Dos entremeses 'nunca representados' - Teatro de la Abadía

Tras servirnos tres de estas cortas y célebres piezas de Cervantes hace dos años en un menú muy elogiado, La Abadía repite y acierta de nuevo con otra entrega que siguiendo el rastro de aquella, avanza en ambientación, coreografía y música hasta casi convertirse en un musical que enlaza dos breves textos.

Aquellos tres -'La cueva de Salamanca', 'El viejo celoso' y 'El retablo de las maravillas'-, los montó José Luis Gómez (ver nuestra reseña de entonces), para conmemorar que en 1995 fueran el segundo montaje en el recién abierto escenario, sumando un total de 232 funciones en seis países.

Y estos dos -'La guarda cuidadosa' y 'El rufián viudo llamado Trampagos'- corren a cargo de Ernesto Arias. 'El solitario árbol que en la anterior producción moraba en un ambiente rural y soleado, donde era testigo de los tres entremeses que en aquella ocasión se representaban desde el amanecer hasta el anochecer, se ha transformado en un pozo, en medio de un entorno urbano y sombrío. Cervantes nos habla de la libertad humana, o mejor dicho, de la imposibilidad de alcanzarla. Pero, he ahí su genialidad, todo presentado con ironía, con humor, con alegría y festivamente; sin ridiculizar a sus personajes para reírse de ellos, sino mostrando su incuestionable dignidad, ya que no son otra cosa que víctimas de la imposición social, del dinero, de sus propias pasiones y miserias, de la caprichosa Fortuna y de sus supersticiones'.

Siendo aquellos textos mejores que estos, este montaje está más trabajado que aquel, con dos sobresalientes, música y coreografía, y un ensamblaje escenográfico de ambos para conseguir de dos obrillas breves un espectáculo de hora y media de duración.

En 'La guarda cuidadosa' un soldado y un sacristán se disputan los amores de una sirivienta. El soldado, ejerce su «guarda cuidadosa» ante la casa donde mora Cristina para ahuyentar a los posibles galanes. Mientras él esté allí, no ha de pasar nadie. La llegada de varias personas (un santero, un zapatero, un buhonero, finalmente el propio señor de Cristina), provoca situaciones pintorescas, llenas de vida y de dobles sentidos, al ser espantados por el centinela amoroso. La moza, al fin, se decide por el sacristancico, como más prometedor. Uno y otro tipo, Cervantes ha logrado distinguirlos de los personajes tópicos, repetidos, el del soldado maltrecho y harapiento, frustrado en sus apetencias heroicas en un mundo antiheroico, y el del clérigo o seudoclérigo que no hace lo que su profesión y estado le obligan a hacer. El dilema se ha puesto en relación con la ya medieval disputa entre armas y letras. Aunque esa vinculación  sea verdadera, la exquisita creación cervantina supera en mucho toda temática escolar o retórica. La guarda cuidadosa es una deliciosa página arrancada a realidades concretas. Y el lenguaje empleado es sencillamente el personaje máximo, repleto de picardías, de gracia, de la solemnidad necesaria y del atinado desgarro apasionante, nos dice una gran autoridad en el siglo de oro español, Alonso Zamora Vicente, que añade respecto al otro entremés:

''El rufián viudo', escrito en endecasílabos sueltos, nos lleva al mundo picaresco de Rinconete y Cortadillo. En él nos encontramos con Trampagos, rufián que ha perdido a su amante, la Pericona, y que con palabras de solemne gravedad, lamenta la desaparición de su fiel colaboradora y amiga. Oímos un intento de planto, de la mejor tradición literaria, mutilado en sus comienzos por la aparición de colegas de oficio y por los acordes burlescos del criado, Vademécum, cuyas ocurrencias se encargan de ir destrozando, en un pintoresco ritmo de contrastes, los puntos de solemnidad y doblez de los presentes. La llegada de esos colegas y de otras busconas, que pretenden sustituir a la muerta en el corazón del viudo Trampagos, redondea el corto y delicioso tejemaneje. La presencia de Escarramán puede interpretarse, en este entremés, como un homenaje a Quevedo (sugerencia apoyada por el tono general de la obrita), por quien Cervantes sintió verdadero afecto y profunda estimación'.

Arias ha decidido basarse en una rondalla callejera para ligar ambos entremeses y sus canciones y bailes son la argamasa de ambos argumentos, amén del pozo alrededor del cual trajinan. Las periódicas apariciones de Escarramán encadenado nos sorprenden antes de tener idea de quién es. El tono jocoso del sainete va trocando en esperpento y el segundo entremés se carga en demasía de exagerados aspavientos, en repetitivos y trillados gestos soeces en las pobres pelanduscas y en aparatosos y redundantes bailes del rufián retornado, que de alguna forma tergiversan el espíritu cervantino, más sutil y compasivo de lo que se ve en el escenario. Puede ser que el 'Retablo de la avaricia, lujuria y la muerte' de Valle Inclán se inspirara en este 'El rufián viudo' de Cervantes, pero no nos place la sustitución de enfoques.

