Stephen Hawking

“Siento el deber de informar a la gente sobre la ciencia”. Esta puede ser una buena carta de presentación para un hombre que empleó su vida en desentrañar los misterios del universo y acercarlos a la compresión de el público.

Impedido físicamente en una silla de ruedas de su juventud, su capacidad mental nos dio un nuevo punto de vista de la existencia humana. Stephen Hawking ha fallecido la madrugada del 13 al 14 de marzo de 2018 en su casa de Cambridge. Con él se van los anhelos inmortalidad que perseguía su estudio del tiempo, el espacio, la naturaleza propia del cosmos y de los agujeros negros.

Estos últimos, a lo largo de su vida, se convirtieron en puertas a través de las cuales poder explorar aspectos de la existencia desconocidos para el ser humano. En una entrevista de Nuño Domínguez en septiembre de 2015 publicada en El País, Hawking explicaba la nueva concepción que tenía de los agujeros negros.

Los agujeros negros son la máquina de reciclaje definitiva: lo que sale es lo mismo que entró, pero procesado.

También le preocupaba el momento en que el hombre alcanzara la singularidad porque debemos, explicaba, asegurarnos de cómo programamos la Inteligencia Artificial.

Los ordenadores superarán a los humanos gracias a la inteligencia artificial en algún momento de los próximos cien años. Cuando eso ocurra, tenemos que asegurarnos de que los objetivos de los ordenadores coincidan con los nuestros.

Como rasgos de su personalidad destacaba su ironía y sentido del humor. Una base sobre la que sus libros se venden por millones en todo el mundo.

Tengo que admitir que, cuando no sigo el hilo de una conversación, suelo sumirme en reflexiones sobre física y agujeros negros.