Motor
La canciller alemana Angela Merkel. EP
Llegan difíciles para los coches Diésel, quienes en su momento fueron una opción económica y de impulso, hoy tienen los días contados

Durante treinta años, Alemania fue uno de los grandes impulsores de la tecnología Diésel, hasta convertirla en la base de los coches que se fabricaban en ese país, pero la preocupación por el medio ambiente ha cambiado todo.

El pasado 27 de febrero de 2018, el Tribunal Administrativo de Leipzig dio luz verde a los ayuntamientos alemanes para prohibir la circulación de coches con motores diésel en los centros de las ciudades.

La Asociación de Servicios Locales (VKU), casi al mismo tiempo, avisaba que, si la industria automovilística no se pone las pilas, las ciudades buscarán autobuses, coches y camiones eléctricos fuera del país.

Paralelamente, la Comisión Europea ha autorizado este lunes el programa con el que Alemania pretende invertir 70 millones de euros en apoyar la compra de autobuses eléctricos y la construcción de infraestructuras de recarga de baterías por parte de operadores públicos de transporte, al entender que la medida contribuye a reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y no genera distorsiones sobre la competencia.

Según informa Bloomberg, ha sido un alto cargo del Gobierno alemán el que ha anunciado que se está estudiando muy en serio la obligatoriedad de que todos los coches que se vendan a partir de 2030 sean eléctricos.

Lo subraya el Secretario de Estado de Energía alemán, Rainer Baake:

"El compromiso de Alemania de cortar las emisiones de CO2 entre un 80 y un 95 por ciento para 2050 es inalcanzable a menos que el país reduzca radicalmente la polución producida por el transporte".

 "El hecho es que no ha habido una reducción significativa de las emisiones de CO2 en el transporte desde 1990".

En abril de 2017, el gobierno de Ángela Merkel anunció un programa de estímulo del coche eléctrico de mil millones de euros. Una iniciativa seria, pero insuficiente porque según las propias estimaciones del Ministerio de Medioambiente este programa no podría, por sí solo, conseguir los objetivos marcados para 2050.

Por eso, el gobierno tiene ya sobre la mesa la prohibición de venta de coches no eléctricos en 2030:

"Esa es la fecha tope para que, teniendo en cuenta que los coches tienen una vida útil de unos 20 años, lleguemos en óptimas condiciones a 2050".