Zuloaga en el París de la Belle Époque - Fundación Mapfre

¿Una nueva visión del pintor? ¿Un Zuloaga muy moderno y nada tétrico? Eso nos prometen los organizadores. Pero sus cuadros parisinos vienen aderezados por una buena muestra de su tradicional visión, así como rodeados de notable presencia de amigos y colegas y completados por las mejores piezas de su colección particular. En fin, más que 'Zuloaga en el París de la Belle Époque' esta exposición es 'Zuloaga y sus circunstancias'.

Ciertamente, a Ignacio Zuloaga Zabaleta (Éibar, Guipúzcoa; 26 de julio de 1870 - Madrid; 31 de octubre de 1945) se le ha encasillado, marginado y denostado, primero por la crudeza de su dramatismo, y por ese realismo deformado por la visión pesimista de los exagerados criticones de la Generación del 98. Y después, por apoyar el Alzamiento del 18 de julio, antes, durante y después de la guerra, por retratar a Franco, por pintar el asedio del Alcázar de Toledo en su obra "Toledo en llamas" de 1938 (en vez de pintar el bombardeo de Guernica), por ser muy vasco al mismo tiempo que muy español, por ser conservador.

Pero no se puede confundir su etapa de madurez con toda su carrera, y efectivamente durante sus quince años parisinos fue de lo más políticamente correcto, en perfecta sintonía con el modernismo imperante, tanto temática como formalmente. La experiencia parisina a medio camino entre la cultura francesa y la española, rebasa los límites que la historiografía tradicional del arte ha establecido, asociando Zuloaga a la generación del 98 y por lo tanto a la conocida como “España negra”, una España de la tragedia, de lo hondo e incomprensible.

Sin duda que el etiquetado aún vigente del pintor como 'vetusto reaccionario' es injusto y a él han colaborado muchos, incluidos los que ahora reinvidican otra mirada de su obra. Hace dos décadas esta misma Fundación presentaba "dos visiones para un cambio de siglo" enfrentando a Zuloaga con Sorolla, comisariada por Francisco Calvo Serraller y en coordinación con el Museo de Bellas Artes de Bilbao, y el mismo Pablo Jiménez Burillo, que sigue siendo director de la Fundación, exponía el objetivo de de mostrar "la España en blanco y negro". Luz y sombra, optimismo y pesimismo, alegría y tristeza, esas dicotomías y esas clasificaciones de las que tanto han abusado los supuestos expertos, por comodidad, por rutina. Y la crónica del acto seguía, cómo no, la tesis, y abundaba en que 'mientras Sorolla veía la luminosidad, el optimismo y la frescura mediterráneas, Zuloaga prefería la estética de un mundo más crítico desde la tragedia y la profundidad castellanas. En uno los personajes parecen ir al disfrute y en el otro venir de la tristeza'.

Quizás una visión más completa del vasco nos sitúe gracias a esta exposición en un Zuloaga que siempre dentro de un estilo naturalista de recio dibujo y colorido oscuro, influido por Ribera y Goya, fue también moderno de joven, y para potenciar este enfoque se le ha 'envuelto' entre otros artistas contemporáneos suyos, llámense Paul Gauguin, Émile Bernard o Jacques Émile Blanche, y hasta con Pablo Picasso, y Henri de Toulouse-Lautrec, que a dos esquinas de distancia el Museo Thyssen esta comparando entre sí también en estos días.

La muestra, con más de 90 obras, ha contado con más de 40 prestadores. Se muestran varios Greco, Zurbarán y Goya de la colección que reunió el pintor, y varias esculturas de Auguste Rodin, con el que le unió amistad. En 1889, con tan solo 19 años, Ignacio Zuloaga llegó a París, por entonces capital mundial del arte moderno. y participó muy activamente en su vida artística, en contacto con Gauguin, Toulouse-Lautrec, Degas o Blanche, y presentando sus obras en los principales salones y galerías. Críticos como Charles Morice o Arsène Alexandre, poetas como Rainer Maria Rilke, y artistas como Émile Bernard o Auguste Rodin consideraron la obra del pintor vasco como un referente para el arte moderno. Zuloaga brilló entonces de forma paralela y comparable a muchos de los mejores artistas del momento. La guerra de 1914 cambiará todo, París, Europa, el panorama artístico y al mismo Zuloaga que encontrará su propio, único y personal camino.

El despliegue de la exposición, aún reconociendo las dificultades del espacio a dos niveles, es caótico, no consigue nunca mostrar al Zuloaga de París, le sepulta bajo sus colegas, le mezcla con fases posteriores y le ningunea con su colección de maestros clásicos españloles y sobre todo con una presencia de Rodin que no viene a cuento.

En una carta escrita en abril de 1939 a una coleccionista de sus pinturas, dirá: 'Gracias a Dios, y a Franco, ¡al fin se ganó la guerra y terminó! Y terminó, a pesar de los deseos de los países llamados democráticos - ¡que farsa, qué vergüenza, cuando esos países conozcan la verdad de este drama! Todos trabajaremos con todas nuestras fuerzas para reconstruir una nueva España (una, grande y libre) para españolizar España, y deshacernos de todas las influencias externas, de modo que podamos mantener nuestra grandiosa esencia. Ese es mi sueño en el arte. Odio las modas (que son destructivos para las características raciales) Uno debe (para bien o para mal) ser uno mismo, y no imitar el estilo de nadie más. Voy a dedicar los años que me quedan para ese fin. ¡Qué vergüenza en el futuro para esos países que causaron los crímenes, el vandalismo salvaje, que imperó dentro del clan soviético en España!'.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 5
Comisariado: 5
Catálogo: 9
Documentación a los medios: 6


Fundación Mapfre
Zuloaga en el París de la Belle Époque. 1889-1914
Del 28 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018
Producción propia
Comisariado: Leyre Bozal Chamorro, conservadora de colecciones, y Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura.
Con el apoyo excepcional del Musée d’Orsay

Sala Recoletos
Paseo de Recoletos 23, 28004 Madrid
Precio: 3€.