Die soldaten - Teatro Real

Llegó precedida de tanta fama escandalosa y monumental, que casi decepciona. En la historia de los espectáculos extravagantes y desagradables sin duda ocupa un lugar pionero, pero se trata de una historia muy de antaño complicada con una música imposible y una puesta en escena caótica que la enrrevesan, la deforman y la retuercen hasta hacerla ininteligible. El acontecimiento sin duda merece la pena como quintaesencia de propuesta agresiva, casi sádica, para públicos que quieran por una velada ejercer militancia masoquista. Todo ello -¿paradoja?- envuelto en una producción y un nivel artístico general muy, muy sobresaliente.

Cuatro nombres se entrecruzan sobre estos soldados: los creadores alemanes Jakob Michael Reinhold Lenz y Bernd Alois Zimmermann, y los ejecutores españoles Pablo Heras-Casado y Calixto Bieito.

No hay nada en esta pieza que no debiéramos ya saber sobre la maldad cotidiana ejercida en solitario y en grupo, la crueldad, el egoísmo, las pequeñas tiranías y las grandes injusticias que llenan el mundo. Lo que sí hay es un afán provocativo de llamar la atención que resulta ya manido. Una novela dieciochesca (más que romántica, naturalista), y que en Alemania fue famosa, sirve a un joven compositor del siglo pasado, -enfermo de cuerpo y mente tras combatir con los perdedores en la última guerra mundial y ver sus ideales cristianos machacados por la mayor epopeya de crueldad y destrucción que el mundo ha visto-, para escupirnos a la cara esta monumental partitura que solo pretende hacernos sufrir, arrodillarnos culpables, vomitar nuestros pecados, gritar clemencia.

Sobre ella, un especialista en cargar las tintas, tanto repugnantes y repulsivas, como embarulladoras y embrolladoras hasta que solo confusión desapacible reine en el escenario, ha hecho una de las suyas, de esas que una corriente de directores artísticos practica en los escenarios operístico desde hace un tiempo para castigar a los melómanos por ser tan privilegiados. Calixto Bieito se esfuerza en que todo resulte lo más incomprensible e inaguantable posible, con la ración habitual en directo de tortura, violación, paños menores y hasta el consabido cubo lleno de supuesta sangre para arrojar por encima a la protagonista.

Zimmermann instaba en su libreto a situar la orquesta e intérpretes en un escenario central rodeado por el público, Bieito coloca la orquesta en un gigantesco armazón metálico que llena el escenario, una instalación diseñada por la escenógrafa Rebecca Ringst que dice simular un cuartel donde los músicos ‘armados’ con sus instrumentos son partícipes de la barbarie. Pero qu en realidad semeja un gigantesco andamiaje de construcción con plataformas que suben y bajan las menos de las veces con algún sentido o utilidad. Todo parece ideado para confundir y abrumar al espectador. El casting no puede ser más desafortunado, con tres protagonistas masculinos de igual apariencia física y dos hermanas semejantes, con madres más jóvenes que sus hijos, y un plantel de secundarios uniformados al unísono. Los subtítulos reiteran una vez más la falta de nivel de la traducción del alemán en este teatro. Todo busca el efecto central: una pesadilla. Una pesadilla ininteligible habitada por músicas tortuosas y escenas delirantes.

Por supuesto que las pesadillas forman parte esencial de nuestros sueños, como la maldad forma parte esencial de nuestras vivencias. La Sombra acompaña a los humanos, juntos y en solitario, y por ello hay que afirmar que el espectáculo es un éxito en su propósito. Ni siquiera llega a ser una asquerosa maraña, se queda en el límite, para que nuestra mente racional, sensorial y afectiva tenga al menos una escapatoria.

