La mirada del otro. Escenarios para la diferencia - Museo del Prado

El muy conservador Museo del Prado se une al muy libertino 'WorldPride Madrid 2017' escogiendo de su colección permanente un itinerario que refleja a través de la historia las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo y la presencia de  identidades sexuales fuera de la norma convencional. Un guiño cómplice a la aceptación plena de la homosexualidad y la galaxia sexual que definen las siglas LGTBI (lesbianas, gais, transgénero, bisexuales e intersexuales), un apoyo a su integración total a través de la historia del arte.  

'La mirada del otro. Escenarios para la diferencia' invita al visitante a recorrer el Prado desde una nueva perspectiva, un testimonio de la presencia histórica de lo ayer prohibido, de los cambios normativos y de las dificultades de lo minoritario y diferente para expresarse. Obras que hablan del amor entre iguales libres en el mundo clásico o sobre la persecución de esa misma clase de relaciones en épocas posteriores, de la presencia excéntrica de personajes raros y ambiguos en la pintura y escultura de la Edad Moderna, y de la contemplación reservada a los poderosos de las alternativas al amor convencional en clave literaria y mitológica.

Es una selección de 30 obras, -desde el grupo escultórico Orestes y Pílades de la Escuela de Pasiteles, al David con la cabeza de Goliat de Caravaggio-, que en su mayor parte no han sido movidas de su colocación habitual en la colección permanente y cuyo seguimiento se convierte en un paseo especial a través de sus distintas colecciones, escuelas y épocas. El itinerario no parte de una premeditada selección de temática homosexual -término y concepto que sólo aparecería en el siglo XIX y con el que resulta forzado contemplar comportamientos de épocas anteriores-, sino que ha pretendido encontrar en el Museo señales y reflexiones en torno a la identidad humana alejada de la norma dominante, abrir ventanas -más allá del valor estético de cada pieza- a sus circunstancias históricas. Unas veces importa el artista y otras su obra,  unas veces reflejan la mirada de la época y otras la disidencia.

Y por ello se ha prescindido de realizar una exposición temporal desmontando piezas de sus  lugares habituales y montándolas de otra manera, para inclinarse por la fórmula del recorrido, que El Prado ha usado ya con acierto en diversas ocasiones anteriores. Un recorrido que puede pasar casi desapercibido al visitante normal, y que se apoya en un práctico programa de mano con plano y descripción de las 30 obras seleccionadas, y en simples cartelas especiales de color oscuro junto a ellas. Una publicación, patrocinada por la Comunidad de Madrid, con textos introductorios de diversos especialistas, resulta un complemento ideal en la visita.
 
El recorrido tiene cuatro etapas. La primera, 'Amistades inmortales', propone un acercamiento a las relaciones sentimentales y políticas entre personas del mismo en la Antigüedad. La segunda, 'Perseguir los deseos', aborda la represión sufrida por artistas y obras de arte en cuanto visibilizaban relaciones o identidades fuera de los imperativos morales de su época. El cuerpo y su imagen protagoniza la tercera etapa, 'Engañosas apariencias', una desobediencia a lo corporal normativo con ejemplos como el Hermafrodito o las mujeres barbudas de Ribera y Sánchez Cotán. 'Amar como los dioses', la última de las cuatro etapas, agrupa obras de carácter mitológico que sólo los poderosos podían contemplar, protagonizadas por dioses que podían actuar como les estaba prohibido a los mortales. Dos obras muy especiales, 'El Cid' de Rosa Bonheur y 'El maricón de la Tía Gila' de Goya, aportan realidades complementarias, la de una artista de trayectoria y vida bien excéntricas, y la de una incursión goyesca en el tema muy poco conocida.

En la página web institucional se ofrecerán una serie de conversaciones entre artistas -como Guillermo Perez Villalta o Ana Carceller- e historiadores, periodistas y agentes culturales, que abordarán la representación del amor y la sexualidad homosexuales a través del arte y la literatura. También se ha programado, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el curso 'Amores iguales: cuestiones de identidad, orientación y género a través del arte' dirigido a docentes, educadores y formadores para dar a conocer y promover el uso de las imágenes históricas del Prado como elemento de normalización de la diferencia en las aulas, con el objetivo de fomentar la convivencia y la integración. Y finalmente, habrá también dos conferencias de especialistas: el 18 de junio, domingo. 12.00 h., Masculinos y clásicos. Homoeróticos en la colección del Museo del Prado, por Juan Antonio González Iglesias. Universidad de Salamanca. Y el 25 de junio, domingo. 12.00 h.. De la atracción consciente al deseo inconfesable: La fascinación por lo masculino en los pintores académicos del siglo XIX, por José Luis Díez. Real Academia de la Historia.

En fin, una disculpa para echarle otro vistazo al Museo del Prado, lo que siempre descubre y aporta nuevas perspectivas; una propuesta bienintencionada aunque su confección resulte un tanto ecléctica; un loable acercamiento a la sociedad circundante y sus circunstancias temporales; y un meritorio intento de sumar estímulos intelectuales a lo que aparece como una de las mayores concentraciones humanas de nuestra época, esta jornada mundial de Orgullo Gay, un evento organizado por la asociación InterPride para promover a escala internacional la imagen del influyente colectivo LGTBI, que comenzó en Roma en 2000, pasó por Jerusalén en 2006, y en 2012 se celebró en Londres y en 2014 en Toronto. Se esperan dos millones de visitantes y que se gasten 200-300 millones de euros. Hasta la alcadesa ha cambiado los semáforos para que se sientan en casa. Y el Museo Thyssen también ha programado un recorrido especial de su colección permanente. Se lo contaremos la semana que viene.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Concepto: 7
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: 8
Documentación a los medios: 8
Programa de mano: 9


MUSEO DEL PRADO
La mirada del otro. Escenarios para la diferencia
Del 14 de junio al 10 de septiembre de 2017
Comisarios: Álvaro Perdices y Carlos G. Navarro
Catálogo-Itinerario patrocinado por la Comunidad de Madrid.


