Brasaï - Fundación Mapfre

La Fundación Mapfre, templete del arte de la fotografía en Madrid, propone un recorrido por la trayectoria de este fotógrafo de origen húngaro, famoso especialmente por retratar París y su vida nocturna en la década de 1930. Imágenes que buscan trascender a la aparente banalidad de cualquier modelo. Imágenes wue se hicieron para durar y lo han conseguido.

Brassaï llegó a París en 1924 con intención de dedicarse a la pintura, pero confesaría que había comenzado a hacer fotografías para expresar su pasión por la ciudad de noche. Pero pronto su cámara se llenó de retratos, desnudos, naturalezas muertas, imágenes de la vida cotidiana, rincones pintorescos y monumentos captados también de día. Se ganó un lugar importante entre los pioneros de la fotografía moderna gracias a su confianza en un estilo franco y directo y su talento para extraer de la vida cotidiana imágenes significativas.

La muestra se compone de más de doscientas piezas (incluidos varios dibujos, una escultura y material documental) agrupadas en doce secciones temáticas. De ellas, las dos dedicadas al París de los años treinta son las grandes protagonistas. Comisariada por Peter Galassi, conservador jefe del Departamento de Fotografía del Museum of Modern Art de Nueva York desde 1991 a 2011, es la primera retrospectiva de Brassaï organizada desde el año 2000 (Centro Pompidou).
 
Brassaï significa 'original de Brassó', la antigua Transilvania, en la actual Rumania. Cuando Gyulá Halász (1899-1984) llegó a París y comenzó a ganarse malamente la vida vendiendo artículos y caricaturas, las fotografías estaban sustituyendo rápidamente a las ilustraciones tradicionales en periódicos y revistas, y su contacto con las redacciones le llevó a improvisar una agencia fotográfica en la que él era el único empleado. Al principio les proporcionaba imágenes hechas por otros fotógrafos, pero más tarde por él mismo. Así abandonó la práctica de la pintura y la escultura, disciplinas por las cuales, sin embargo, mantendría un gran interés y a las que buscaría regresar durante su carrera.

A principios de siglo la valoración de la fotografía se limitaba a su capacidad para emular la apariencia de las artes más tradicionales. No fue sino hasta los años 1920 y 1930 cuando los avances tecnológicos y una nueva visión consiguieron encontrar su potencial artístico, más allá de las experiencias surrealistas y demás vanguardismos. Cuando esta tendencia obtenga amplio reconocimiento en la década de 1970, Brassaï sería reconocido como una de sus principales figuras.

La muestra se desarrolla en torno a doce secciones entra las que destaca 'Grafitis'. Acumulador empedernido, coleccionó toda clase de objetos abandonados, así que es lógico que se fijara en los muros ciudadanos y los grafitis de las paredes de París. Tenía preferencia por aquellos que habían sido grabados o arañados -más que dibujados o pintados- y en los que las irregularidades de la propia pared jugaban un papel importante en términos estéticos. Llegó a realizar cientos de fotos de esta temática.

En diciembre de 1932 invitaron a Brassaï a fotografiar a Picasso y sus estudios para ilustrar el primer número de Minotaure, la lujosa revista de arte, lo que supuso el punto de partida de su amistad con Picasso, una de las más importantes de su vida. Durante los años siguientes el fotógrafo gozaría de un papel prominente en esta publicación, especialmente como colaborador de Salvador Dalí e ilustrador de textos de André Breton, aunque en ocasiones también como artista por derecho propio.

Tras la Segunda Guerra Mundial, fotografió más de dos docenas de reuniones de la alta sociedad parisina: bailes de disfraces, cenas elegantes y otros eventos en casas privadas y en lugares como el Ritz. También capturó las carreras de caballos de Longchamp y hasta consiguió permiso para trabajar a escondidas en el Folies Bergère.

Parafraseando a Baudelaire en “El Pintor de la vida moderna”, trata de establecer una línea de continuación entre el arte de los fotógrafos y algunos de los mejores artistas del pasado como Rembrandt, Goya o Toulouse-Lautrec. En este sentido explica cómo, al igual que el pincel de aquellos, la fotografía es capaz de elevar a sujetos ordinarios al nivel de lo universal, lo que viene a reflejarse en la sala Personajes, desde un trabajador del Mercado de Les Halles a un sevillano vendedor de marisco.

