El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad - CaixaForum Madrid

Plazas desangeladas, interiores rocambolescos en los que crecen estatuas griegas sobre la alfombra, maniquíes sin rostro, de acumulación puntiaguda de cartabones y escuadras supliendo al cuerpo humano, estas son las señas de identidad de Giogio Di Chirico, un icono todavía vivo en el olimpo artístico del siglo pasado, un símbolo quizás sobrevalorado. Caixaforum relanza su leyenda en base a su tardía producción académica más que a su juvenil y original irrupción primera.

Serán casualidades, o no tanto, pero a comienzos de este año y durante cuatro largos meses, la Fundación Mapfre nos ofrecía su muestra 'Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras' (ver nuestra reseña de entonces), con una abundante representación de Di Chirico y sus compañeros de generación, gracias a la colaboración del Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. Y tan seguido, ahora en el otro extremo del Paseo del Prado, es una institución parecida y rival, Caixaforum, la que nos coloca ante 'El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad', debida a la contribución interesada de otra institución italiana, la Fundación Giorgio e Isa de Chirico. O calvos o con dos pelucas.

Porque este desusado interés, este pulso entre poderosas entidades, se produce sin venir mucho a cuento, de forma repentina y un tanto inexplicable (sólo existe una exposición precedente en nuestro país, la del IVAM valenciano en 2007), en busca del espectador perdido y hallado en el templo, recurriendo a conectar con el maremagnum de iconos y referencias que puebla el imaginario colectivo del público aficionado a las exposiciones de arte. Afirmar que el artista italiano fue padre del surrealismo es mucho afirmar. Compararlo con Picasso una barbaridad. Y presentar sólo una parte de su obra, la postrera y decadente, como si fuera el conjunto, quizás necesite desbroce a la hora de reseñar esta  exposición de, no obstante, despliegue exquisito -a dos niveles, encuadrando su meollo central con esas columnatas blancas que el pintor tanto usara en sus vistas ciudadanas-, bien colocada cronológica y temáticamente, abundantemente representada en las sucesivas salas, y desde luego capaz de conseguir que el visitante se haga una idea del conjunto de la aportación de Di Chirico (pronúnciese Quírico) aunque no de su curiosa evolución como una espiral que vuelve a los orígenes para apenas revisarlos, como un pintor iluminado dos décadas que lucha por prolongarse otro medio siglo hasta el punto de fechar falsamente sus cuadros para que parezcan dos o tres décadas más antiguos.

La exposición deja de lado lo que sería más interesante a estas alturas, comparar los dos Di Cirico, el primigenio y el imitador de sí mismo, cosa lógica pues parece totalmente orientada a revalorizar los poblados fondos de esta fundación romana dedicada a su memoria. Su pintura apellidada erróneamente 'metafísica' -pues no hay búsqueda alguna del más allá en ella, sino nihilismo nietzschiano y desesperación 'schopenhaueresca' en ella ('Schopenhauer y Nietzsche fueron los primeros en enseñar el hondo significado del 'no sentido' de la vida, y en enseñar cómo ese sin sentido podía transformarse en arte', escribirá)- ocupa ese primer impulso surrealista ligado al temor ante lo que se avecinaba y al agujero negro posterior a la primera guerra mundial, fue seguida de ensayos en otros rumbos más realistas, en el repudio, primero, y posterior retorno y revisión, y en un amargo y quizás sufrido aferrarse a las rentas y al mito de su primera etapa. El período barroco, que arranca en los años cuarenta, todavía consigue impactar, con bodegones enmarcados en paisajes irreales, con interiores oníricos poblados de elementos discordantes (cuadros, esculturas, corazas o yelmos) que incrementan la sensación de desubicación. Es lo mejor, lo más logrado de su producción madura, junto a los baños misteriosos, que siguen siendo su tema más oscuro y enigmático, inspirados en esa serie de 1934 que ilustraba la Mythologie de Jean Cocteau, su padrino artístico. Después llegará el mundo entre grotesco y anecdótico de los gladiadores. Y los caballos....

La exposición viene de Barcelona donde estuvo entre julio y octubre, e irá a Zaragoza y Palma de Mallorca. Paolo Picozza, presidente de la Fundación citada ya dijo allí esa 'boutade' de que 'Picasso y de Chirico son los artistas más relevantes del siglo XX',  aún teniendo la honestidad de añadir sobre el artista a cuya promoción se consagra: 'Aunque fue muy prolífico, hay más falsos que obras auténticas'. Ya en 1946 en París en una muestra que contó con la aprobación de su amigo André Breton se exhibieron 20 obras 'metafísicas' falsas, pintadas por el pintor surrealista Óscar Domínguez. 'Aun hay obras de Domínguez catalogadas como De Chirico en algunos museos, sobre todo alemanes'.

