En defensa de España - Stanley G. Payne

Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) es hispanista e historiador bien conocido por sus trabajos sobre la Guerra Civil y el franquismo. No es una sorpresa por eso que el libro por el que recibió en septiembre pasado el Premio Espasa de Ensayo, dotado con 30.000 euros, esté monopolizado por esos temas. De las 291 páginas de las que consta “En defensa de España”, el ensayo premiado, 156 están dedicadas al siglo XX y a lo que va del XXI.

Pero, ¿por qué es necesaria esa ‘defensa’ de España? Quizá porque, ahora que se cumple un siglo de la publicación del libro de Julián Juderías en el que por primera vez se nombra y se refuta la ‘leyenda negra’, ha rebrotado una corriente política y social que cuestiona España y su historia. Por eso, en cierta medida, el libro parece destinado también a defender esa Transición puesta en cuestión por quienes quieren acabar a toda costa con el régimen del 78. Payne no duda en considerarla “un modelo” porque pocas veces una larga dictadura ha sido capaz de alumbrar a un régimen democrático. Parte del éxito se debe a que el propio franquismo había evolucionado hacia un sistema menos rígido. Además la Transición tuvo una etapa de gestación en la sombra, por decirlo así. Es lo que Payne llama “pretransición” que coincide con el nombramiento del almirante Luis Carrero Blanco como presidente del Gobierno. Con sus luces y sus sombras, Payne considera que la Transición fue “un éxito” del que una generación de españoles debe sentirse orgulloso con razón.

Un éxito que cierra una profunda división histórica ya que Franco y su régimen representan, dice, “la culminación de un proceso y la conclusión de una larga etapa de conflictos entre tradición y modernización que duró dos siglos, desde el reinado de Carlos III hasta 1975”.

Todo eso parece estar en peligro, aunque el historiador descarta por completo que en España pudiera producirse ahora otro conflicto fratricida. Pero la corriente posmoderna que ve en la Historia mera literatura, y el enfoque victimista de la izquierda surgido en los años noventa, que permea el pensamiento políticamente correcto que nos domina, han acabado por cuestionar todos los logros.

Payne nos recuerda en este excelente resumen que hay motivos para querer a España y para sentirse cómodo en una nación (“la nación histórica más antigua de Europa”), con una historia excepcional y única, rica de imágenes, y plagada de tópicos, leyendas y mitos más o menos exóticos que es necesario rebatir.

Siguiendo un hilo cronológico, Payne repasa el episodio “excepcional” de la Reconquista, “una hazaña tan grande y singular que sólo por esta razón la Historia de España es totalmente diferente a todas las demás”. Es insólito que un país sometido haya sido capaz de reinstaurar su cultura. Como lo es la expansión continuada de España por el norte de África, el Mediterráneo, América y Asia a lo largo de un milenio. Desde el siglo VIII, con el reino astur-leonés, hasta el siglo XVIII con el ensanchamiento territorial del Imperio en la época de Carlos III.

Un país imperial que no es una nación homogénea sino que engloba realidades diferenciadas, ‘naciones’ menores. Mucho se ha hablado respecto a la antigüedad de España como nación. Payne resume las tesis del estudioso Ricardo García Cárcel. Dependiendo de los vínculos que se consideren como esenciales para la constitución de una identidad nacional, la existencia de España podría fijarse en el siglo XVI, en el XVIII, o en el XIX. La mayoría de los historiadores, y Payne se suma a esta corriente, consideran que de España como nación moderna, solo puede hablarse cuando cobra conciencia plena de ‘soberanía nacional española’ tras las Cortes de Cádiz de 1812.

Para Payne es un hecho indiscutible que España quedó fuera de la ‘modernidad occidental’ y que el país sufre, ya en la segunda mitad del siglo XVII, el declive más acusado de Occidente. Factores varios, entre ellos una caída demográfica espectacular (el país perdió un millón de habitantes), intervienen en este proceso que, no obstante, se ha exagerado. El libro apunta a dos curiosos fenómenos que sirven para entender las aspiraciones de la sociedad y los criterios morales que la dominaban. Se trata del “endonamiento”, primer paso para conseguir la nobleza, que se convierte, dice Payne, en “la meta de la burguesía”; y del “pundonorismo”, una sobrevaloración del honor que contaminaba la convivencia social.