Pablo Heras-Casado, allá en las alturas reina sobre el caos; realiza una excelente dirección musical de la dificilísima partitura escrita para 16 cantantes, 10 actores, bailarines, coro, orquesta con más de 100 músicos ─que incluye banda de jazz y 13 percusionistas─, además de utilizar sillas y mesas como percusión, banda magnética, sonidos de guerra, proyecciones y un socorrido etcétera. La Orquesta Titular del Teatro Real ─con sus músicos caracterizados como soldados y empuñando sus instrumentos como armas─ ocupa con protagonismo absoluto y magistral el centro del escenario

Y los intérpretes actúan sobre el foso, rozando el público, en una franja angosta sobre la que actúan de la forma nebulosa que ha marcado el director de escena, en un enorme esfuerzo actoral secundado por el coro y empujado por buenos figurantes. Destaca en el cuarteto protagonista la soprano danesa Susanne Elmark, su poderosa y matizada voz en una Marie humillada hasta lo indecible. El tenor lírico alemán Uwe Stickert no se queda atrás en su papel del malvado barón Desportes, aunque su papel más breve y fácil -aunque repleto de matices bien logrados- no recibiera del público el mismo nivel de reconocimiento que la soprano. En realidad, el verdadero protagonista sería Stolzius, representación del atormentado Zimmermann, pero el autor le autocastiga a una presencia secundaria salvo en el desenlace, y en el papel el barítono británico Leigh Melrose cumple el cometido con el mismo acierto que el bajo Pavel Daniluk interpreta a ese Wesener, el padre de Marie, que parece recién salido de la famosa serie 'Twin Peaks', siempre flotando en este tipo de montajes.

Sólo podemos admirar el conjunto de este numeroso elenco vocal, con tantos papeles secundarios bien cantados pero que hubiera necesitado de ayudas visuales en los masculinos para distinguirlos unos de otros. Nos sobró el personaje de la furcia travestida. Nos decepcionó el vestuario. Y en general la obra hubiera estado mejor ambientada en su época con todas las licencias habidas y por haber pero por favor sin alusiones nazis otra vez.

Die Soldaten (1965), considerada en su día ‘irrepresentable’ por su complejidad, exigencia y monumentalidad, se ha convertido en un referente en la historia de la ópera del siglo XX y una reválida en la primera división de grandes cosos operísticos. Si de superar el desafío se trataba, superado está aunque la producción fuera creada originalmente para la Opernhaus de Zúrich (septiembre de 2013) y la Komische Oper de Berlín (junio y julio de 2014). El director artístico del Real quería hacer de ello uno de los grandes hitos de la programación del Bicentenario del Teatro Real.

Estrenada en Colonia en 1965, después de una larga y atormentada gestación ─y de varios ajustes para hacer viable la interpretación de la partitura─, 'Die Soldaten' hace que los medios ingentes que se necesitan para ponerla en escena conviertan cada nueva producción en un acontecimiento artístico. Bernd Alois Zimmermann nació en Bliesheim, Colonia en 1918 y cumplió el servicioo militar con 21 años en esa segunda guerra mundial de la que salió con los pulmones llenos de plomo y la mente trastornada. Su breve e intensa carrera fue truncada por el suicidio a los 52 años. La novela Die Soldaten fue creada por Jakob Lenz (1751-1792), adalid del movimiento romántico Sturm und Drang  (Tempestad e ímpetu). Ambos utilizan el camino de perdición de Marie, que los soldados convierten en una prostituta indigente, como metáfora de la degeneración moral y ética de la humanidad hasta traspasar el umbral de lo soportable y de lo expresable: un viaje terrorífico a los rincones más oscuros del ser humano, donde habita un monstruo que se excita con la perversidad y se regocija con el dolor.

Esta ópera bebe de las corrientes musicales rupturistas de la segunda mitad del siglo pasado pero también incorpora destellos corales de Bach, jazz,referencias a la radio y al cine y apuntes de las posibilidades técnicas que ofrecían la grabación directa y el tratamiento del sonido. De todo eso da cuenta 'Die Soldaten', un colosal collage vertical y horizontal, de múltiples capas interpretativas, que parte de una estructura de 12 notas (serialismo) vertebrada por formas musicales reconocibles ─chacona, tocata, ricercare, nocturno─ asociadas a cada una de las 15 escenas y alimentada por un universo sonoro ilimitado, con estrépito de bombas, estridentes gritos de agonía, rumores por los pasillos, diálogos familiares entrecortados y vacuas conversaciones castrenses; ráfagas de vidas entrelazadas en una espiral que conduce inexorablemente al abismo y el estupor.  Trasciende los clásicos límites teatrales de tiempo ─las escenas sobreponen pasado, presente y futuro─; de lugar ─con acciones (¡hasta once!) simultaneas en diferentes espacios─; y de acción, con la unidad narrativa en permanente alteración.

