El uniforme olímpico que tendrá que (des)lucir la delegación española en los juegos de Londres por obra y gracia de no se sabe qué desalmados del COE es un cruce entre domador de circo y patinador artístico sobre hielo con aroma de los Urales. Si nadie lo remedia, los olímpicos nacionales serán sometidos a un bochorno en toda regla y harán el mayor de los ridículos por horteras. Pero además la elección de tales atuendos supone un estruendoso atropello de facto a la marca España.
Mientras los norteamericanos echan mano de Ralph Laure, los italianos de Armani y los británicos de Stella Mc Cartney nosotros tiramos del carro de Bosco Sports, unos rusos que con su poderío chabacano, vulgar y macarra anulan el más mínimo sentido del buen gusto y el savoir faire de los grandes modistos españoles y las potentes firmas nacionales que marcan tendencia en el mundo