La cantante calva - Teatro Español

Esta obra lleva en cartel en París sesenta años ininterrumpidos. Quiere decir que, más absurda que nunca, todavía tiene gancho para nuevos espectadores, tan igualitos en el fondo a los del estreno. Atrás quedaron la provocación al público burgués, la crítica al lenguaje cotidiano, y la angustia existencial del siglo XX. Ahora, a teatro repleto, la gente se ríe mucho y sale contenta.

Eugène Ionesco (1909–1994), francés de adopción y vocación, junto con Samuel Beckett exponente del teatro del absurdo, se hizo famoso con este su primer estreno y no dejó de serlo ya nunca, aunque sólo El rinoceronte (1959), ganaría en fama a esta cantante calva que no canta y tiene moño. Ionesco practicó el pesimismo por la senda de su compatriota el filósofo Cioran, y no se cansaba de predicar la futilidad de la existencia humana, lo impredecible del mundo, la imposibilidad de verdadera comunicación entre las personas, todo teñido de ironía para no asustar, con humor mordaz, con un toque surrealista.

Escribió La cantante calva a partir de las absurdeces que encontró en un manual de conversación con el que quería aprender inglés. Merece la pena dejar que nos lo cuente tal como lo hizo en 'Notas y contranotas', a modo de confesión, porque así obtenemos una idea exacta de esta pieza: 'Copié concienzudamente las frases extraídas de mi manual para aprenderlas de memoria. Releyéndolas atentamente, no aprendí inglés pero sí, en cambio, verdades sorprendentes: que hay siete días de la semana, por ejemplo, lo que, por otra parte, sabía; o bien, que abajo está el suelo y arriba el techo... En la tercera lección aparecían dos personajes que nunca supe si era reales o inventados... Ante mi gran asombro, la señora Smith informaba a su marido de que tenían varios hijos, que vivían en los alrededores de Londres, que tenían una sirvienta llamada Mary y que tenían unos amigos que se llamaban Martin. En las siguientes lecciones aparecían los Martin; la conversación se entablaba entre los cuatro y... se edificaban las verdades más complejas: “El campo es más tranquilo que una ciudad ruidosa” afirmaban unos; “sí, pero la ciudad es más densa, hay muchos negocios”, replicaban los otros... Tuve entonces una revelación. Ya no se trataba de aprender inglés, mi ambición era mucho mayor: comunicar a mis contemporáneos las verdades esenciales reveladas por el manual... Escribí así La cantante calva. ¿Y por qué se llama La cantante calva? Se llama así porque ninguna cantante, ni calva ni con pelo, aparece en ningún momento'.

Natalia Menéndez ha hecho una adaptación ligera, casi imperceptible: 'Los personajes están atrapados. Los razonamientos no sirven. Y nos reímos. No busquen demasiadas explicaciones, no caigan en esa trampa, creo que se trata de sentir, sentir algo de asco mezclado con risa', nos dice. Pero el director Luis Luque ha optado claramente por eliminar el asco y cualquier sugerencia desagradable para quedarse con lo más agradecido, una situación absurda de la que reirse liberados. Aunque reconoce que realmente esta pieza es 'una gran comedia que es en sí misma una gran tragedia. Así la calificó su autor, todavía perplejo por escuchar las risas del público de París en la noche del estreno'. ¡Qué pensaría Ionesco si se hubiera sentado a nuestro lado ayer y hubiera observado al público!

Esta producción es tan carente de toda ambición, tan nula en cualquier aportación, tan indiferente a una actualización, que no merece izarse al escenario del templo sumo de nuestro teatro. En cualquier teatro comercial de una ciudad pequeña estaría más acorde, con una escenografía desangelada, una ambientación pésima y una dirección rutinaria. Si en el montaje, Luis Luque no se inmuta por ofrecer algún valor añadido, en la dirección de los actores tampoco brilla precisamente. El reparto cumple a duras penas, con tantos suspensos como aprobados raspados. Quizás Joaquón Climent esté centrado; quizás Carmen Ruiz y Fernando Tejero -más ella que él- hagan una aceptable pareja de invitados. Pero para nadie del elenco será un jalón profesional este estreno, salvo por la suerte inmerecida del lugar donde ha acontecido.

No nos malinterpreten: La cantante calva se puede ver y hasta los exigentes pueden reír en un par de ocasiones y sonreír en alguna otra. Tiene el enorme acierto de durar solamente ochenta minutos con lo que todos sus déficits son llevaderos. Y en puro horario vespertino -ese de los estrenos a las siete de la tarde que en algún aciago momento el mundo teatral español abandonó para sumirse en nocturnidades absurdas- resulta aceptable en su imperfección manifiesta, tal y como la vida misma.

Quizás Ionesco poco pueda decirnos en un mundo mucho más complejo que el suyo. El absurdo actual, la incomunicación de ahora, dejan al Método Assimil en el que quiso aprende inglés nuestro autor, en metáfora inservible. Esta cantante calva es ideal para los que buscan pasar el rato, para los amantes de los chistes no picantes, para el sano público que con sensatez envidiable no anda buscando tres piés al gato.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 5
Texto, 6
Dirección, 5
Escenografía, 5
Interpretación, 5
Producción, 4
Documentación para los medios, 7
Programa de mano, 7


Teatro Español - Sala Principal
La cantante calva, de Eugène Ionesco
Del 3 de mayo al 11 de junio de 2017
Dirección Luis Luque

Con
Adriana Ozores - Señora Smith
Javier Pereira - Capitán de bomberos
Helena Lanza - Mary
Fernando Tejero - Señor Martin
Carmen Ruiz - Señora Martin
Joaquín Climent - Señor Smith

Traducción y versión Natalia Menéndez
Música original Luis Miguel Cobo
Diseño de iluminación Felipe Ramos
Diseño de video escena Álvaro Luna
Diseño de vestuario Paco Delgado
Diseño de escenografía Mónica Boromello
Ayudante de dirección Álvaro Lizarrondo
Productor Jesús Cimarro
Una coproducción de Pentación Espectáculos y Teatro Español.