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Cabello y Maduro EFE

Tras la ocurrencia de retirar los billetes de 100 bolívares, parece que ya no queda un ápice de responsabilidad en toda la cúpula bolivariana, asesorada monetariamente por Podemos

SE agotan los adjetivos para calificar el grado inédito de estulticia de la gestión de Nicolás Maduro. Desde que está al frente del régimen revolucionario venezolano ha acelerado sin cesar la descomposición económica y política del país y, aunque parezca difícil, ha logrado que a cada una de sus ocurrencias le siga una aún más descabellada.

La última, la retirada desordenada de los billetes de cien bolívares con el pretexto de contrarrestar una supuesta «maniobra de sus enemigos», rebasa todos los límites del extravío.

Es decir, que para impedir que se lleve a cabo un complot imaginario destinado, según él, a dejar sin papel moneda a los venezolanos, lo que ha hecho ha sido retirar directamente los billetes.

Es muy difícil encontrar en la historia reciente de los países civilizados una decisión como esta.

Lo que ha hecho Maduro es del todo inaceptable. Y aunque la violencia (caos, pillaje, asaltos a comercios) no se pueda justificar en ningún caso, es finalmente el resultado de la desesperante escasez de alimentos básicos en la mayor parte del país.

La tesis de que los nuevos billetes no han llegado debido a un supuesto sabotaje no puede sino aumentar la irritación en las calles.

Es más, semejante dislate revela que, más allá del desnortado presidente, en la cúpula del régimen chavista no queda un ápice de responsabilidad. Y entre esos corresponsables hay que señalar a los «asesores» que en nombre de utopías populistas cobraron sumas nada irrelevantes por dar consejos sobre política monetaria al régimen en el que dijeron inspirarse políticamente.

La conexión entre el régimen chavista y los demagogos fundadores de Podemos (tan estupendamente remunerada) no es una simple coincidencia. La falta de una rectificación y una condena explícita del totalitarismo chavista indica que tales nexos siguen existiendo.

No es nuevo que la situación de Nicolás Maduro es desesperada. Con una inflación desbocada y el petróleo tan barato, la economía venezolana está colapsada.

Esta maniobra de retirar los billetes de cien bolívares es simplemente un intento de desviar la atención ante un hecho capital: que el régimen no tiene dinero para pagar a sus funcionarios ni a los pensionistas, en suma, que el Ejecutivo de uno de los países más ricos del mundo está en la ruina más absoluta debido al mal gobierno de sus dirigentes.

Tal vez hubo un tiempo en el que Maduro -al menos antes de ser derrotado abrumadoramente en las últimas elecciones legislativas- podría haberse retirado en silencio.

Ahora ya es muy difícil que escape de rendir cuentas por haber destruido literalmente a Venezuela.