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Inmigrantes detenidos en Ceuta Agencias
La valla tiene un punto débil que las mafias del tráfico de personas aprovechan para organizar avalanchas

EL balance de los saltos a la valla de Ceuta en los últimos seis meses demuestra que las mafias de la inmigración ilegal tienen localizados los puntos vulnerables de esta frontera con Marruecos.

Entre octubre de 2016 y febrero de 2017, han cruzado ilegalmente la valla ceutí más de mil quinientos subsaharianos.

El Centro de Internamiento de Extranjeros de Ceuta está desbordado y la solución, como afirma el delegado del Gobierno en esta ciudad autónoma, no es ampliar el número de plazas, porque una medida así tendría efectos incentivadores.

Los últimos asaltos se han caracterizado por una especial violencia de los inmigrantes, con el saldo de 29 guardias civiles heridos.

Una visión excesivamente sentimentalista de este problema desenfoca su gravedad e impide un análisis eficaz en la búsqueda de soluciones, que sólo pueden optar por la aplicación de un mayor control migratorio y una agilización de los planes de devolución, discriminando a quienes tienen derecho al asilo y refugio de aquellos que no lo tienen.

A principios de marzo de 2017, la Comisión Europea instó a los miembros de la Unión a expulsar a más de un millón de inmigrantes en situación irregular y a ampliar hasta dieciocho meses el plazo de retención de inmigrantes, el máximo previsto por la normativa europea, con la finalidad de que los Estados tengan tiempo para ejecutar los procedimientos de expulsión.

Por tanto, la presión sobre la frontera con Marruecos en Ceuta no es un hecho aislado en el problema general que representa la inmigración ilegal en Europa, pero requiere una atención especial por la singularidad de la relación con el reino alauí.

De hecho, la decisión del Tribunal de Justicia de la UE de excluir del acuerdo agrícola con Marruecos los productos procedentes del Sahara provocó una reacción de malestar en el país vecino, que cuestionó la colaboración con Europa en materia migratoria.

Aunque Marruecos ha frenado asaltos importantes en los últimos meses, resulta necesario estabilizar las relaciones entre la UE y este país, aliado necesario de Europa también en la lucha contra el terrorismo yihadista.

La eficacia de las medidas contra la inmigración ilegal en Melilla deben servir de pauta para futuras decisiones sobre Ceuta, cuya valla tiene un punto débil en el que las mafias del tráfico de personas organizan avalanchas de cientos de inmigrantes, muchos de ellos dispuestos al enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los agentes de la Guardia Civil.

La política migratoria no debe caer en radicalismos simplistas, que alimentan la xenofobia, pero, por razones elementales de seguridad colectiva e integración, tampoco debe sucumbir al falso humanitarismo de aquellos grupos políticos y sociales que reclaman irresponsablemente una política de fronteras abiertas.