Sensible - Teatro del Canal

Una novela epistolar publicada en 1824 por una destacada intelectual francesa, Constance Marie de Théis (1767-1845), quien llegó a ser princesa de Salm, sirve de base a una cuidada versión teatral, de refinada puesta en escena y destacada interpretación, cuyo desmedido romanticismo y alta tensión melodramática sorprenderá a muchos por ausencia de contextualización. En todo caso, una propuesta notable, a contracorriente, que eleva el listón hacia el lujo y la distinción de los comportamientos ayer aristocráticos y hoy casi inexistentes.

Reeditada hace unos años en Francia con un inesperado éxito de ventas (y en España pasando desapercibida menos para quien ahora ha decidido versionarla en teatro), retrata ese inicial romanticismo desencadenado que trastornó a las clases elevadas europeas con un vértigo de pasiones y sentimientos. Se centra en ese tema eterno que son los celos, la onnubilación que produce incluso en las mentes más lúcidas; las pasiones irrefrenables, destructivas y autodestructivas que provoca; y los sufrimientos y desastres personales que ocasiona, a menudo sin base, espejismos que producen tragedias.

Son las cartas -convertidas en maquinar obsesivo- de una mujer madura a su joven amante, obsesionada a partir de indicios fortuitos que la hacen imaginar una traición premeditada y alevosa. Ocurre en el marco de un día largo de mil horas, en las que el escenario gira semejante a un reloj enloquecido. Juan Carlos Rubio pone en pie un espectáculo multidisciplinar en el que la danza viene a enriquecer sobremanera lo que sería una interpretación convencional. Nada ajeno al hecho de que sea Chevi Muraday -brillante escenógrafo- quien interprete el papel masculino y despliegue una coreografía atlética, un solo masculino de tribulaciones y presencia obsesiva que sitia a la intérprete femenina, Kiti Mánver, con una envolvente presencia, torturada casi siempre, excesiva a ratos, que al comienzo es la del amante y luego se decanta en una transición nada explícita en el amigo y enamorado que provoca el desenlace final.

Sí que puede calificarse de excepcional la intereptación de la pareja protagonista, explorando un seismo de emociones, navegando por los estrechos límites que separan el amor del dolor, la felicidad de la angustia, sumergiéndonos a veces sin mesura alguna en un torbellino irreal de sentimientos, en una literatura artificiosa -ese romanticismo desatado- que deslumbró en su época y hoy desconcierta. Especialmente destacable es la final danza ritual de la pareja en la que Kiti Mánver condensa todo lo que ha aprendido en escena para moverse con precisión encomiable.

La puesta en escena es tan extravagente como el texto que ilustra. Un elegante y complicado trabajo de Kurt Allen Wilmer basado en una plataforma giratoria sobre la que hay dos desiguales catafalcos/lechos articulados, escoltado por esbozos de la alcoba de ella y de la de él a ambos extremos del escenario. La ambientación en un hipotético Nueva York de mitad del pasado siglo nos parece que perjudica el acceso intelectual del espectador, que puede juzgar trasnochados los diálogos y situaciones para esa época, y dificulta el contacto con esta pieza hiperromántica que no se puede juzgar fuera de contexto. La plataforma y su contenido giran demasiado y demasiado aleatoriamente, y en uno de sus giros más desenfrenado y duradero pasa a escasos centímetros de la cabeza de la actriz caída en el suelo: ¡Cuidado! El vestuario se adapta a esta opción neyorquina, especialmente elegante cuando el actor se viste, especialmente sorprendente cuando baila en calzoncillo y camiseta blancos de la más clásica factura.

La mnúsica original de Julio Awad es impresionante y presta una banda sonora a la danza incesante de Muraday que ajusta a la perfección, tanto cuando coinciden en escena como cuando se alternan. Puede oírse en Spotify y merece la pena: todo un descubrimienmto. Una producción en definitiva muy cuidada (estrenada en Avilés hace unas semanas) que merece la atención del público culto que puede entender y agradecer esta inusitada explosión romántica.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Texto, 7
Versión, 8
Dirección, 8
Interpretación, 9
Coreografía, 8
Puesta en escena, 8
Música, 8
Producción, 9
Programa de mano, 6
Documentación a los medios, 6


TEATROS DEL CANAL
Sensible, de Constance de Salm
De 27 de septiembre a 22 de octubre de 2017

Intérpretes
KITI MÁNVER y CHEVI MURADAY

Coreógrafo CHEVI MURADAY
Compositor JULIO AWAD
Diseño de iluminación JUANJO LLORENS
Escenografía CURT ALLEN WILMER
Figurinista MARÍA LUISA ENGEL
Diseño sonido SANDRA VICENTE
Fotografías y diseño cartel SERGIO PARRA
Diseño y dirección de producción CONCHA BUSTO
Producción ejecutiva SANDRA AVELLA
Ayudante producción MIGUEL GARCÍA DE OTEYZA
Jefa de prensa MARÍA DÍAZ
Distribución ROVIMA PRODUCCIONES

Sala Verde. Duración: 1h 15min
Encuentro con el público jueves 5 y martes 10 de octubre tras la función
Precios desde 11,62 €.