Fortuny (1838-1874) - Museo Nacional del Prado

“Fortuny (1838-1874)”, es la primera exposición antológica que el Prado dedica a este artista del siglo XIX, al que se supone con mayor proyección internacional en su tiempo, y el ser un verdadero renovador como pintor, acuarelista, dibujante y grabador. Aunque ha sido celebrado de siempre por parte de la crítica y ha dado lugar a numerosas exposiciones en las últimas décadas, su profundo arraigo con la más genuina tradición de la gran escuela española ha sido valorado por el Prado para colocarlo a la alturas de los pintores más sobresalientes que integran sus colecciones. Es el momento de comprobar si está justificado.

Es verdad lo que nos dicen los artífices de la muestra: su aportación a la acuarela, la más sobresaliente de su tiempo, estuvo en la base de la renovación de esta técnica en España, Italia y Francia, y la trató con una nueva libertad de trazo y con un cromatismo intenso. Como dibujante captó con trazos precisos, inmediatos y elocuentes el carácter de cuanto veía. Su novedoso acercamiento al aguafuerte, a través de un trabajo muy atento a los matices y valores de la luz, lo convierte en el mejor grabador de la centuria después de Goya. Finalmente, su actividad como coleccionista, dotado de un ojo prodigioso, le permitió reunir un conjunto extraordinario de obras entre las que destacan las hispanomusulmanas, que fueron una fuente de sugestiones para sus propios cuadros. Instaladas en su atelier junto a sus pinturas, estas obras formaron un ámbito estético que reunía el arte del pasado con la creación viva en un nuevo concepto de estudio, cercano a la obra de arte total, que fue un modelo para sus seguidores.

¿Y sus óleos, el apartado más celebrado y cotizado de su creatividad? Se exponen ni más ni menos que 51 de ellos, muchos de pequeño formato, y permiten hacerse una idea de su aportación y trayectoria. En nuestra humilde opinión -más que enciclópedica, intuitiva-, quedan hoy día por debajo de su enorme nivel en la acuarela.

Mariano Fortuny, nació en Reus en 1838 y falleció en Roma en 1874, sólo 36 años de vida truncados de golpe por lo que pareció malaria y hoy se cree una hemorragia producida por úlceras gástricas crónicas. Su temprano descubrimiento de la luz y el color en los amplios espacios del norte de África impulsó su pintura hacia la captación, libre de convenciones académicas, del natural. Por otra parte, su estudio de los maestros antiguos en Roma y en el Museo del Prado le permitió comprender en profundidad lo esencial de la pintura. El virtuosismo de su técnica, que conseguía reproducir con una intensidad visual nueva las calidades materiales, el color y el brillo de objetos y figuras, le granjeó el triunfo internacional a partir de 1869. Sus estancias en Granada (1870-72) y en Portici, cerca de Nápoles (1874), le llevaron a nuevos hallazgos en la representación de las figuras al aire libre y a asimilar con una originalidad propia diversas influencias, entre ellas la del arte japonés, en las diferentes técnicas que cultivó. Estaba felizmente casado con Cecilia, la hija de Federico de Madrazo, y teníoan dos hijos.

Se expone un total de 169 obras, una treintena de ellas de la misma colección del Prado, y el resto de colecciones y museos de Europa y Estados Unidos, 67 de las cuales no habían sido nunca expuestas fuera de su lugar de pertenencia, siendo 12 de ellas totalmente inéditas hasta el momento. Además, en el catálogo se reproducen casi 400 imágenes, 70 de ellas por vez primera. Se enmarca en la línea de actuación iniciada por el Prado hace ya varios años en la revisión de los grandes maestros de la pintura española del siglo XIX.

La exposición se estructura en un recorrido articulado de forma cronológica y termina con ejemplos de la extraordinaria colección de antigüedades que atesoraba en su taller: preciosos objetos, algunos de ellos conservados hoy en las más importantes colecciones arqueológicas del mundo, que demuestran su interés por la observación detenida y explican el extremado refinamiento en la captación de las calidades, el color y la luz en sus propias creaciones artísticas y el asombroso virtuosismo de sus obra, que extendieron rápidamente su fama entre los grandes coleccionistas de Europa y Estados Unidos.

Comenzando por su formación en Roma, incluye ya ejemplos de madurez tanto en sus academias a lápiz como en sus trabajos a la acuarela (Il contino) y al óleo (Odalisca). Se trasladó a África para pintar los episodios de la guerra hispanomarroquí (La batalla de Wad-Ras), y nació su atracción por los tipos árabes y sus costumbres (Fantasía árabe), que nutrirían toda su carrera posterior y confirieron singularidad a su aportación al orientalismo europeo. Entre 1863 y 1868 abordó el retrato (Mirope Savati, no expuesto antes en Europa), el gran cuadro decorativo (La reina María Cristina y su hija la reina Isabel pasando revista a las baterías de artillería, mostrado ahora en su posición original) y las copias de maestros del Prado (el Greco, Ribera, Velázquez y Goya), que contribuyeron a dar a su arte mayor profundidad y alcance. Su obra triunfó en los años finales de la década de 1860 a través de óleos y acuarelas de motivos del siglo XVIII (El aficionado a las estampas y La vicaría) y árabes (Jefe árabe, Un marroquí, El vendedor de tapices, Calle de Tánger y El fumador de opio). Esta última vertiente tuvo un desarrollo especial durante su estancia en Granada entre 1870 y 1872. Allí también abordó escenas de género en marcos arquitectónicos compuestos (Pasatiempos de hijosdalgos, Almuerzo en la Alhambra y Ayuntamiento viejo de Granada). La mayor novedad deriva de sus trabajos del natural ante objetos, figuras (Viejo desnudo al sol), jardines y paisajes tanto al óleo como a la acuarela, la tinta y el lápiz. Obras como La Carrera del Darro, nunca vista fuera del British Museum, revelan su capacidad para la captación del ambiente con un color nuevo y fresco.

