Motor
Audi gama S The Motor Lobby

Soy un creciente defensor de la nueva corriente automovilística que promueve una circulación plenamente eficiente en entornos urbanos que permita un uso mucho más equilibrado por parte de todos los implicados, pivotando con fuerza en los nuevos servicios de movilidad compartida y economía colaborativa. Dicho esto, sigo siendo un amante de los coches que transmiten sensaciones más allá de trasladarnos del punto A al B de la manera más barata y menos contaminante posible.

Enmarcados en ese tipo existen muchos modelos de deportivos capaces de erizarnos el vello pero que luego resultan poco útiles en el día a día, así que creaciones como los modelos S de Audi son para mi una especie a proteger que no puede entrar en vías de extinción. Coches capaces de enfrentarse a una jornada de circuito sin amilanarse y trasladarnos a la quinta esencia de la conducción en una carretera con curvas pero que se comportan como educados compactos en ciudad y que al llevar a los niños al colegio despiertan envidias inconfesables entre los padres poseedores de los tan de moda SUV o crossover.

 

El Audi S2 Coupé de 1990 marca el pistoletazo de salida de estos modelos que beben de la herencia en competición del Audi S1 con el que Walter Rörl arrasó en el mundial de rallyes a mediados de los 80. La variante Avant del S2 es objeto de culto entre los audistas, y hoy en día hay un modelo para cada tipo de cliente con la S brillando con orgullo en todo tipo de tamaños y carrocerías, desde las de dos, tres, cuatro y cinco puertas, las descapotables y, por descontado los omnipresentes SUV, aquí llamados SQ. Fue en 2012 cuando llegaron los primeros propulsores de gasóleo a la gama S precisamente coincidiendo con la introducción del primer todocamino el SQ5.

Los Audi S son un ejemplo de equilibrio entre elegancia y deportividad, con una discreción afinada al máximo para que sus dueños puedan circular con una sonrisa permanente en la cara sin que el resto de conductores sepan exactamente por qué. La suspensión, los frenos y la dirección tienen una puesta a punto específica que, sin llegar a la radicalidad de sus hermanos RS, pensados para conductores más “quemados”, consiguen que cualquier carretera se quede pequeña para exprimir a fondo sus posibilidades.

 

Una máxima en todos los modelos firmados con la S es que todos los modelos montan la afinadísima tracción a las cuatro ruedas Quattro que es parte del ADN de la marca de los 4 aros. Esta transmisión es la gran culpable de su gran equilibrio y noble comportamiento en toda circunstancia, otorgándoles además un plus de versatilidad innegable a la hora de adentrarnos en carreteras con firmes deslizantes. A nivel mecánico, el escalón de acceso es un divertídisimo Audi S1, siendo el motor menos potente un 2.0 TFSI de 231CV. El rey de la manada S es el S8 cuyo bloque V8 lleva la potencia hasta los 520CV, pero entre medias tenemos los S4 y S5 con las mecánicas V6 como algunas de las más equilibradas y satisfactorias.

La diferencia de precio entre un modelo S y su equivalente "normal" en la gama Audi es de, aproximadamente, un 30% en los vehículos pequeños y un 40% en los medianos y grandes. El más barato de todos es el S1, que cuesta 35.990 euros, mientras que el más caro es el S8 plus, por el que debemos pagar 136.460 euros.