Catedral de Cuenca - Semana de Música Relgiosa

¿Puede uno asistir a tres conciertos en un día? Puede, pero no debe repetirlo a riesgo de embarrancar. La Semana ofreció el pasado sábado un exhaustivo paseo por la música religiosa con Dvorak, Bach, Tomás Luis de Victoria, Maurice Dubuflé y Amancio Prada. Un panorama espacio-temporal variadísimo con una conexión común con la realidad que está más allá del racionalismo.

En la Capilla del Hospital de Santiago, el programa del décimo concierto de la SMRC se componía de la Misa en re mayor, op. 86, B. 15, del checo Antonín Dvořák (1841-1904), un compositor que se encuadra en el llamado nacionalismo musical, y cinco corales del alemán Johann Sebastian Bach (1685-1750), una de las figuras cumbre de la música de la época barroca y, por extensión, de toda la historia del arte. 'Un viaje musical a través de la estética, pensamiento y visión del sentimiento sacro que tuvieron ambos compositores en diferentes momentos de la historia y en dos territorios y contextos distintos desde los credos católicos y protestantes que profesaban', nos introduce Marco Antonio de la Ossa en sus notas al programa.

'No se asombre de que sea tan religioso, pero un artista que no lo sea no podría alumbra algo como esto”', explicaba el compositor a quien le había realizado este encargo en 1887. No era la primera partitura sacra de Dvořák, que antes había compuesto otras piezas sobre textos litúrgicos, entre ellas un Stabat Mater compuesto tras la muerte de dos de sus hijos. Es una pieza humilde y sencilla, en la que Dvořák prescindió a propósito de complicaciones e innovaciones dado que el encargo era para inaugurar una capilla privada en el castillo de un importante arquitecto de la época.

Esperábamos la versión de la Misa que incluía orquesta sinfónica e incluso estaba anunciada la presencia de la Orquesta de la SMR. Pero no fue así.

La segunda parte del concierto estuvo dedicada a las Corales de Pasión de Johann Sebastian Bach, de importancia en su ingente obra sacra, pues esta sencilla forma poético-musical está presente en la práctica totalidad de sus cantatas y pasiones y forma parte esencial de la renovada liturgia alemana que tanto aportaría a la música occidental gracias a la afición musical de Martín Lutero. Bach reunió centenares de corales a lo largo de su vida y los armonizó a cuatro voces para que bien pudiesen ser interpretados por su propia cantoría en distintas ocasiones, o bien pudiera emplearlos con posterioridad en cantatas u otras obras extensas.

El primero de los corales fue el número 63 de la Pasión según San Mateo, y tras O Lamm Gottes, unschuldig, cerraron el programa dos corales procedentes de la Pasión según San Juan y uno final de la Pasión según San Mateo.

Gran intervención del Coro de la SMR que pese a su recentísima formación estuvo acertado gracias sin duda a un excelente trabajo de su director Antonio Fauró. Aunque las comparaciones sean odiosas, sus 28 componentes -ocho sopranos, ocho mezzosopranos, ocho tenores y cuatro bajo-barítonos- no desmerecieron en absoluto frente al Choir of Gonville & Caius College de Cambridge que en el quinto concierto del miércoles interpretó la Pasión según San Mateo de Alonso Lobo y partes escogidas de una Misa de William Bird (ver nuestra reseña) con una formación semejante, de 24 integrantes.

MISSA PRO VICTORIA

A las seis de la tarde en la Catedral, dejando fuera el barullo inmenso de una ciudad atestada de visitantes, vivimos la ceremonia más solemne de la SMR. Los directores de ambos conjuntos -Francisco Rubio y Juan Carlos Asensio- explican que la forma de este concierto es la de la misa y el contenido el de la liturgia de la Pascua de Resurrección. Amén de las obras del ordinario (las que tenían el mismo texto todo el año), que son las de la Misa Pro Victoria, eje en torno al cual se articula el concierto, para los textos correspondientes al día concreto se ha empleado un Gradual de los siglos XVII-XVIII de la Catedral de Cuenca que contiene los cantos de la misa desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés. Todo esto es lo que interpreta la Schola gregoriana, en canto llano. El propio se completa con polifonía de Victoria para la festividad de la Resurrección (Vidi aquam, Dic nobis Maria y Regina Coeli). Todo lo cual se enmarca por el órgano, que abre y cierra la misa, con obras contemporáneas de Victoria. La pronunciación del latín, por parte de los cantantes, es la española, y como curiosidad, el diapasón de los ministriles, la = 465Hz.

