Nina - Teatro Fernán Gómez



Es una historia de bonitos recuerdos de adolescencia enfrentados a tristes realidades treintañeras. Se hace uno mayor y la vida te lleva a donde no te gusta y de donde ya no sabes salir. Trama y texto tienen su punto pero necesitan una puesta en escena mejor que la que vimos.

En quince años cambian nuestras vidas, y entre los 17 y los 32 nos colocamos y nos colocan en nuestro sitio y de ahí ya pocos se mueven. Y de los que se mueven algunos lo hacen para peor. José Ramón Fernández escarbó en sus recuerdos de adolescencia hace quince años -habrá cambiado también- para tramar los de esta mujer que vuelve al pueblo con el fracaso a la espalda mezclados con los de uno de los amigos de la pandilla de entonces con el que se encuentra. Ya se sabe que no hay nada más mendaz que los recuerdos y ya se sabe que es mal asunto comparar la dura realidad con el tiempo pasado idealizado en la distancia.

Son esos recuerdos lo mejor de un texto que arrastra todavía algunas incongruencias en su tramado y que necesitaría una poda importante para redondearse en 75 minutos y no los 100 que nos ofrece. Inspiradísima en Chéjov, toma su título del nombre de la protagonista de La gaviota, que también quiere ser actriz, que también se va a la capital tras un hombre que no la quiere, que también fracasa, que también vuelve. Los otros dos personajes son también remedos/compendios.

Y es Lina el personaje que lo absorbe todo, que lo dice todo. Demasiado, en demasiados registros emocionales, en una sucesión de risas y lloros, tragos y cantos, insinuaciones y derrumbes que conforme avanza la función se hace más artificiosa. Muriel Sánchez querría haber encontrado el papel de su vida pero termina como su protagonista reconoce, a un nivel básico. Nina cree que nunca será buena actriz y Muriel no tiene por qué creerlo: ha hecho papeles protagonistas durante años de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, aunque la tele lo contamina todo y está causando estragos entre los actores españoles.

Frente a ella, José Bustos -ese Blas compañero de pandilla ahora hundido en la miseria moral- tiene que oír y oír y apenas intervenir. Escucha con gesto adusto e interviene de forma destemplada. Y a la pareja les acompaña un personaje muy literario, un narrador que entre el comienzo y el final de la obra permanece sentado entre los espectadores, que se llama Esteban y corre a cargo de Jesús Hierónides. Nuestra impresión es que los tres actores pueden rendir mucho más de lo que hacen.

La obra cuenta con director porque lo dicen los créditos, pero realmente Diego Bagnera no está a la altura de las circunstancias. Los actores aparecen abandonados a su suerte y la puesta en escena es una improvisación indigna del lugar donde sucede. Corramos un tupido velo sobre todo lo demás para no hacer sangre.

Del autor nos llamó la atención su texto y la puesta en escena de La Tierra hace ya unos años (ver nuestra reseña de entonces), y eso nos ha empujado ahora a asistir al estreno de Nina este viernes pasado. Su adaptación para la escena de El laberinto mágico, de Max Aub, dirigido por Ernesto Caballero en el Centro Dramático Nacional (ver nuestra reseña de entonces), y su contribución a Cervantas –un texto escrito con Inma Chacón a partir de una idea original de Gracia Olayo– (ver nuestra reseña de entonces), hablan a su favor, y no lo hace aquel El minuto del payaso, un monólogo de infausta memoria(ver nuestra reseña de entonces). Y también se ha atrevido con Don Quijote, con Negrín y con Antígona.

Quizás Nina pudiera ganar mucho con una revisión que elimine repeticiones, ese desgaste propio y ajeno de las obras que van girando sobre sí mismas mientras se prolongan inadecuadamente. Sin duda ganaría con una dirección más firme, una producción digna y un puesta en escena con algo de gracia y belleza. De esta forma nos obliga a lamentar la ocasión fallida.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 5
Texto: 6
Dirección: 5
Interpretación: 6
Escenografía: 4
Producción: 4
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 5


Centro Cultural de la Villa
Sala Jardiel Poncela
NINA
De José Ramón Fernández
Del 8 de junio al 2 de julio de 2017

Intérpretes
Muriel Sánchez,
José Bustos
Jesús Hierónides

Dirección-Diego Bagnera
Técnica de iluminación-Cristina Santoro
Compañía-La risa de Cloe

Horario de funciones:
De martes a sábados: 20.30 h; Domingos: 19.30 h.
Entrada general: 16 euros – martes y miércoles: 14 euros
Duración: 100 minutos, aproximadamente.