Durante sus viajes realizó numerosas fotografías de las que se muestran por ejemplo una perspectiva de la Sagrada Familia de Gaudí desde una posición elevada, un muro pintado en el Sacromonte granadino o un escaparate en Nueva Orleans, quizás 'tal y como son en sí mismos» […] una densidad totalmente ajena a su existencia real. Diríase que están ahí por primera vez, pero al mismo tiempo por última vez, escribirá.

En lugar de la preferida cámara de mano, la Leica de 35 mm., Brassaï eligió una cámara que utilizaba placas de vidrio y a menudo se colocaba sobre un trípode. Una elección que le obligaba/permitía trabajar más despacio, captar lo inmanente en vez de lo circunstancial.

Su libro 'Paris de nuit' se publicó en diciembre de 1932 y tuvo un gran éxito, lo que le llevó a continuar explorando el París nocturno a lo largo de la década de 1930, desarrollando una visión muy personal que ha pasado a ser parte de un parís legendario que los turistas siguen buscando sin éxito.

Le atraía el mundo marginal de los pequeños delincuentes, los tipos duros, los chulos, las prostitutas, los drogadictos, los invertidos.... Sentía que este mundo subterráneo representaba el París menos cosmopolita pero más auténtico, salas de baile baratas, ferias populares de barrio y celebraciones callejeras. Al mismo tiempo, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Henry Miller (quien le apodaba "El ojo de París"), o Henri Matisse son algunos de los protagonistas de los retratos que se exhiben, personas que él conocía y por eso transmiten una gran franqueza y naturalidad: 'Obligar al modelo a comportarse como si el fotógrafo no estuviese allí es verdaderamente hacerle representar una comedia. Lo natural es no escamotear esa presencia. Lo natural en esta situación es que el modelo pose honestamente', comentó en un ocasión.

Pablo Jiménez Burillo, director del área de Cultura de esta Fundación, nos presentó a Peter Galassi como uno de los artífices de que se considere a la fotografía como el arte más representativo del siglo XX. Y Galassi le respondió diciendo que la mejor exposición fotográfica en Nueva York la había coproducido Mapfre y que era una auténtica suerte contar con ella en el panorama de la fotografía internacional.

Galassi nos presentó a la persona Brasaï, imprescindible para juzgar al artista, y pudimos entender una vez más como la constancia y la personalidad son la clave de la verdadera creación, y como este hombre dedicó su vida a hacer las fotos que le gustaban sin apenas reconocimiento exterior hasta que de repente en la vejez se encontró con el beneplácito internacional. Y, paradoja frecuente, siempre se sintió acomplejado por ser fotero y no ser pintamonas. Puede que sea uno de entre el puñado de fotógrafos del siglo pasado que merecen la categoría de artistas. Hoy, cuando todo el mundo hace fotos igual que todo el mundo escribe, hacer arte con las imágenes que captas o con la prosa que plasmas sigue siendo objetivo y labor de unos pocos cuantos.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: 9
Documentación a los medios: 8

 
Fundación MAPFRE
BRASSAÏ      
Del 31 de mayo al 2 de septiembre
Comisariado: Peter Galassi
Producida por Fundación MAPFRE
Paseo de  Recoletos, 23  28004 Madrid
Teléfono: 91 581 61 00 www.fundacionmapfre.org
-PRECIO DE LA ENTRADA Entrada general: 3€ por persona Entrada reducida: 2€ por persona Entrada gratuita todos los lunes no festivos de 14 a 20 horas.
-HORARIOS Lunes de 14 a 20 horas. Martes a sábado de 10 a 20 horas. Domingos y festivos de 11 a 19 horas. * El último acceso a las salas es 30 minutos antes del cierre.
-VISITAS GUIADAS De lunes a jueves a las 11.30, 12.30 y 17:30 horas. Precio: 5€.
-AUDIOGUÍAS Audioguías (español e inglés): Precio: 3,50 €.