La vida es sueño - Teatro Bellas Artes

La compañía Teatro del Temple aporta desde Zaragoza una buena y original versión de la obra de Calderón, y ya es difícil a estas alturas con la obra más representada de nuestro teatro tras La venganza de don Mendo, Don Juan Tenorio y Fuenteovejuna. Completando con ingenio una producción modesta, consiguen una notable puesta en escena que ciñéndose al original aporta exótica visión, notable musicalidad y cuidado estilo.

A punto de cumplir un cuarto de siglo juntos, el núcleo fundador de esta compañía se afianza con dramaturgia de Alfonso Plou, dirección de Carlos Martín y producción de María López Insausti. Pero todo se basa un excelente equipo artístico en el que la sencilla escenografía de Tomás Ruata se realza poderosamente con la iluminación de Tatoño Perales, así como el vestuario de Ana Sanagustín (cuidadosamente imbuido de una síntesis de yihadismo árabe y okupa occidental muy sugerente) es ayudado por la eficaz caracterización de Langas Estilistas, consiguiendo entre todos una ambientación innovadora -orientalista de fondo y ecléctica de forma- con el interés suficiente para que los versos y las escenas de siempre cobren nueva vida sin perder su esencia.

Destaca así mismo la excelente ambientación sonora, las sugerentes composiciones musicales y la interpretación en directo de Gonzalo Alonso ayudado por un elenco bien dotado para cantar, tocar y bailar mucho y bueno a lo ancho de la trama y a lo largo del argumento. El trabajo de José Luis Esteban como asesor de verso consigue un desarrollo armonioso y audible con escasos versos descolgados, con encantador acento maño y a pesar de signos de resfriado en el protagonista, que sumaron dificultad al desafío de encarar algunos de los versos más populares de nuestro legado histórico.

José Luis Esteban hace un Segismundo envejecido y famélico con presencia y personalidad, en un papel con el que se ha hecho de todo en las tablas. Yesúf Bazaán y Félix Martín son muy humanos y creíbles rey Basilio y consejero Clotaldo. El Astolfo de Francisco Fraguas y la Estrella de Encarni Corrales, esos aristócratas sobrinos del rey dispuestos a hacerse con la corona, están un escalón por debajo, mientras la vindicativa Rosaura de Minerva Arbués mantiene su empuje junto al Clarín de Alfonso Palomares, ese cómico personaje de nuestro teatro clásico que en muchas piezas a menudo eclipsa a los nobles protagonistas, y al que Palomares dota de aires gamberros.

De La vida es sueño sobran comentarios. Es posible que a algunos sus profundas reflexiones suenen a añejo, pero pocas veces en el teatro universal el dilema de la existencia es planteado con tanta eficacia y claridad. Puede que la vida sea un sueño, una apariencia inaprensible como se plantean los científicos de vanguardia, y que algo más real nos espere al otro lado de la laguna Estigia. No hay duda que fiarlo todo al éxito mundano es una apuesta errada y ciertamente el libre albedrío responsable de cada ser humano puede y debe modificar las leyes del azar y del destino. Pocas obras dramáticas aúnan tal excelencia conjunta de fondo filosófico y forma argumental, por más que los siglos hayan teñido algunas cuitas y situaciones de inevitable discronía. 'Nuestra versión busca combinar el respeto de la esencia y la letra del original con una novedosa resituación escénica. Creemos que la joya literaria que es debe ser trasformada para convertirse en la materia escénica que va a ser. Por eso hemos intervenido en el texto levemente reduciendo algunos pasajes demasiado narrativos para favorecer el ritmo dramático, también actualizando algunas formas verbales y clarificando desde una óptica contemporánea pero atemporal algunas metáforas. La idea es facilitar la materia prima del actor, para que, respetando la dicción del verso, exprese su contemporaneidad y llegue nítido al espectador de hoy haciendo del clásico, como ocurre con los auténticos clásicos, una propuesta actual', pretende la propuesta -como tantas otras- pero esta vez lo consigue.

Estrenada en 1635 y ya en ese siglo se llevó a escena en Bruselas, Ámsterdam, Hamburgo o Dresde. En el siglo XVIII tan sólo en los corrales de comedias del Príncipe y de la Cruz, ambos en Madrid, se realizaron 47 montajes. Esa popularidad ha continuado y los últimos montajes importantes han sido los de Calixto Bieito en el 2000, Juan Carlos Pérez de la Fuente en 2009 (ver nuestra reseña), Helena Pimenta en 2012 (ver nuestra reseña) y Carles Alfaro y Eva Alarte en 2017 en los Teatros del Canal (ver nuestra reseña).

Teatro del Temple ha progresado desde que hace casi una década nos ofreciera su montaje de 'Luces de Bohemia' de Valle Inclán (ver nuestra reseña) a escasos metros de este teatro, en la sala Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes. Ahora es toda una compañía de primera división con apoyos institucionales.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Adaptación: 7
Dirección: 7
Interpretación: 7
Escenografía: 7
Puesta en escena: 8
Música: 8
Producción: 8
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 7


Teatro Bellas Artes
La vida es sueño, de Calderón de la Barca
Hasta el 24 de junio de 2018

Dirección Carlos Martín
Dramaturgia Alfonso Plou
Producción María López Insausti
Composición Músical Gonzalo Alonso
Asesor del verso José Luis Esteban
Escenografía Tomás Ruata
Iluminación Tatoño Perales
Vestuario Ana Sanagustín
Caracterización Langas Estilistas
Fotografía Marcos Cebrián
Diseño Gráfico Línea Diseño
Equipo de producción Pilar Mayor y Alba Moliner
Técnicos en Gira Antonio Fdez. Garza y Tatoño Perales

REPARTO
Segismundo - José Luis Esteban
Basilio - Yesúf Bazaán
Clotaldo - Félix Martín
Rosaura - Minerva Arbués
Astolfo - Francisco Fraguas
Estrella - Encarni Corrales
Clarín - Alfonso Palomares
Músico - Gonzalo Alonso

Precios
Patio de butacas y delantera anfiteatro: 26,00€
Resto anfiteatro: 22,00€