La Missa Pro Victoria sigue la tradición de las misas parodia, citando lugares musicales de la famosa Batalla para órganos de Clément Janequin (h.1485-1558), llamado Juaniquín. Esta obra, que inspira a Victoria, será interpretada por los ministriles al principio del concierto. Victoria aplica el llamado concepto barroco, una contradicción de términos para provocar instantáneamente la admiratio, que tras tan deslumbrante impresión, resulta una sentencia de sentido común. Algo equivalente al 'mejor vida es morir que vivir muerto' de Quevedo, o ese cuadro de Ribalta que junta la coronación de la virgen, tema alegre, donde hay músicos, y la crucifixión, en un cuadro que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Valencia, una síntesis atrevida.

Victoria no solo se sirve, igual que otros antes que él, de la música de la guerra para incrustarla en el texto más pacífico para un cristiano, como es el de la misa, sino que precisamente a las palabras que más abundan en este sentido (dona nobis pacem) les pone el motivo más contundente y marcial de todos los de órgano empleados.

Sin duda se trató de la ceremonia musical más solemne de la Semana de Música Religiosa. Hubiera necesitado una organización menos improvisado y unas someras explicaciones al público sobre su complejo entramado. Destacó por encima de todo las procesiones de entrada y salida de Los Ministriles de Marcia, con el espectacular sonido de la corneta acompañada de esos misteriosos instrumentos que son para el profano chirimía, sacabuche y bajón. Impresionaron las batallas de órganos, tanto la cita de Janequín como la final de Jusepe Ximénez. Y hubo un ambiente propicio a la meditación y a la trascendencia. Lástima que como otras Misas de la semana no fuera representado acompañado del oficio religioso para el que nacieron. Desprovistas de su atmósfera original las misas y otras ceremonias sacras pierden la mitad de su fuerza imperecedera y apreciable no sólo por los creyentes sino también por quienes sin serlo buscan el sentido espiritual de la existencia.

Tomás Luis de Victoria (1548-1611) fue un sacerdote católico abulense y maestro de capilla, célebre compositor polifonista del Renacimiento español, uno de los más relevantes y avanzados de su época, con un estilo innovador que anunció el inminente Barroco y una influencia musical que llega hasta casi nuestros días. Estudió en Roma posiblemente con Palestrina a quien sucedió como maestro del coro en el seminario romano del que paso a la capilla del Colegio Alemán de la orden jesuita. Figura reconocida en todo el mundo tuvo que ser descubierto y potenciado por la musicología británica. Sus trabajos más impresionantes y originales son sus Tenebrae Responsorum y su Réquiem dentro de una extensísima discografía.

Hubiéramos preferido enfrentarnos a la Missa Pro Victoria propia y genuinamente, con prólogo y epílogo de desfiles de ministriles y monjes cantores y batalla de órganos. Pero sin otros aditamentos entrometidos.

CÁNTICO ESPIRITUAL

Jornada musical tan inolvidable concluyó en el Auditorio de Cuenca en un décimo concierto dividido en dos partes. Una primera introductoria con el Réquiem opus 9 de Maurice Dubuflé, -excelente sorpresa-, y una segunda de brillante clausura con la obra emblemática del cantaautor 'espiritual' Amancio Prada, su Cántico Espiritual que pone música al poema imperecedero de San Juan de la Cruz.

Nos recuerda Prada que en 1577 Juan de la Cruz es raptado junto al Convento de la Encarnación de Ávila y encarcelado en Toledo durante nueve meses, hasta que en una noche oscura consiguió escapar. En la postración de aquella mínima celda nació la poesía máxima del Cántico. “Todo se me dio cuando con amor propio no lo busqué”, dirá él. 'En 1970 vivía yo -añade- en una buhardilla de París. Allí me pasaba las noches tocando la guitarra y allí empecé a leer y a entonar el Cántico espiritual. Nunca he dejado de interpretar el Cántico; es la obra que más alegrías me ha dado. Todo se me dio…, como diría San Juan, después de aquella entonación inicial au septième ciel de París —donde se editó el Cántico espiritual por primera vez en 1622—. Caminamos sobre huellas, acaso hacia la luz de una misma voz'.

