Democracia - Teatro Valle INclán



Escuchar en ruso una recreación dramática del ascenso y caída de Willy Brandt, -el impulsor de la Ostpolitik y premio Nobel de la Paz por ello-, en la Alemania Occidental de 1969-1974, mientras un espía de la Alemania del Este, Günter Guillaume, conseguía ser su asesor personal hasta que su descubrimiento y detención precipió la caída de su jefe, resultaría un hándicap de este ambicioso montaje hasta que descubre el aliciente que encierra: Putin nos manda un mensaje que, como el reciente en Cataluña, queriendo explotar las miserias dd nuestro sistema lo que hace es ayudarnos a comprender mejor sus fallos y a seguir adelante intentando perfeccionarlo.

No es la única contradicción resuelta en esta gran propuesta del CDN en su anual ciclo de importaciones ionteresantes, pues el autor de 'Democracy' (2003), Michael Frayn, es londinense, y esta visión británica de la política alemana de los años dorados del Estado de Bienestar, pasada por el tamiz de un renombrado director, Alexei Borodin, al frente de una compañía cien por cien rusa, la Russian Academic Youth Theater (RAMT), viene a ser una alegoría de nuestros revueltos tiempos. Una reconstrucción periodística de un episodio famoso del final de la guerra fría, de aquel mundo de inteligentes espías y competencia cuasi leal entre sistemas opuestos, que iba a hundirse en la década de los ochenta y parece revivir en nuestros días.

La puesta en escena tiene la meticulosidad eslava que anuncia una duración de casi tres horas, y se basa en una escenografía espectacular de Stanislav Benediktov a base de grandes pasillos acristalados y rodantes que cambian de posición frecuentemente, que aluden a las muchas puertas que la política abre (y cierra) y a su supuesta transparencia que nada importante muestra de lo que ocurre entretelones. Borodin la maneja con soltura, la prolonga en una plataforma que se adentra en las primeras filas, y la da vueltas y revueltas sin conseguir nada en ella que nos subyuge ni convenza. Es un simple recurso que exige una notable coreografía de Dmitriy Burukin, pues ordena meticulosamente los frenéticos y continuos movimientos en escena de un reparto de diez actores completado con cuatro asistentes que entra y sale con precisión matemática por un laberinto en movimiento. La iluminación de Andrei Rebrov colabora a plantarnos en un lugar irreal donde solo cuenta una catarata textual que seguida con subtítulos llega a abrumar, disparada por unos personajes cuyo vestuario, también de Burukin, es casi soviético lo que sumado al físico de los actores a veces hace pensar más en Moscú que en Bonn, en un momento histórico en el que los dos mundos se parecían.

Borodin, es de suponer que premeditadamente, nos presenta un Willy Brandt más parecido a Gorbachov que al político germano que construyó el PSOE que ha llegado a nuestros días; el que hizo de Felipe González un líder a su imagen y semejanza, moderado, reservado, flexible, que nunca se casó con sus ayudantes y un tanto deslumbrado por el poder que el poder le daba sobre las féminas del entorno. Sin embargo sí que la cacterización de su sucesor, Helmut Schmidt, es acertada (igual de ladino y petulante que el original), aunque la imagen que conservamos del incombustible ministro de Exteriores Hans-Dietrich Genscher no sea la de este jovenzuelo de la pieza y se parezca más al veterano que con 18 años en ese cargo batió todos los records mundiales. Merece mención especial Petr Krasilov y su papel protagonista en este espía, tan anodino y aburrido como si fuera un simple pasante.

Una sobresaliente producción, con una excelente dirección teatral y actoral de un reparto muy competente, de actores que nunca sobreactúan, de diálogos y parlamentos cara al espectador, declamados en un tono equilibrado, equidistante entre lo vehemente y lo insípido. Una dirección con mucha personalidad, con sello propio. Un gran texto, equilibrado, respetuoso con los hechos, ajustado en su visión multifacética de personajes históricos complejos. Y todo ello con únicamente una pega: si acaso a nuestro respetable púbico tan amante de la jacaranda y lo trillado podría arrastrarlo a una reflexión dialéctica sobre nuestra democracía, sobre la política y los políticos, sobre la complejidad de un mundo que encierran todos los días en cuatro generalizaciones, seis menosprecios y cuarenta vilipendios, una incógnita que no desvelan los llenos de conocedores en sus cuatro veladas madrileñas.
 