De vuelta a Roma, en 1873 trató los temas árabes con una ejecución más sintética (Árabe apoyado en un tapiz y Fantasía árabe ante la puerta de Tánger), atendió a la vida cotidiana en Carnaval en el corso romano y en 1874 finalizó cuadros de género iniciados antes, como La elección de la modelo. En ese año una estancia en Portici supuso una inmersión en la naturaleza que le hizo plenamente consciente del color local y de las sombras coloreadas en sus pinturas de desnudos de niños en la playa, de los que se incluye un grupo de cuatro, dos de ellos inéditos, y en sus paisajes, como Calle de Granatello en Portici y Paisaje napolitano, recién adquirido por el Prado. Su trabajo a la acuarela dio entonces sus mejores frutos en los dos ejemplos de Paisaje de Portici –uno presentado por vez primera– y en sus retratos de Cecilia de Madrazo y Emma Zaragoza.

Coincidiendo con la exposición (casual o premeditadamente) se publica el libro 'Fortuny o el arte como distinción de clase', de Carlos Reyero, que dice: 'La vida, signifique lo que signifique, no es algo que pueda explicarse desde la eternidad. La memoria de Mariano Fortuny y Marsal ha estado demasiado condicionada por la épica de un destino artístico situado más allá de los avatares terrenales. Sin embargo, como todos los seres humanos, hubo de conciliar sus aspiraciones personales con la complejidad de un sistema que cambiaba rápidamente, condicionado por las apariencias y el dinero'. Y añade:

'A mediados del siglo XIX, el arte empezó a funcionar como un elemento de prestigio para una nueva élite deseosa de exhibir su poder, no siempre experta en sutilezas estéticas. La posesión y el reconocimiento de las obras de Fortuny se convirtió en un signo de distinción de clase que aparece profundamente determinado por pasiones humanas. Esta circunstancia singular sirve de arranque para adentrarse en un universo de intereses mundanos que va más allá de la pura trayectoria vital del pintor, observada desde una multiplicidad de puntos de vista, tales como la amistad, el amor, la frivolidad, la presunción, el sexo o la nostalgia. A través de un relato fresco y ágil, que escapa al futuro perfecto de los grandes discursos, se desnudan con ironía los protagonistas, en cuyas actitudes, a veces prosaicas y banales, se reconoce el sentido más vital del arte'.

Fortuny tuvo gran éxito en vida, fue muy cotizado, ganó mucho dinero y siempore estuvo pendiente de los gustos de sus potenciales clientes. Una vez sólidamenter establecido hubiera podido dar salida a sus genuinos gustos y preferencias, e intentar expresar su talento sin cortapisas. El destino no le dio tiempo. Practicó un impresionismo personal e intrasferible basado en los coletazos románticos del exótico norte de África y de la España de pandereta. Hizo incursiones en el retrato y el paisaje, y sus acuarelas son magistrales al igual que muchos de sus dibujos. Di ce la Wikipedia, y dice bien, que cultivó una figuración preciosista, atenta a los detalles y juegos de luces, plasmada con asombrosa precisión mediante un toque de pincel aparentemente libre y espontáneo. Pero el éxito comercial y las exigencias de su marchante Goupil refrenaron una evolución que él deseaba, y que pudo revolucionar la pintura española de haber seguido vivo. Es uno de los pintores españoles más destacados del siglo XIX después de Goya.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: 9
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 9


EXPOSICIÓN
Museo del Prado
Salas A y B de edificio Jerónimos
“Fortuny (1838-1874)”
Del 20 de noviembre de 2017 al 18 de marzo de 2018
Comisariada por Javier Barón, jefe de Conservación de pintura del siglo XIX
Patrocinada por la Fundación AXA
Con la colaboración especial del Museo Fortuny de Venecia y el Museu Nacional d´Art de Catalunya.
Catálogo 480 páginas 24 x 30 cm Rústica, castellano PVP: 38 euros
 
Actividades complementarias
-ciclo de conferencias (miércoles a las 18:30h). La primera conferencia, que será pronunciada por el comisario de la exposición,  Javier Barón, tendrá lugar el miércoles 22 de noviembre.   
-charlas didácticas sobre la muestra denominadas “Claves” (jueves a las 11 y a las 17h a partir de diciembre y hasta el término de la exposición).
-el 23 de febrero a las 19h, se celebrará el concierto “Fortuny y la ópera romántica” en el Auditorio del Museo
-los días 12 y 13 de marzo tendrá lugar un curso monográfico dedicado al artista. 
 Más información en:  www.museodelprado.es
 
Condiciones de acceso La compra de entradas con pase horario para la exposición puede efectuarse anticipadamente por internet (www.museodelprado.es) o en las taquillas del Museo al precio de 15 € entrada general y 7,50 € entrada reducida. La entrada permite la visita a la colección permanente.
 
Durante las dos últimas horas de apertura de la exposición, todos los visitantes que quieran acceder a la muestra podrán beneficiarse de una reducción del 50% en el precio de la entrada individual que les corresponda en cada caso (de venta solo en taquilla).

LIBRO
'Fortuny o el arte como distinción de clase'
Colección: Cuadernos Arte Cátedra
Páginas: 400
Precio: 20,00 €
ISBN: 978-84-376-3726-6.