Pero antes de que apareciera en el escenario, tuvimos la oportunidad de escuchar una obra magnífica y poco conocida, aunque referencial en el repertorio coral del siglo XX junto a los escritos por Fauré, Britten y Ligeti en la opinión de Inés Mogollón autora de las notas al programa.

Duruflé, compositor y representante de la tradición organística francesa —oficio que ejerció en la Catedral de Notre-Dame de París— finalizó la partitura de su Réquiem en septiembre de 1947 y fue estrenada en retransmisión radiofónica en 1947. Escribió la partitura a solicitud del Régimen de Vichy, que le hizo el encargo en 1941 como parte de su campaña de propaganda y fomento de artes y autores de estéticas conservadoras y antimodernistas, y cobró el alto estipendio de 30.000 francos por el trabajo.

Una gran obra, que se programó en su segunda versión, con solistas, coro y acompañamiento de órgano, que era la preferida por su autor. Una partirura de 'refinamiento sonoro propio de la música francesa de este periodo, arquitectura magistral, basada en la estilización de músicas y formas antiguas y un tono reconfortante frente al destino inexorable de la muerte que otorga coherencia discursiva a la totalidad'. Y sobre todo, 'un virtuosismo técnico y sonoro de la parte de órgano, con una registración grandiosa' como señala Inés Mogollón, a quien el Introito le uno de los más bellos de la música del siglo XX.

Sin entrar en las complejidades técnicas que explican la bellísima partitura de órgano que contiene, hay que decir que sorprenden enormemente, que es fresca y original desde sus primeros compases, que carece la oscuridad habitual de este instrumento, -todavía mayor en piezas religiosas- y que sus compases para enfrentarnos al último viaje resultan esperanzadores en grado sumo, casi invocadores de una serena alegría con la que quizás pudiera llegarse al trance definitivo si nos preparamos para ello.

El órgano tiene un presencia solista fundamental, como podemos escuchar en Lux aeterna, en la que el instrumento alterna su diálogo con el coro con monólogos e intermedios. Y la polifonía directa, abierta y sencilla, comunicando sosiego. Excelente aportación la de Ana Moroz, una notable mezzosoprano, junto a la de Carmelo Cordón, un barítono que como ella pertenecen a este excelente coro de RTVE y que en la segunda parte del concierto se sumaron a sus compañeros. Muy destacable David Malet al Órgano, todos bajo la dirección de Javier Corcuera, sobresaliente en sus tres consecutivas intervenciones en la SMR.

En cuanto al Cántico Espiritual, los versos de Juan de la Cruz a los que ha puesto música Amancio Prada, se trata de un trabajo que ya tiene cuatro décadas, desde la versión original escrita para voz solista, guitarra, violín y violonchelo que fue la que escuchamos, a la concebida para cuarteto de cuerda, sin olvidar la del compositor Ángel Barja o las grabaciones acompañadas por voces blancas.

'La intervención de Amancio Prada sobre el cuerpo del Cántico intensifica esa música que allí reside, y la sitúa en escena, sube el volumen para dotar al poema de presencia y vigor dramáticos. Su mejor herramienta es una voz cuya emisión natural es de hermoso timbre y perfecta dicción, una voz que conjuga una forma de declamación lírica profundamente expresiva y muy personal, un dominio del decir cantando que logra que el temblor amoroso, o si lo prefieren místico, nos alcance aún más perturbador', entiende Inés Mogollón, cuya descripción de la pieza compartimos si necesidad de añadido alguno.

Un planteamiento musical formalmente riguroso con la arquitectura original, que abarca el poemario completo (cuarenta estrofas), ciclo que articula en nueve números que respetan el orden original; no incorpora repeticiones textuales, a excepción de la ‘Respuesta de las criaturas’, que el coro (las criaturas) entona tres veces. Todo ello realza efectivamente la coherencia de la narración, sin efectismos ni artificios, sin 'aportaciones' propias que a menudo ensombrecen el espíritu del autor. Tanto el fraseo como los relieves melódicos son siempre fieles a los acentos de la palabra, adaptándose a su respiración y a sus infinitos matices, facultad crucial para un texto como este, vivificado como está por constantes exclamaciones, interrogaciones y onomatopeyas.

