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Pablo Igleias y el apoyo de Podemos a los verdugos chavistas de Venezuela. VZ

NO se necesitan muchos argumentos para demostrar que en Venezuela se ha instaurado un régimen totalitario que viola los derechos humanos más elementales: hay presos políticos, las elecciones son manipuladas, se castigan las opiniones con la cárcel y se asesina a los manifestantes.

Incluso el impresentable Maduro ha llegado a definirse como dictador. Cualquier persona intelectualmente honesta percibe que lo que está sucediendo en Venezuela es inaceptable.

Los testimonios que ha programado el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, difícilmente descubrirán nada que no se conozca ya de los abusos del chavismo.

Sin embargo, la dictadura venezolana también es especialista en aprovechar cualquier argumento para manipular las críticas que recibe y convertirlas en ataques, y así invocar el apoyo de sus seguidores y justificar un aumento de la represión hacia los disidentes.

Tampoco cabe duda de que Maduro y sus cómplices van a utilizar esta gestión en la OEA para sacar a relucir sus inconsistencias jurídicas y para atacar a Almagro, cuya actitud no puede ponerse en duda.

Por desgracia, también existen muchas posibilidades de que esta iniciativa provoque divisiones en el seno de la organización y que, a la postre, se convierta en un argumento para reforzar a Maduro, ahora que tanto lo necesita.

El concepto de «crímenes contra la humanidad» es muy serio como para hacer análisis frívolos, pero en todo caso no puede hacerlos el chavismo. Sea como fuere, los testimonios que se escuchen en Washington hablarán por sí mismos.

Le guste o no a Maduro. Y algún día, en un futuro próximo, las consecuencias que ha provocado directa o indirectamente su gestión al frente del régimen serán plenamente conocidas y castigadas.

 

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