ANDANTE · VIVACE · ALLEGRO
Barítono y coro: “Denn wir haben hie keine bleibende Statt”
VII. FEIERLICH
Coro: “Selig sind die Toten”

Miguel Ángel Gómez Martínez - Director
Ruth Iniesta - Soprano
José Antonio López - Barítono
Coro de la Comunidad de Madrid
Orquesta Sinfónica y Coro RTVE
Pedro Teixeira - Director del Coro de la Comunidad de Madrid
Javier Corcuera - Director del Coro RTVE

Viernes Santo
14 de abril de 2017. 20:30 horas
Teatro-Auditorio. Sala 1
Emitido en directo por Radio Clásica de Radio Nacional de España.

CONCIERTO 8
Soli Deo Gloria (Solo la Gloria de Dios)
Olivier Baumont - clave

De Johann Sebastian Bach
-Suite en mi menor, BWV 996
-Fantasía cromática y fuga en re menor, BWV 903
-Suite francesa nº 3 en si menor, BWV 814
-Concierto italiano en fa mayor, BWV 971

Viernes Santo
14 de abril de 2017. 12:00 horas
Espacio Torner
(Iglesia de San Pablo).