Motor
El ministro Juan Ignacio Zoido y el director general de Tráfico, Gregorio Serrano. EF

La relación entre Juan Ignacio Zoido, actual ministro del Interior y Gregorio Serrano, director general de la DGT, se fraguó muchos años atrás entre las paredes del consistorio sevillano donde uno era alcalde y el otro, concejal.

 Serrano es testigo de los tejemanejes que ha sufrido el PP de la capital de Andalucía, siempre bajo la sombra de Javier Arenas y con el liderazgo ausente de Juanma Bonilla, un dirigente que mira para otro lado con los problemas del partido en Sevilla.

Fue precisamente en su vivienda de la ciudad hispalense donde decidió gestionar la crisis que ahora le acecha. Mientras el caos se apoderaba de la AP-6, Gregorio Serrano despachaba desde su casa.

Cuando Zoido emergió, Serrano ya estaba ahí. El ahora director de la DGT había sido la mano derecha de su predecesor y supo ganarse al ministro.

"Gregorio era muy cercano al anterior candidato a la Alcaldía. Cuando Zoido llega al Ayuntamiento sigue contando con Gregorio y fue cada vez confiando más en él", según recoge Marta Espartero en El Español.

No es de extrañar porque ambos tienen mucho en común: son de esos políticos andaluces que adoran las relaciones públicas, la guasa. Que son capillitas y hermanos de alguna cofradía.

Que no fallan a una Feria de Abril y que acuden, pertinentemente, a alguna corrida taurina. A Zoido y a Serrano les une, además, su pasión por la náutica. De hecho, han compartido algún viaje en barco, como uno en julio de 2016 a bordo del Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada Española.

Gregorio Serrano es una pieza sólida del círculo de confort de Zoido. Fue, durante más de 13 años, concejal en el Ayuntamiento de la capital, antes y después del ministro, que ganó y perdió Sevilla con la misma facilidad.

El director de la DGT ocupaba varias carteras en el equipo de 20 concejales que marcó la trayectoria del de Interior, como "una especie de pulpo con muchos tentáculos", cuenta Carlos Navarro Antolín, redactor jefe del Diario de Sevilla. Serrano asumía las funciones de delegado de Fiestas Mayores, de Turismo y de Economía y Empleo, pero también tenía a su cargo Mercasevilla -germen del caso ERE- y la extinta televisión local.

Puede que, antes de dar el salto a Madrid, el mayor sapo que Gregorio Serrano hubo de tragar fue debido a su gestión al frente de la ruinosa empresa mixta Mercasevilla. La dejó con una deuda aún mayor que cuando la recibió, sobre todo por los gastos que conllevaba la externalización de varios de sus servicios en 2013, como la limpieza y mantenimiento de la compañía.

Pero "el momento de mayor angustia de su vida política", según Navarro Antolín, fue cuando llevó a cabo el ERE que eliminó 129 puestos de trabajo. Fue un chaparrón que encendió a los trabajadores y por el que llegó a recibir amenazas en redes sociales e incluso pintadas en su domicilio.

Fuente original: El Español/Leer más

VÍDEO DESTACADO: El mensaje friki y con mala baba de Antón Losada al ministro Zoido