Dos horas bien duras, con un intermedio para reparar fuerzas, que compensarán o no al respetable en función de gustos y tendencias. En el estreno hubo algunos bravos entusiastas y algunas protestas débiles sobre un tono general de aplausos corteses, espaciados, mientras el público se recuperaba, sin abandonos ruidosos. Experiencia desafiante. Velada excepcional. Pero no diríamos que imprescindible.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Dirección musical: 9
Dirección artística: 6
Voces: 8
Actuación: 9
Escenografía: 7
Orquesta: 8
Coro: 8
Producción: 9


        Teatro Real
        DIE SOLDATEN
        Bernd Alois Zimmermann (1918 – 1970)
        Ópera en cuatro actos
        Libreto de Bernd Alois Zimmermann, basado en la obra
        homónima de Jakob Michael Reinhold Lenz
        Estrenada en la Opernhaus de Colonia el 15 de agosto de 1965   
        Nueva producción del Teatro Real,
        creada originalmente por la Operhaus de Zúrich y
        la Komische Oper de Berlín   

        FICHA ARTÍSTICA
    Director musical    Pablo Heras-Casado
                Michael Zlabinger (19 de mayo)
    Director de escena     Calixto Bieito
    Reposición         Barbora Horakova
    Escenógrafa         Rebecca Ringst
    Figurinista         Ingo Krügler
    Iluminador         Franck Evin
    Videocreadora         Sarah Derendinger
    Coreógrafa         Beate Vollack
    Dramaturga         Beate Breidenbach
    Director del Coro    Andrés Máspero
    Ingeniero de sonido     Oleg Surgutschow
    Supervisora de dicción    Rochsane Taghikhani
    Maestro apuntador    Vladimir Junyent

        REPARTO
    Wesener             Pavel Daniluk
    Marie                Susanne Elmark
    Charlotte            Julia Riley
    Madre anciana de Wesener     Hanna Schwarz
    Stozius                Leigh Melrose
    Madre de Stolzius         Iris Vermillion
    El conde von Spanheim         Reinhard Mayr
   
    Desportes             Uwe Stickert (16, 19, 22, 24 de mayo)
                    Martin Koch (28, 31 de mayo. 3 de junio)
    Pirzel                 Nicky Spence
    Eisenhardt             Germán Olvera
    Haudy                 Rafael Fingerlos
    Mary                 Wolfgang Newerla
    Tres jóvenes oficiales         Francisco Vas, Gerardo López, Albert Casals
    La condesa De la Roche         Noëmi Nadelmann
    El joven conde             Antonio Lozano
    Madame Roux             Beate Vollack
    Criado de la condesa         Wolfram Schneider-Lastin
    Primer capitán/Un joven alférez Benjamin Mathis
    Segundo capitán         Pablo García López
    Tercer capitán             Manuel Rodríguez
    Un oficial borracho         Ángel Fernández Lara
    Un soldado torturado         Christoph Uhlemann

        Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
        Duración aproximada: 2 horas y 15 minutos
        Actos I y II: 1 hora
        Pausa de 25 minutos
        Actos III y IV: 50 minutos
        Fechas:
        16, 19, 22, 24, 28, 31 de mayo
        3 de junio
        Patrocina BBVA

AGENDA DE ACTIVIDADES PARALELAS
-3, 8 y 10 de mayo, de las 19.00 a las 21.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre
Curso monográfico sobre Die Soldaten impartido por Gabriel Menéndez Torrellas
-9 de mayo a las 20.15 horas | Teatro Real, Sala Gayarre
Enfoques: encuentro con artistas que participan en Die Soldaten y Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real
-11 de mayo a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre
Conferencia ‘Die Soldaten’: la corchea de una tragedia, por Arnoldo Liberman
-27 de mayo a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala principal
Los domingos de Cámara, por los solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real
Parte I
Erwin Schulhoff: Dúo para violín y violoncello
André Jolivet: Concierto para flauta y orquesta de cuerdas
Parte II
Benjamin Britten: Lacrimae
Luciano Berio: Folksonges para voz y 7 instrumentos.