El planeta Jupiter. NASA

El viaje de la sonda Juno a través del Sistema Solar sigue dando sus frutos. Ahora, al sobrevolar Júpiter parece haber resuelto un misterio que tiene en jaque a la astronomía desde hace 40 años. Se trata del origen de unos misteriosos rayos de luz en el planeta.

Tal y como recuerda un artículo publicado en el portal UnoCero, todo comenzó en 1979, cuando un sobrevuelo de la nave espacial Voyager 1 dejó a los científicos preguntándose sobre el origen de una serie de rayos de luz en el planeta. El encuentro confirmó la existencia de rayos en el planeta gaseoso, que habían sido teorizados por siglos.


Las observaciones revelan que los relámpagos aparecen en las regiones polares de Júpiter, a diferencia de lo que ocurre en nuestro planeta.


Según los autores de este estudio, hay una explicación:


Nuestro ecuador está más afectado por los rayos del sol, y el aire cálido y húmedo se eleva más libremente en esa zona por las corrientes de convección, lo que alimenta las imponentes tormentas eléctricas que producen rayos.


Sin embargo, la órbita de Júpiter está cinco veces más lejos del Sol que la de la Tierra, lo que significa que el planeta gigante recibe 25 veces menos luz solar que el nuestro. Por tanto, los polos, que no tienen ese calor adicional de nivel superior que recibe su ecuador, no tienen estabilidad atmosférica, permiten que los gases cálidos del interior de Júpiter se eleven, impulsando la convección y generando los relámpagos.