Este Michael Frayn es un escritor muy serio y pruebas de ellos son las notas de autor que nos ha dejado. Tan precisas y certeras son, que aquí las tienen los realmente interesados en el tema:

'La única etapa de la historia de Alemania que parece despertar interés en el extranjero es el período nazi. Los setenta años que siguieron el despertar de Alemania de aquel sueño enfermizo son vistos como una época de respetabilidad aburrida en la que la República Federal, al oeste, no tuvo más características que su prosperidad material y se conformó a imagen de Bonn, la tranquila y provinciana ciudad de Renania que fue sede de su gobierno durante la mayor parte de la época.

'He de confesar que para mí esa prosperidad material, esa tranquilidad, hasta ese supuesto aburrimiento representan un logro ante el que no dejo de maravillarme o de  emocionarme. La República Federal empezó a existir siendo un cementerio en el que casi todas las ciudades habían sido reducidas a escombros, y casi todas las instituciones y organismos políticos estaban contaminados por su complicidad con los crímenes del Nacional Socialismo; y sin embargo, sobre esta devastación absoluta sus ciudadanos levantaron uno de los Estados más prósperos, estables y decentes de Europa, piedra angular de una paz que ha durado, al menos en Europa occidental, casi sesenta años.

'Una de las cosas que más me fascina de la política alemana de posguerra es su verdadera complejidad. La política siempre es necesariamente compleja, ya que su esencia radica en la resolución práctica de conflictos de interés y de puntos de vista en un principio irreconciliables. Pero la política alemana es más complicada que la mayoría. Esto se debe a la estructura federal del país y a la dependencia que tienen todos los gobiernos, desde la guerra, de una coalición que se ha convertido en su modo de funcionar; esta situación se ve agravada, durante la mayor parte del período, por la existencia de una segunda Alemania en la sombra, en el lado oriental del muro.
 
Las relaciones políticas de la República Federal con la República Democrática, socialista y tristemente pro-soviética, resultaron ser un puzle interminable. Al igual que las dificultades prácticas de tener que lidiar con un vecino hostil y obsesionado por espiar todos los aspectos de la vida, no sólo interna sino también externamente, en particular si tenemos en cuenta que cada uno de sus 15 millones de ciudadanos eran agentes en potencia al hablar el mismo idioma, y que otros 4 millones de ellos se encontraban ya al otro lado del muro. ¿Qué podían hacer estos primos tan cercanos que la vida había colocado en vías tan diferentes? ¿Cómo iban a comportarse cuando Willy Brandt, primer canciller social demócrata de Alemania desde el advenimiento de Hitler, empezó a modificar sus relaciones a principios de los 70 gracias al éxito de la Ostpolitik, su gran campaña de reconciliación con la Unión Soviética y sus aliados de Europa oriental?

'Cada ser humano en sí es un sistema político complejo, y Brandt -que fue Canciller Federal de 1969 a 1974- era, al igual que la política alemana, tal vez más complejo que la mayoría. En todo caso, era más complejo de lo que aparentaba. En público era abiertamente simpático y transparente, incluso cuando era de lo más sibilino. Seducía hasta a la nueva izquierda. Hasta a su asistente personal que le estaba espiando. Sus socios políticos, sin embargo, se quejaban a menudo de los puntos flacos que mostraba en privado: su indecisión, como rehuía las confrontaciones, su falta de comunicación, su tendencia a la depresión y su vanidad. Conquistó a mucha gente pero tenía pocos amigos verdaderos. En una sala llena, transmitía una sensación de intimidad personalizada a todos en su conjunto, pero a muy pocos tomados por separado.

'Pero lo consiguió; consiguió su gran objetivo. Y eso es lo más difícil de entender de él. Llevó a cabo ese tipo de acto que deja huella en el mundo, que define y valida una vida, pero que elude a casi todo el mundo.

'Todas esas complejidades políticas y personales se pusieron dolorosamente de manifiesto en la historia de Willy Brandt y Günter Guillaume, que había pasado de Berlín Este al Oeste trece años antes, y se incorporó a la oficina del canciller como simple auxiliar, semanas antes de que Brandt fuese elegido en 1969. Durante los cuatro años siguientes, sirvió a Brandt con devoción y eficacia, y fue ascendido llegando a ser el asistente personal que organizaba sus viajes y le acompañaba a todas partes. Resultó que le espiaba también, con la misma devoción y eficacia, para sus otros superiores del ministerio de Seguridad del Estado de Alemania del Este; su detención en 1974 precipitó la dimisión de Willy Brandt.

