Refugio - Teatro María Guerrero

Para no ser simplemente otra pieza sobre temas tan manidos como la corrupción que nos asola y el drama de los refugiados, Miguel del Arco se ha inspirado en Pasolini para presentarnos una espantosa familia en la que el mejor es el supuesto malvado. Quiere ser una reflexión sobre el silencio como refugio frente a la verborrea vacua, pero en sus cien minutos de duración mandan los gritos, los tacos y los monólogos.

La especialidad de Miguel del Arco es la adaptación libérrima de clásicos -Pirandello, Gogol, Gorki, Moliére- y como autor en 2013 nos ofreció 'Deseo', una notable comedia sin pretensiones (ver nuestra reseña), pero que quizás por eso resultaba más lograda que esta 'Refugio' en la que desembocan elementos dispares que no terminan de casar, y con la que Del Arco ha querido dar su do de pecho de dramaturgo y se ha quedado en discreto.

Un político inmerso en la corrupción que se generalizó en España en la década pasada, Suso, es el personaje más creíble, el único que se esfuerza por aportarnos una explicación de los hechos que va más allá de los tópicos dominantes, al que da vida muy real ese buen actor que es Israel Elejalde. Su familia es un gallinero imposible en el que no resulta convincente ni la esposa ebria ni la insoportable suegra, y mucho menos esos dos hijos adolescentes, estúpidos y malcriados hasta el esperpento. En la exagerada jaula de grillos familiar aterriza un refugiado probablemente sirio y Raúl Prieto intentará encarnarlo sin lograrlo, porque es puro recurso técnico que habla y razona como un libro. El septeto lo completa María Morales en dos personajes de relleno, una funcionaria de la mercadotecnia del partido de Suso y también el espíritu de la esposa que Farid ha dejado atrás, ambos dos deplorables.

La puesta en escena es brillante, pero excesiva en parafernalia audiovisual y efectos especiales desencadenados sobre el salón de la familia basura metido en un módulo acristalado, giratorio y articulado, un recurso muy repetido últimamente en los escenarios que no siempre viene a cuento y que nos dio la sensación de artificiosa herramienta intercambiable para mil argumentos.

Una generosa producción del Centro Dramático Nacional al servicio de una tragicomedia de actualidad un mucho pretenciosa y un poco artificial, una amalgama de elementos altisonantes en la que el 'Liebestod', -la muerte de amor de Isolda al final del acto tercero de la ópera Tristan e Isolda de Richard Wagner (quizás el fragmento más excelso de todo el repertorio clásico operístico)-, es reproducido íntegro en sus casi nueve minutos para que Beatriz Argüello haga como que lo canta en la escena más artificial de toda la pieza.

Cuanto más prolífico es Del Arco más se le nota su método de copiar y pegar, ecléctico, efectista y espumeante. De coger de aquí y allá, de hilvanar ocurrencias sobre la marcha, de no tener que contar, de preferir trabajar con ideas ajenas. Es un buen teatrero pero no termina de encontrarse.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 6
Dirección, 7
Escenografía, 6
Interpretación, 6
Producción, 8
Documentación para los medios, 5
Programa de mano, 6


Teatro María Guerrero
Refugio
Texto y dirección Miguel del Arco
Del 28 de abril al 11 de junio de 2017

Reparto (por orden alfabético)
Alicia - Carmen Arévalo
Suso - Israel Elejalde
Ana / Sima - María Morales
Farid - Raúl Prieto
Lola - Macarena Sanz
Amaya - Beatriz Argüello
Mario - Hugo de la Vega

Equipo artístico
Escenografía - Paco Azorín
Iluminación - Juan Gómez-Cornejo
Vestuario - Sandra Espinosa
Música - Arnau Vilà
Sonido - Sandra Vicente
Video-creación - Miquel Àngel Raió
Ayudante de dirección - Gabriel Fuentes
Fotos - marcosGpunto
Producción - Centro Dramático Nacional

Encuentro con el público
Jueves 30 de mayo de 2017 a las 19:00 h..