Repitamos pues que el hilo conductor del espectáculo son los variados grupos musicales que el elenco forma, demostrando sus estupendas dotes para hacer música viva en escena, algo cada vez más cotizado. Las letras de las canciones son cervantinas, una de unos versos de la canción de Grisóstomo (“Ya que quieres crüel, que se publique…”), del capítulo XIV del Quijote; otra los de una canción de la comedia El rufián dichoso, (“Afuera, consejos vanos”); otra de una estrofa de un soneto del capítulo XXIII del Quijote (“O le falta al Amor conocimiento…”); y a modo de epílogo, otra proveniente de la novela ejemplar La ilustre fregona (“¿Quién de amor venturas halla?”). La música de estas canciones, inspirada en patrones de la época, es de nueva composición, de Eduardo Aguirre de Cárcer, que en los anteriores Entremeses ya interpretaba música en directo.

Ion Iraizoz y Juan Paños hacen la graciosa pareja de soldado y sacristán, y luego repiten acertadamente como Chiquiznaque y Vademecúm respectivamente. Marcos Toro está muy bien en su doblete de zapatero desconfiado y de rufián enviudado, lo mismo que Luna Paredes entre la fregoncilla Cristina y la putilla Pizpita. Juan José Sevilla exagera a Escarramán y a Carmen Valverde le toca recitar al final desde el balcón el monólogo de la 'doncella determinante' -del capítulo XIV de la primera parte del Quijote-, un texto que si bien es antológico por su altura de fondo y forma, no viene muy al caso sino para prolongar artificialmente la duración de la propuesta, cambiando equivocadamentre de registro.

El coreógrafo Javier García hace un buen y original trabajo basado en baile populares de la época (jácara, canario, gallarda, villano, morisca, turdión, etc.), en los que la plebe imitaba a la Corte, con menos remilgos y más vehemencia. El maestro de voz Vicente Fuentes no consigue que todo se entienda al escucharse pero sí la mayor parte, y José Troncoso le da a todo un toque atractivo con su Taller de bufones. No sabemos quién es el responsable de las poses de grupo, pero son de lo mejor. Buenas ambientación e iluminación para una adecuada dramaturgia. Y es... Cervantes.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 7
Texto, 8
Dirección, 8
Interpretación, 8
Escenografía, 7
Música, 8
Coreografía, 8
Programa de mano, 7
Documentación para los medios, 7

 
Teatro de La Abadía
Sala Juan de la Cruz
Dos entremeses, "nunca representados"
Miguel de Cervantes
Dirección: Ernesto Arias
Del 23 de noviembre al 10 de diciembre, 2017

REPARTO
LA GUARDA CUIDADOSA
Soldado  Ion Iraizoz
Sacristán  Juan Paños    
Mozo (Andrés)  AidaVil
Uno (Manuel)  Nicolás Sanz
Zapatero  Marcos Toro
Amo  Pablo Rodríguez    
Grajales  Nico
Cristina  Luna Paredes
Ama (Ella)  Carmen Bécares
Músico  José Juan Sevilla
Músico  Carmen Valverde
   
EL RUFIÁN VIUDO LLAMADO TRAMPAGOS
Trampagos  Marcos Toro
Vademecúm  Juan Paños
Chiquiznaque  Ion Iraizoz
Juan Claros  Nicolás Sanz  
La Repulida  Carmen Valverde
La Pizpita  Luna Paredes
La Mostrenca  Carmen Bécares
Uno/Músico  Aida Villar
Escarramán  José Juan Sevilla
Músico  Pablo Rodríguez    
Doncella Carmen Valverde

FICHA ARTÍSTICA
Una creación del Teatro de La Abadía
Dramaturgia  Brenda Escobedo
Dirección  Ernesto Arias
Coordinación artística Rosario Ruiz Rodgers
Ambientación Silvia de Marta
Música Eduardo Aguirre de Cárcer
Coreografía Javier García
Iluminación Carlos Díaz
Maestro de voz Vicente Fuentes
Taller de bufones José Troncoso
Ayudante de dirección Raquel Alarcón
Fotografía Sergio Parra

Duración aproximada: 1h y 20 min
De martes a sábado, 20:30h Domingos, 19:30h
Los encuentros con el público tendrán lugar el 1 y 3 de diciembre al finalizar la función, con entrada libre hasta completar aforo.