'Los historiadores suelen estar de acuerdo en que el hecho de que Guillaume fuese desenmascarado resultó más un detonante de la caída del canciller que su causa. Hay que ubicarlo entre una serie de factores generados por la situación política dentro de la República Federal, por los conflictos internos entre el SPD y sus líderes, por el carácter y las condiciones físicas del mismo Brandt, y por el éxito que había logrado. Complejidad.  De esto trata realmente la obra: de la complejidad de los planes humanos y de la personalidad humana, y de las dificultades que esto acarrea  a la hora de conformar y de entender nuestras acciones'.

A las que añadiría otras no menos reveladoras de su correcta forma de trabajar la realidad para sacar de ella una ficción fidedigna, para la edición de Democracy por la editorial Methuen:

'Se trata de una obra de ficción, pero parte de documentos históricos. Todos los acontecimientos políticos a los que se refiere son reales, y la personalidad de los protagonistas es la que los observadores y los historiadores atribuyeron a sus homólogos en la vida real. Las distintas sospechas de conspiración constan todas en documentos de la época, y lo mismo ocurre con dos de los asuntos más turbios a los que la obra alude brevemente: los sobornos que probablemente salvaron a Brandt en 1972 cuando se enfrentó a una posible derrota en una moción de censura, y los rescates que la República Federal pedía en secreto a la República Democrática por sus presos políticos, así como los pagos –también secretos- que se hicieron para que ciertas personas fueran autorizadas a salir de Alemania del Este para reunirse con sus familias en el Oeste. Esas cínicas extorsiones se llevaron a cabo a tan gran escala que llegaron en conjunto a representar 20% del déficit crónico de la balanza de pagos de Alemania del Este en el comercio entre las dos Alemanias.

'El aspecto más ficcional de la obra lo tiene el papel desempeñado por Guillaume, aunque también aquí haya seguido de muy cerca el relato histórico. Aparece en muchas fotografías de Brandt, a la altura del canciller, o caminando unos pasos por detrás, sus manos respetuosamente dobladas a la espalda, un personaje regordete, insípido y familiar, con gafas de pasta y una sonrisa educada. Era conocido por su capacidad de trabajo infinita y por su también infinito buen humor. Muchos de los periodistas que frecuentaban la oficina del canciller parecen haber apreciado su trato amistoso y relajado. Pero Brandt, no; le encontraba servil. De alguna manera Guillaume era el pálido reflejo de Brandt, con el mismo gusto por la buena vida, y el mismo ojo con las mujeres. Wibke Bruhns, una brillante periodista de Stern, y una de las mujeres de las que se dice que habría tenido una relación con Brandt, dijo de Guillaume que era “nada… un sirviente, ni siquiera una persona sino una parte del lugar. Se le encontraba allí como si fuese una silla en una habitación.”

'Su trabajo de asistente de Brandt era muy sacrificado. Su jornada terminaba cuando dejaba la última tanda de papeles en la mesita de noche de Brandt, y empezaba de nuevo cuando los recogía a primera hora de la mañana con las anotaciones de Brandt marcadas con lápiz verde. Debía de pasar sus pocas horas libres copiando o fotografiando documentos para sus otros jefes. Su vida familiar era deprimente. Wibke Bruhns captó la falta de personalidad del piso que compartía con Christel, su mujer, cuando observó que se adornaba con las típicas plantas en maceta que se suelen regalar: “Nadie las quiere, pero nadie las tira.” Christel (chillona, mordaz y con poco encanto, según Bruhns) era también espía, y había sido considerada una estrella por sus jefes de Berlín Este hasta que Günter fuera catapultado tan inesperadamente hasta la oficina del canciller. Su matrimonio estaba haciendo aguas. Encontraba consuelo en las buenas comidas y buenas cenas con su jefe, en un número indeterminado de relaciones extra-matrimoniales, en Pierre, su hijo adolescente, y en el gran secreto que guardaba.
 
'Como Brandt, era una persona bastante más compleja de lo que aparentaba, y había más Guillaumes que los dos papeles que desempañaba simultáneamente en la oficina del canciller. Cuando finalmente compareció ante el tribunal, el verano que siguió su detención, varios periodistas notaron que sus maneras y su aspecto habían cambiado. Der Spiegel afirmó que se le había subestimado. Según decía la revista, el nuevo Guillaume tenía visiblemente más “discernimiento, vitalidad y fuerza de voluntad”. Irradiaba, añadía la revista, una simpatía tan increíblemente franca e intensa que se entendía ahora su éxito con las mujeres. Y en una larga entrevista televisiva que le hicieron mucho más tarde, después de que saliera de la cárcel y hubiese vuelto a Alemania del Este, había cambiado de nuevo. Era difícil encontrar algún parecido entre aquel hombrecito rechoncho de Bonn y la persona esbelta y con barba que aparecía en pantalla, cuya mordacidad y sagacidad se correspondía más con un alto cargo jubilado que con un servil chico para todo.

