La naturaleza de la realidad. El nuevo mapa del cosmos y la conciencia - Ervin Laszlo



Tras 75 libros y 85 años de vida, el teórico Ervin László mientras toca el piano, edita el periódico 'World Futures: The Journal of General Evolution', y mantiene la Universidad del Cambio Global y el Club de  Budapest (reedición 'new age' del Club de Roma), ha dado otra vuelta de tuerca a sus visionarias propuestas y ahora se cree en condiciones de revelarnos cuál es la verdadera naturaleza de la realidad, una síntesis intelectual de su medio siglo analizando el significado y propósito de la existencia.

Laszlo nos ofrece nada más y nada menos que la visión unificada de ese nuevo paradigma que llevamos décadas buscando; una visión que concibe el cosmos de forma unitaria, sin fisuras, fundamentado en una conciencia única y coherente, manifiesta en todos nosotros. No es un vendedor de feria ni un sacamuelas aficionado, pues está considerado una autoridad en teoría general de sistemas, doctor en Ciencias y en Letras por la Universidad de la Sorbona, y consejero del director general de la Unesco.

Cree que existe un campo intangible que conecta todas las cosas y transmite información, algo que no es novedad pues durante miles de años, los místicos, sabios y filósofos han mantenido y asegurado que esta dimensión existe. En Oriente lo denominaron campo akásico: hace cinco mil años los sabios hindúes, aparte de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), definieron un quinto que los contiene a todos: akasa, matriz de toda materia y fuerza del universo. Y él adopta el término para afirmar que este campo no solo existe, sino que alimenta, "informa" a todas las cosas, incluso, a la conciencia. Cómo si no -dice- el 'big bang' fue tan increíblemente preciso con relación a sus parámetros, fue tan exacto que permitió a las partículas que formaran galaxias y estrellas, en lugar de dispersarse irremediablemente por el universo en el momento de la explosión. Con tan solo una minúscula desviación, con la modificación de una millonésima parte del valor de una de las fuerzas universales, como el electromagnetismo, el universo no hubiera sido capaz de albergar organismos vivos y mucho menos evolucionar.

Laszlo propone transitar del materialismo científico a una visión acorde con las tradiciones espirituales. Según Deepak Chopra, 'trasciende el trabajo de Darwin, Newton, Einstein  y otros pioneros de la física cuántica. En su anterior libro -'La mente inmortal: La ciencia y la continuidad de la conciencia más allá del cerebro' (2016)- ya prentendía contar con pruebas científicas de la presencia continua de la conciencia, no vinculada a un organismo vivo, afirmando que 'la conciencia se manifiesta en los seres vivos para continuar su evolución' y aseverando 'la supervivencia de la conciencia más allá de la vida'.

Habría un campo de información como sustancia básica del cosmos del que participamos todos. Esa dimensión que no se puede observar pero que es real hace que todas las cosas se conecten entre sí y es también una memoria: cuando algo tiene lugar, la información permanece en esa dimensión. Y explica: 'Me di cuenta de que esa idea era la que yo intentaba definir como campo psíquico profundo y le cambié el nombre. Hoy muchos científicos trabajan con ella. El campo akásico crea coherencia entre los distintos campos (electromagnético, gravitatorio, nuclear, cuántico y el de Higgs) y explica los misterios que las diversas ciencias compartimentadas no son capaces de explicar, por ejemplo no se entendía cómo organismos complejos se transformaban en otra especie, capacidad sin la cual todavía seríamos algas marinas. Sir Fred Hoyle, reconocido cosmólogo y físico, calculó la posibilidad de que fuera por azar y llegá a la conclusión científica de que "equivale a que un huracán entre en un desguace y que su paso deje un avión montado". Todo está autoorganizado'.