RELACIÓN DE OBRAS SELECCIONADAS

La mirada del otro. Escenarios para la diferencia
I. Amistades inmortales
Las relaciones sentimentales de algunos personajes de la Antigüedad clásica -por tutoría o amistad- permiten abordar la consideración y el trato que recibía en la sociedad el afecto entre hombres antes de la llegada del cristianismo, y de la naturalidad con la que el arte se convirtió en un lugar mítico para la cultura occidental, desde la Edad Moderna hasta el siglo XIX, que comenzó a cartografiar los espacios del pasado clásico como lugar de libertad poética inocente y libre de prejuicios.
Sala 74:
1. Taller romano, Antinoo
2. Taller romano, Adriano
Sala 71
3. Escuela de Pasiteles, Orestes y Pílades
Sala 73
4. Taller romano, Aristogitón
5. Anónimo del siglo XVI, Safo
Sala 72
6. Lawrence Alma-Tadema, La siesta

II. Perseguir los deseos
Desde la Edad Media se persiguió la sexualidad tanto por tribunales civiles como religiosos y, en particular, por la Inquisición que quemó en la hoguera a los hombres y mujeres acusados de sodomía, término con el que se calificaba a las relaciones que no permitían la reproducción humana. A partir de ese momento, las acusaciones similares significaban juicios, humillación y mala fortuna, y eran utilizadas, a veces, como un método de desacreditación de rivales y de eliminación de la competencia en los ámbitos más elitistas.

Muchos artistas y coleccionistas, cuyo nombre recuerda la Historia, se vieron envueltos, por su sexualidad y por su éxito, en juicios por sodomía, lo que justificó un comportamiento invisible para quienes tuvieran sentimientos diversos, y al mismo tiempo, encriptó en muchas obras de arte los deseos inasibles de quienes se guardaban de la persecución; todo ello alentó al desdén y desprecio de los perseguidos por causas morales cuya imagen quedó distorsionada a los largo de los siglos y significó, incluso, la persecución moral de las propias obras de arte que pudieran encerrar esos deseos.

Sala 56B
8. Sandro Botticelli, Tres escenas de la historia de Nastagio degli Onesti
9. Anónimo (Taller de Leonardo da Vinci), La Gioconda
Sala 49
10. Baccio Bandinelli, Venus
Sala 4
11. Caravaggio, David con la cabeza de Goliat
12. Guido Reni, San Sebastián
13. Guido Reni, Hipomenes y Atalanta
Sala 6
14. Cornelis Corneliz van Haarlem, La Asamblea de los dioses ordena a Apolo que conduzca el carro del Día

III. Engañosas apariencias
Mientras se perseguían los actos de sexualidad considerada reprobable, los cuerpos extraños, a veces inevitables y otras, fruto de una transformación consciente, se contemplaron como un entretenimiento. Era el espectáculo de la diferencia y abordaba la sexualidad no desde la práctica del amor prohibido, sino sublimado en sus evidencias más visibles e inocentes, las de la apariencia humana. Por ello, adquirió, al mismo tiempo, un claro significado de broma y de maravilla y dio a su presencia artística, gracias a personajes insólitos y a criaturas mitológica, un lugar en la sociedad del Antiguo Régimen en el que el disfraz fue, por encima de todo, una condición indispensable para escenificar cualquier afectividad alternativa.

Sala 8
16. Juan Sánchez Cotán, Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda
17. Ribera, Maddalena Ventura
Sala 12
18. Matteo Bonuccelli, Hermafrodito dormido
Sala 28
19. P. P. Rubens, Aquiles entre las hijas de Licomedes
Sala 21
20. Antonio Dumandré, Hércules y Ónfale
Sala 29
21. P. P. Rubens, Vertumno y Pomona

IV. Amar como los dioses
Las relaciones sentimentales más diversas disfrutaron de un espacio de privilegio destinado a la contemplación de las élites cultas, cuyo poder quedaba fuera de las persecuciones civiles y eclesiásticas. La literatura y la mitología sirvieron para dignificar historias de amor que, en la misma Corte donde se contemplaban, podían suponer la caída en desgracia política de un personaje o incluso su desaparición. Un ejemplo particularmente interesante de esa situación paradójica fue la Torre de la Parada, en cuya decoración se incluyeron numerosos amores de los dioses que contaban historias que hubieran sido perseguidas por el rey de haberlas protagonizado alguno de sus súbditos, pero, en general, el arte cortesano aceptó esta iconografía como una manifestación ideal e inocente de una clase de amor que no tenía cabida en la sociedad real.

Sala 29
22. Anónimo, Ganimedes
23. P. P. Rubens, El rapto de Ganimedes
24. P. P. Rubens, Diana y Calisto
25. P. P. Rubens, La muerte de Jacinto
Sala 16B
26. Anónimo, Narciso
V y VI. Otras miradas
Completan el itinerario dos obras excepcionales de la colección, El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya. Son obras poco conocidas que visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo.
Sala 34
15. Francisco de Goya, El Maricón de la tía Gila. Álbum C, 38
Sala 63A
7. Rosa Bonheur, El Cid.