Colección Telefónica. Cubismo(s) y experiencias de la modernidad - Museo Reina Sofía

¿Estamos ante el mejor despliegue existente en el mundo sobre este movimiento artístico, quizás el basamento de todas las vanguardias? Así lo cree Eugenio Carmona, comisario de esta exposición hoy presentada en el Reina Sofía. Una alternativa a la historia oficial siempre contada, que la prolonga en el tiempo y el espacio -hasta 1933 y hasta Iberoamérica-, la engrandece con una presencia apabullante de Juan Gris, y la dota de meandros y recovecos hasta hoy poco explorados. El cubismo como nunca pudo verlo.

En junio de 2016, la Fundación Telefónica firmó un convenio a favor del Museo mediante el cual su Colección Cubista -compuesta por cerca de 40 obras- se incorporaba a la colección del Reina Sofía por un periodo renovable de cinco años. Ahora, fruto de este acuerdo, una selección de 70 obras procedentes de los fondos de ambas instituciones se reúne por vez primera para poner de manifiesto la gran pluralidad de propuestas creativas que generó esta corriente artística y dar pie a una visión más amplia que la hasta ahora existente.
 
Según Carmona, 'es una propuesta en favor de la concepción plural de la experiencia cubista. Su reconsideración, atendiendo a las formulaciones de Juan Gris, es no solo lícita y posible, sino que es, además, deseable, pues contiene en sí misma la complejidad de lo que el cubismo realmente fue'. Es un viaje desde sus estadios fundacionales, -cuando Pablo Ruiz Picasso y Georges Braque trabajaron de forma conjunta desde el primitivismo y el posfauvismo cézanniano, y cuando desarrollaron el cubismo como lenguaje planteando invenciones iconográficas y técnicas-, que condensa un largo recorrido:
 
Se recupera a figuras como Albert Gleizes, Jean Metzinger y el primer Auguste Herbin, cuyas aportaciones entre los años 1909 y 1915, significaron el tránsito de la herencia del simbolismo final a un nuevo sistema figurativo basado en el predominio de la forma y en la articulación dinámica de facetas y figuras. Se recogen las evoluciones planteadas por Fernand Léger y por Robert y Sonia Delaunay, y se llega a Juan Gris, el punto de confluencia que, según Eugenio Carmona, acrisolaba lo que Picasso y Braque y otros cubistas desarrollaban. En su obra se puede observar dos momentos decisivos de los años fundacionales del cubismo. Uno es el Gris de 1913 que trabaja mediante la acumulación de materiales creando trampantojos de objetos y texturas. Y otro es el Gris que redefine la noción de collage mediante la introducción de elementos icónicos y recursos formales destinados a favorecer las sensaciones de espacio y tiempo. Y la trascendencia de Gris, considerado por muchos especialistas el refundador del cubismo y sin duda el representante de una nueva definición del movimiento, puede verse en otras obras más tardías, que llegaron a influir en figuras como Salvador Dalí.

Después del estallido de la Primera Guerra Mundial, el primer medio artístico cubista se disolvió. No obstante, poco después, como se refleja en las salas, la mayor parte de los implicados en la experiencia cubista comenzaron un momento de transición en sus obras. Algunos, como Albert Gleizes, propiciaron un regreso a las fuentes, y creadores como Gris y María Blanchard, tras el uso del collage, plantearon un retorno a la pintura pero asimilando el cambio de paradigma que el collage había supuesto. Jacques Lipchitz propuso una nueva concepción constructiva y arquitectónica de la escultura cubista mientras que Jean Metzinger fue determinante para un renovada tentativa cubista en la que, desde diversos ángulos, también estuvieron implicados otros artistas como André Lhote. Es en esta época también cuando Vicente Huidobro elogió la poética creacionista, cuya influencia en Juan Gris fue notoria. También están presentes creadores latinoamericanos que hicieron del cubismo un referente imprescindible en sus respectivas trayectorias, entre ellos Diego Rivera y el universalismo constructivo de Joaquín Torres-García.

En la presentación a los medios, Luis Solana recordó el origen de todo, cuándo Telefónica decidió formar una colección de arte. Corría el año 1983 y el gobierno de Felipe González decretó que todos y cada uno de los ministerios gubernamentales debían dedicar un uno por ciento de su presupuesto a la cultura. En consejo de administración, la empresa decidió unirse a la inciaitriva a propuesta de Solana, que se fue a ver al ministro del ramo de entonces, Jorge Semprún y se puso a su disposición: ¿Que podemos hacer nosotros? El ministro le dijo que los años 1920-30 eran el gran vacío de la museística española y que de Juan Gris sólo había un cuadro en España. Telefónica puso la tarea en manos de la galerista Nieves Fernández y esta intervención de la multinacional española, según el comisario, ha reescrito la historia del cubismo.

Para el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, la aportación permite general un relato importante de una de las dos bifurcaciones de la modernidad, la de lo real y la razón, que frente a la otra -la automática y onírica- adolecía de inferioridad en la colección permanente. 'Vemos ahora un cubismo global, el lenguaje de la primera modernidad sin el que no podríamos tener una visión completa de las vanguardias históricas. Se cumple así un sueño nuestro que venía de largo, con más de cincuenta obras de Gris, la figura esencial junto a Braque y Picasso'.

El cubismo no fue un ismo más, sino la ruptura definitiva con la pintura tradicional. Ha costado al gran público un siglo asimilarlo, pero ahora es una escuela clásica parte de cuya esencia puede repasarse de forma extraordinaria en esta muy reseñable propuesta.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 9
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: n/h
Programa de mano: 9
Documentación a los medios: 9


Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Edificio Sabatini, 2ª Planta
Colección Telefónica - Cubismo(s) y experiencias de la modernidad  
COMISARIO:    Eugenio Carmona 
COORDINACIÓN:  Natalia Jiménez
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