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El vergudo Nicolás Maduro y su compinche Tareck el Aissami. VZ
Los bonistas que negocien con él se arriesgan a 30 años de cárcel

Experto en cocaína, capo narcotraficante, verdugo y ladrón, y además vicepresidente de la Venezuela chavista.

Tareck El Aissami  convocó la semana pasada a los tenedores de bonos estatales a una reunión en Caracas para renegociar su aplastante deuda. Pero algunos inversionistas temen que la reunión podría hacerlos terminar tras las rejas por negociar con el líder de una banda de narcotraficantes, el otro trabajo de El Aissami, según la justicia estadounidense.

El Aissami, sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos este año a raíz de acusaciones de que supervisaba una red de contrabando de cocaína, es uno de los principales operadores que controlan la política venezolana con mano de hierro.

Encargado a menudo de transmitir los mensajes más cruciales del presidente Nicolás Maduro, acribilla a los críticos públicamente, denuncia infinitas conspiraciones contra su Gobierno y amenaza con acciones judiciales a líderes opositores, que van desde el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, hasta Luisa Ortega, la fiscal general disidente.

Ahora está a cargo de una delicada danza financiera en la cual los inversores y los fondos corren el riesgo de enfrentarse a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos.

No es solo que las sanciones estadounidenses prohíben a los ciudadanos estadounidenses recibir los bonos nuevos que Venezuela les entregaría como parte de la reestructuración, sino que El Aissami está catalogado como líder de una banda de narcotraficantes, según la Ley de Cabecillas del Narcotráfico (Kingpin Act).

Los ejecutivos corporativos estadounidenses que traten con él se arriesgan a multas y procesos judiciales que les pueden costar hasta 5 millones de dólares y 30 años de cárcel.

"Nadie querrá acercarse a algo que puede ser una violación de la OFAC", dijo Robert Koenigsberger, director de inversiones en Gramercy Funds Management, que se deshizo de su deuda venezolana hace un año.

"Si los venezolanos dicen 'Queremos hablar sobre la reestructuración con usted', yo diría 'No los dejo entrar en el edificio'. Por la noche, me gusta dormir en mi cama".

Mano derecha

Maduro, el sucesor elegido por el revolucionario socialista Hugo Chávez, había rechazado las exhortaciones a entrar en cese de pagos cuando el precio del petróleo, la savia de Venezuela, se desplomó hace tres años y la economía se derrumbó bajo el peso de los rígidos controles gubernamentales.

Los bonos enriquecieron a los operadores de Wall Street mientras los venezolanos pasaban hambre, y se contaron entre las operaciones más rentables en los mercados emergentes. Pero ahora, hasta Maduro reconoció que la carga de la deuda es insostenible, y los acreedores deben lidiar con un socio negociador desagradable.

El Aissami estuvo sentado al lado de Maduro la semana pasada durante un discurso maratónico televisado, en el cual el presidente dijo que un pago de 1,100 millones de capital sobre bonos de la compañía petrolera estatal PDVSA que vencía el jueves sería el último en realizarse antes de que el país comience las negociaciones con los acreedores.

"Acordaremos una renegociación de nuestra deuda soberana, un refinanciamiento que abrirá nuestros horizontes para seguir invirtiendo en nuestro modelo social, para seguir garantizando la protección de los salarios, el trabajo y la medicina del pueblo", dijo El Aissami.

La definió como "una decisión histórica y soberana".

Los títulos se desplomaron de manera casi global el viernes. Algunos de los bonos más caros del país cayeron 18 centavos por dólar. Muchos se negocian ahora por debajo de 30 centavos, y estrategas de Bank of America dijeron que los precios podrían llegar a bajar hasta los 20 centavos.