Un breve preludio instrumental —que podríamos llamar obertura puesto que le sigue una representación que narra una historia de amor— nos sumerge en el espacio poético y da paso al texto. Los instrumentos son actores: mientras la voz desgrana el poema en un estilo silábico, claro y conciso, el violín y el violonchelo son los esposos, y las emociones de los esposos, que sienten la zozobra de estar lejos, que se quejan, preguntan, se buscan y se enredan en el deseo y la consumación que aquí quiere ser experiencia de lo divino, pero que es expresión literaria de un muy humano amor.

La interpretación y puesta en escena fueron irreprochables. Amancio Prada apareció como es habitual con esa sensibilidad a flor de piel y esa comunión trascendente con la obra que es su particular virtud hasta elevarla casi al trance, casi al lloro emocionado, casi al lamento y goce profundo del alma humana ante el misterio. Prada estuvo a la altura de la cumbre mística española, que completó como no podía ser de otra manera con un recuerdo a Teresa de Jesús -'Soberano esposo mío'- en el bis final de un concierto que fue celebrado por el público de forma extraordinaria.

Prada estuvo en el Teatro de la Abadía de Madrid en 2015, con cuatro conciertos de un recital titulado La voz descalza (ver nuestra reseña de entonces) que nos llevaba a decir: 'Amancio Prada es valor seguro de la mejor música popular española, la de raigambre, trascendencia y calma'. Nada que añadir.

CODA FINAL

Puede considerarse notable el balance de la 56º SMR de Cuenca, aunque se notaran improvisación y lagunas en el trabajo de un nuevo equipo que no se ha visto ayudado por una transición tranquila sino que ha contado con la inquina de sus antecesores, una especialidad española la de los relevos traumáticos, en política y otros ámbitos, hasta en el mundo cultural.

El desafío más importante sería un cambio de fechas para no coincidir con la magna semana santa conquense: dos actividades -la musical y la procesional- que han vivido de espaldas y se han mantenido incompatibles durante décadas. La SMR podría ser un prólogo brillante durante la semana anterior, una Pascua musical antes de la impresionante movilización de la ciudad alrededor de sus incontables procesiones, una sucesión permanente que incomunica la ciudad y su parte monumental de la moderna y que hace casi imposible el acceso de los melómanos a los conciertos programados que deben atravesar los torrentes procesionales sin que se les facilite lo más mínimo.

Importantes mejoras deben realizarse en los programas de mano y en la documentación a los medios especializados, eliminando en el primero un formato incómodo y lujoso por una información detallada de los conciertos y sus circunstancias, y sumando en lo segundo biografías de los intérpretes y sobre todo imágenes reales de los actos celebrados. La venta de los catálogos con las notas al programa y con los textos traducidos no creemos que aporten grandes beneficios, y su contenido debería ser distribuido gratuitamente en buenos programas de mano al estilo de otras instituciones musicales que ya no cobran por este material imprescindible para el público.

En esta edición se echó en falta mayor representación de la música religiosa actual -Arvo Pärt, John Tavener, Henryk Mikołaj Górecki, por ejemplo- y mayor presencia española. La creación y presencia de la Academia ha sido la mejor de las novedades. No estarían de más otras manifestaciones artísticas coordinadas, ya fueran exposiciones de arte o espectáculos de danza o teatrales.

Y la música religiosa cuando adquiere toda su fuerza y significado es cuando se escucha ligada a las ceremonias litúrgicas que la originaron. Los agnósticos o ateos amantes de la música sacra seguramente serían capaces de escuchar una Misa Solemne mientras presencian con respeto y distancia los oficios; y los cristianos practicantes así como los que ya no lo son seguramente encontrarían más motivos para acudir a Cuenca.