Con todo, el declive de España no fue diferente al de otros países del sur de Europa. En esas fechas (siglo XVII) podemos hablar ya de una Europa a distintas velocidades. ¿Por qué un país poderoso no consigue situarse entre los de primer nivel? “Entre 1659 y 1975”, dice Payne, “tuvieron lugar varios acontecimientos clave en la Historia de España que podrían explicarse desde el prisma de la lucha por alcanzar la modernidad”. Se aplicaron políticas en este sentido durante el despotismo ilustrado, luego con el liberalismo clásico y, finalmente, “con la dictadura cuasi-tecnocrática”, en el franquismo. Son solo tres impulsos en más de 300 años de historia. Es cierto que España es el único gran país europeo que comenzó los siglos XVIII, XIX y XX con feroces guerras. La de Sucesión, que se saldó con la llegada del primer Borbón al trono, la de la Independencia, que diezmó la población, y permitió un débil florecimiento del liberalismo, y la Guerra Civil.

El siglo XIX proyectó una sombra siniestra sobre España como país de las “guerras civiles” (hubo al menos siete), pero es, al mismo tiempo, el siglo del liberalismo. No es casual que en esa época España aportara al mundo dos palabras, en cierto modo contrapuestas: “guerrilla” y “liberal”. La Constitución de 1812, que asienta el concepto de soberanía nacional española marca el nacimiento de la nación y será además modelo de otras constituciones. España es pionera en el voto directo y secreto. Y pese a las luchas intestinas (pronunciamientos, rebeliones, y las terribles guerras carlistas) el país mantuvo en pie un frágil Estado liberal hasta los años veinte del siglo pasado.

La dictadura del general Miguel Primo de Rivera rompería en 1923 ese equilibrio. A juicio de Payne, lo verdaderamente grave fue su duración: más de seis años. La dictadura acabó con la política y esto tendría graves consecuencias en la etapa siguiente. En primer lugar, le costó el trono a Alfonso XIII, y en segundo, propicio que la proclamación de la República en abril de 1931, cogiera a España escasa de líderes políticos formados.

Payne ha analizado a fondo los años de la República en varios libros, el último, “El camino al 18 de julio”. En ellos culpa a los dos presidentes de la República, Niceto Alcalá Zamora, que lo fue entre diciembre de 1931 y abril de 1936, y Manuel Azaña, que tomó el relevo, de tener una gran responsabilidad en el fracaso del régimen.
Los dos consideraban inaceptable que las derechas pudieran detentar el poder en la República. Payne cita a este respecto una frase del historiador Javier Tusell que dice de la República que “era una democracia poco democrática”. En el caso de Azaña, le reprocha además que mantuviera una actitud de rechazo total a los católicos. Vistas las culpas del personaje, señala: “La presentación de Manuel Azaña como el símbolo de la “República democrática” es una de las grandes equivocaciones, supercherías y falsedades de la historiografía española contemporánea”.

Para este historiador la Guerra Civil es un combate entre revolución y contrarrevolución, una situación que se explica también por el momento histórico internacional. Asume, como la historiografía actual, que en el conflicto se enfrentaron las potencias que lo harían después en la II Guerra Mundial. Payne contabiliza en 344.000 las víctimas mortales totales de la Guerra Civil, aunque el final de la guerra, subraya, no fue el final de las muertes.

El historiador se detiene también en los 40 años de historia del franquismo que divide en tres fases: 1/“La fase pseudofascista y potencialmente imperialista de 1936 a 1945”. 2/ “El periodo del nacionalcatolicismo corporativo entre 1945 y 1959” y 3/ “la fase denominada de ‘desarrollismo tecnocrático”, con una evolución lenta hacia el autoritarismo burocrático entre 1959 y 1975”.

Cree que lo más negativo del régimen fue por un lado, la represión sangrienta al finalizar la Guerra Civil; la política favorable al Eje en la II Guerra Mundial y la “larga represión de algunos derechos civiles”. Su mérito: haber sido capaz de dar vida a la Transición.

El año pasado publicó en esta misma editorial 'El camino al 18 de julio. La erosión de la democracia en España (diciembre de 1935-julio de 1936) (ver nuestra reseña de entonces)

Aproximación al libro (del 1 al 10)
Interés, 8
Texto, 8
Edición, 8
Información complementaria, 8


En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras
Stanley G. Payne
Editorial: Espasa
Temática: Historia | Historia de España
Colección: Fuera de colección
Número de páginas: 312
Precio: 19'90€.