'Yo y otros científicos -añade- creemos que el campo akásico está implicado en la evolución de los universos. Nacen unos de otros. Al big bang se le llama ahora el big bounce (el gran rebote). Un universo como el nuestro va expandiéndose hasta que se colapsa y empieza a contraerse hasta una dimensión cuántica, toda la materia del universo acaba en la cabeza de un alfiler, y entonces la fuerza de expansión es tan fuerte que ocurre una explosión que crea nuevos universos. La información que se ha generado en este primer universo es heredada por el segundo, de la misma manera que un cigoto tiene la información de los padres. El campo akásico es holográfico, la información de toda la imagen está en cualquier punto. Todo está conectado y nada desaparece. En un estado alterado de conciencia podemos acceder a esa información que no está en el cerebro pero que este es capaz de captar. El gran error del mundo moderno ha sido considerar que todo lo que no se puede oír, tocar o ver es una ilusión. La realidad fundamental no es observable directamente. Si tiro el bolígrafo observo cómo opera la gravedad, pero no puedo ver el campo gravitatorio, sólo el efecto. Todas las fuerzas de la naturaleza están en esa dimensión más profunda y sólo observamos los efectos. Yo baso mi teoría en la física cuántica, en las observaciones biofísicas de los seres vivos, en la psicología transpersonal y en la cosmología que estudia los multiversos'.

Y concluía: 'La dinámica de la evolución, cuando se alcanza un punto crítico, que es el punto de bifurcación, hace que el sistema o bien se desmorone o bien se reorganize de otra manera para estabilizarse. La Tierra es como una nave espacial con una tripulación de 7.000 millones de personas, recibe energía del Sol pero no materia, por tanto la regla es sencilla: hay que reciclar, vivir en armonía entre nosotros y con el planeta, crear una cultura más ética. Hay que alcanzar una masa crítica [de ciudadanos concienciados], bastará un 1% del 1%'. ¿700.000 humanos? ¿Estamos cerca?

Sus tesis, que a los lectores no familiarizados con el paradigma New Age les parecerán inverosímiles, van apoyadas en este su último libro por comentarios y explicaciones de otras conocidas figuras del movimiento, como Stanley Krippner, Kingsley Dennis, Gary Zukav, Jean Houston, Deepak Chopra y Stanislav Grof, que no dudan en considerar histórica y trascendental la aportación de Laszlo.

Confesemos que hay una zona especialmente oscuro que nos ha sido imposible comprender, aquel en el que Nassim Haramein pretende explicar 'la física de la unidad' al comienzo del capítulo cuarto. En general todo el libro está imbuído de lo que llamaríamos el 'optimismo cuántico', unas esperanzas desusadas por comprender al fin los secretos de la vida y el universo a partir de la revolución que la física cuántica introdujo en el paradigma científico hace un siglo. En ese universo subatómico no se cumple la física que experimentamos a diario. Ocurren cosas raras. Las primeras leyes fueron enunciadas por Schrodinger y Heisenberg, y las similitudes con el misticismo oriental propiciaron el movimiento espiritual actual de la Nueva Era, que busca comprensión, armonía y hasta felicidad gracias a este nuevo paradigma.

Sin embargo, otros -la comunidad científica en su mayor parte, el Establishment global- prefieren hablar irónicamente del 'cuento cuántico', ya que los postulados de la mecánica cuántica se enuncian a través de sistemas matemáticos altamente abstractos, fuera del alcance de cualquiera que no se especialice. Es por eso que entre los científicos de partículas circula una humorada que asegura que si afirmas conocer a la mecánica cuántica, no la conoces. A los escéticos les valdrá la pena conocer una faceta desconocida del prisma actual. Y los convencidos o dubitativos, renovarán esperanzas y recuperarán optimismo, siempre estamos necesitados.

Aproximación al libro (del 1 al 10)
Interés, 8
Textos, 7
Edición, 8
Traducción, 8
Información complementaria, 6


Colección/Nueva ciencia
La naturaleza de la realidad. El nuevo mapa del cosmos y la conciencia
Prólogo de Deepak Chopra. Introducción de Stanislav Grof
Ervin Laszlo. Con la colaboración de Alexander Laszlo
noviembre 2017
13 x 20 cm / 360 págs. / ISBN: 978-84-9988-577-3  / PVP: 18.