Di Chirico trabajaba repetitivamente, realizando muchas réplicas con pequeñas variaciones de sus temas preferidos destinadas a la venta. Pero, ay, los coleccionistas solían preferir las más antiguas, de modo que el pintor no dudaba en atrasar la fecha. Es el caso de El trovador, realizado en la segunda mitad de los años cincuenta y firmado en 1931, que pertenece al actor italiano Alberto Sordi.'De esta obra existen más de 150 réplicas. De Chirico anticipó las teorías de Walter Benjamin sobre la infinita reproductibilidad de la obra de arte, así como la práctica de Warhol. Entonces no tenía nada que ver con el tema de las cotizaciones', explicaba en Barcelona Picozza y reproducía muy acertadamente la periodista Roberta Bosco.

El catálogo es regular, con algunas erratas y errores, y la documentación a los medios adolece de no incluir listado de obras expuestas, para poder corroborar o desmentir el asunto de las fechas traspuestas y el más importante del retorno -preocupado o oportunista- a sus primeros tiempos. Lo cierto es que la repercusión de Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888 - Roma, 1978) va mucho más allá del mundo del arte. Sus paisajes solitarios y sus naturalezas muertas metafísicas se han convertido en referentes visuales de nuestro tiempo. Con su preocupación por el subconsciente, fue uno de los precursores del surrealismo y, posteriormente, fue uno de los puntales del retorno al clasicismo de los años veinte del siglo XX. Para los organizadores, la muestra descubrirá a una nueva generación el que posiblemente sea el artista italiano más destacado del siglo pasado (sic, ¿y por ejemplo Modigliani?), a partir de 143 obras entre óleos, dibujos, litografías y esculturas, procedentes en su mayoría de la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico, que repasan todas sus fases creativas desde las plazas italianas y maniquíes que le dieron el reconocimiento inicial a su retorno posterior al mundo clásico y su etapa neometafísica de madurez. Hay préstamos de una veintena de museos y colecciones privadas, destacando la decena de pinturas que ha aportado la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma, en el marco de una colaboración con la Obra Social ”la Caixa” por la cual una selección de los fondos de esta pudo verse en aquella hace unos meses.
 
La exposición —estructurada en seis ámbitos— se inicia con una colección de retratos y autorretratos. A continuación, los interiores de sugerencias amontonadas. El tercer apartado es el de sus plazas y maniquíes, el más genuino y representativo. Las tres últimas secciones son la de los Baños misteriosos, Historia y naturaleza, y Mundo clásico y gladiadores.

Ni La canción de amor (1914), ni Meditación otoñal (1913), ni El enigma de la hora 1911), ni otras de sus más inspiradas composiciones están presentes. Si está Musas inquietantes (1916-1918). Hay sin embargo muchas regulares obras, que parecen deficientemente pintadas. La angustia de sus plazas, la turbación de sus maniquíes, sus habitaciones enigmáticas y el patetismo de sus naturalezas muertas están, están. Y la exposición emana ese'Stimmung', esa atmósfera misteriosa e indescriptible que empapa sus lienzos de nostalgia, de melancolía, de añoranza por un pasado idealizado y desubicación en un presente incomprensible. L'egreggio signore Giorgio fue un conservador tradicionalista en la vida real que a veces tenía pesadillas despierto.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 8
Comisariado: 6
Catálogo: 6
Documentación a los medios: 7
Programa de mano: 7


CaixaForum Madrid
El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad
Del 23 de noviembre de 2017 al 18 de febrero de 2018
Organización: Obra Social ”la Caixa” en colaboración con la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico
Comisariado: Mariastella Margozzi, historiadora del arte del MIBACT (Ministerio de Bienes y Actividades Culturales de Italia), y Katherine Robinson, miembro del Consejo Directivo de la Fondazione Giorgio e Isa de Chirico

Paseo del Prado, 36 28014 Madrid Tel.: 913 307 300 Fax: 913 307 330
Horario Abierto todos los días De lunes a domingo, de 10 a 20 h
Servicio de Información de la Obra Social ”la Caixa” Tel. 902 223 040  De lunes a domingo, de 9 a 20 h
Precios Entrada gratuita para clientes de ”la Caixa”  Entrada para no clientes de ”la Caixa”: 4 € (incluye el acceso a todas las exposiciones) Entrada gratuita para menores de  16 años.