Anteriores reseñas de la Semana:

Un grandioso réquiem y un clavecín bien temperado
Entre el alma y los sentidos
Otra Pasión según San Mateo, la de Alonso Lobo

CONCIERTO 10
Parte I
ANTONÍN DVOŘÁK (1841-1901)
Misa en re mayor, op. 86, B 175
(Segunda versión)
KYRIE Andante con moto
GLORIA Allegro vivo
CREDO Allegro moderato
SANCTUS Allegro maestoso
BENEDICTUS Lento
AGNUS DEI Andante
Parte II
JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)
Corales de Pasión
-O Haupt voll Blut und Wunden, BWV 244/63
Texto de Paul Gerhardt
[Matthäus-Passion]
-O Lamm Gottes, unschuldig, BWV 401
Texto de Nikolaus Decius
Ach großer König, BWV 245/17
Texto de Johann Heermann
[Johannse-Passion]
-O Welt, ich muss dich lassen, BWV 245/4
Texto de autor anónimo
[Johannes-Passion]
-Wenn ich einmal soll scheiden, BWV 244/72
Texto de Christoph Knoll
[Matthäus-Passion]

Adriá Grácia Gálvez - Órgano
Antonio Fauró - Director
Coro de la Academia SMR
Orquesta de Cámara de la Academia SMR
Sábado de Gloria
15 de abril de 2017. 12:30 horas
Real Hospital de Santiago. Capilla.


CONCIERTO 11
TOMÁS LUIS DE VICTORIA (h.1548-1611)
Missa Pro Victoria en la Pascua del A.D. MMXVII

PROCESIÓN DE ENTRADA DE MINISTRILES
JUAN GARCÍA DE SALAZAR (1639-1710) Regina caeli
MR. JUANIQUÍN Batalla cum 4 v.. Libro de Coro nº 19, MEX-Pc
SEBASTIÁN AGUILERA DE HEREDIA (1561-1627)
Tiento Grande de Lleno de 4º tono por elami, E-E LP 29 Ma 2186, ff.116r-119r
INTROITO Resurrexi. Modo IV (Canto llano)
TOMÁS LUIS DE VICTORIA Vidi aquam a 4 v

Kyrie eleison
Gloria in excelsis Deo
Epístola (Canto llano)
GRADUAL Haec dies. Modo II (Canto llano)
Alleluia: Pascha nostrum. Modo VIII (Canto llano)
Victimae Paschali / Dic nobis Maria. Modo I (canto llano / Tomás Luis de Victoria)
Credo in unum Deum
OFERTORIO Terra tremuit. Modo IV (Canto llano)
Prefacio (canto llano)
Sanctus
ELEVACIÓN Vadam et circuibo civitatem
Agnus Dei
Comunión Pascha nostrum. Modo VI (Canto llano)
Regina caeli. Modo VI (Canto llano)

TOMÁS LUIS DE VICTORIA Regina caeli a 8 vv.
JUSEPE XIMÉNEZ (h.1600-1672) Batalla de 6º tono
PROCESIÓN DE SALIDA DE MINISTRILES

Ignasi Jordà - Órgano
Javier Artigas - Órgano
Ministriles de Marsias - Francisco Rubio, Director
Schola Antiqua - Juan Carlos Asensio Palacios, Director

Ministriles de Marsias
CORO I Soprano Lucía Martín-Cartón, Órgano Javier Artigas
CORO II Soprano Rocío de Frutos, Contratenor Jorge Enrique García, Tenor Lambert Climent, Barítono Jordi Ricart, Corneta (director) Paco Rubio, Chirimía Joaquim Guerra, Sacabuche Juan Carlos Matamoros, Bajón Fernando Sánchez, Órgano Ignasi Jordà.

Schola Antiqua: Miguel Ángel Asensio Palacios Javier Blasco Blanco Miguel Ángel Fernández González Alberto de la Fuente Jarillo Javier de la Fuente Jarillo Jorge Luis Gómez Ríos Benjamín González García Antonio Miguel Jiménez Serrano José Manuel Martín-Delgado Sánchez Benigno A. Rodríguez García Jesús María Román Ruiz del Moral Federico Rubio García.

Sábado de Gloria
15 de abril de 2017. 18:00 horas
Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca.

CONCIERTO 12
Parte I
MAURICE DURUFLÉ
Requiem, op. 9
Ana Moroz - Mezzosoprano
Carmelo Cordón - Barítono
David Malet - Órgano

Parte II
AMANCIO PRADA (1949)
Cántico espiritual
Textos de San Juan de la Cruz (1542-1591)
Amancio Prada - Voz y guitarra
Yulia Iglinova - Violín
Javier Albarés - Violonchelo
Javier Corcuera - Director Coro RTVE

Sábado de Gloria
15 de abril de 2017. 21:00 horas.