'Todos los aspectos de la vigilancia a la que fue sometido Guillaume, y que parecen tan difíciles de creer, proceden de pruebas documentales. Pero tengo que pedir cautela sobre algunos detalles de su versión de la historia, porque aquí las fuentes son iguales de complejas que la historia. La fuente principal son las memorias de Guillaume (escritas por otra persona) que se publicaron en 1988. Markus Wolf (“Misha” para sus compañeros), el legendario jefe de los servicios secretos de Alemania del Este, dijo que el libro de Guillaume había sido “escrito en parte para restregarle a Bonn aquel bochornoso asunto (…) y para dar una imagen positiva de nuestro trabajo y sus necesidades (…)”

'Y en la entrevista que dio en algún momento entre el derrumbe de Alemania del Este en 1989 y su muerte en 1995, Guillaume sembró más dudas sobre la fiabilidad del libro. Negó por completo algunas historias. Confesó haber mejorado otras, y yo confieso a mi vez haberlas conservado, en un par de ocasiones, porque la primera versión era más pintoresca.

'De todas formas, me he tomado bastantes libertades con otros temas y pienso que resulta evidente en la mayoría de los casos. El contacto continuado que mantiene mi Guillaume con su superior del Este es una clara dramatización de sus encuentros mensuales. Las conversaciones que Guillaume tiene con Brandt en sus desplazamientos en tren son una transposición de lo que Guillaume afirma en su libro. Lo mismo ocurre con la confrontación del verano de 1973 en Noruega, durante unas vacaciones que las fuerzas de seguridad lamentablemente permitieron que Brandt y su familia compartiera con Guillaume y la suya. Es cierto que las dos familias estuvieron juntas y que tenían vida social. La tranquila recogida de setas con el guardaespaldas de Brandt, y los juegos de Matthias, el hijo de Brandt, con Pierre, el hijo de Guillaume, en los bosques, proceden de las memorias de Guillaume. Este dice que estaba convencido de que Brandt llevaba tiempo apartando de su mente las sospechas que pesaban sobre él, tal vez simplemente porque no quería echar a perder las vacaciones. Pero es muy poco probable. Klaus Harpprecht, el redactor de los discursos de Brandt, dijo a Knopp que Brandt había intentado por su cuenta reunir pruebas contra Guillaume antes de que dejaran Bonn. Por las noches dejaba hilos sobre su escritorio y cuidaba la disposición de las carpetas y los lápices: “Lo había probablemente leído en novelas cuando era niño.” Sus intentos, en la obra,  de tantear a Guillaume acerca de sus (verdaderas) actividades clandestinas antes de la guerra son de mi invención, al igual que los hilos y los lápices'.

Y no nos despidamos sin mencionar a la inolvidable 'La costa de Utopía (Viaje, Naufragio y Rescate)' de Tom Stoppard, que este director y esta compañía nos trajeron en 2011 (ver nuestra reseña de entonces). Merece un recuerdo emocionado.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Texto, 8
Dirección, 8
Interpretación, 8
Escenografía, 7
Producción, 8
Programa de mano, 6
Documentación para los medios, 6

 
CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
Teatro Valle-Inclán
(Ciclo Una mirada al mundo)
DEMOCRACIA
De Michael Frayn
Dirección: Alexei Borodin
Producción: Russian Academic Youth Theater (RAMT) 
Del jueves 23 al domingo 26 de noviembre de 2017

REPARTO (por orden alfabético)
Andrei Bazhin, Alexei Blohin, Alexander Doronin, Ilya Isaev, Petr Krasilov, Alexei Maslov, Alexei Myasnikov, Alexander Rogulin, Alexei Veselkin, Oleg Zima.
Piano - Alexei Kirillov
Con Pavel Hruliov, Vitali Kruglik, Nikolai Ugriumov y Konstantin Yurchenko.

EQUIPO ARTÍSTICO
Zoya Anderson (Traducción),
Stanislav Benediktov (Escenografía y vestuario),
Andrei Rebrov (Iluminación)
Dmitriy Burukin (Coreografía).

Duración: 2 horas y 40 min aprox. (con intermedio)
Idioma: ruso con sobretítulos en castellano
Horario: martes a domingo a las 19:30 horas.