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Echenique dio tumbos por otros partidos hasta llegar a Podemos para criticar incluso servicios que él ha recibidido como pocos

Albano Dante Fachín es el último gran fichaje para el público general. Pero no fue el primero ni, probablemente, será el último.

Pertenece a una larga saga de argentinos aterrizados en España que no juegan al fútbol ni son actores ni psicoanalistas, como reza el tópico, sino a la política.

Son un auténtico lobby, en el sentido figurativo, y todos está cortados por un patrón ideológico similar: forman parte de partidos de la izquierda más radical, aunque ellos prefieren situarse en esa nueva ola de dirigentes salidos de la calle.

El segundo Pablo de Podemos

El más insigne de todos es uno de los mandamases de Podemos, Pablo Echenique, argentino de nacimiento y aragonés de corazón. Hasta España llegó a lograr lo que su país natal le negó: una atención médica acorde con su grave enfermedad, una carrera universitaria a la altura de su capacidad de estudio y, finalmente, una plaza de investigador (Twitter se parte de risa con la "limpieza democrática" que Echeminga le aplica a Fachin, que busca ahora trabajo en ERC).

Incluso llegó a ser militante de Ciudadanos y defensor de la Guerra de Irak, tal y como él mismo tuvo que reconocer en una carta pública cuando trascendieron esos datos biográficos.

Ni su propia experiencia le sirvió para arramblar contra la educación o la sanidad españolas, dos de las banderas con que concurrió su partido a las Autonómicas en Aragón (El antológico corte que Ruiz le mete al plomizo 'Echeminga' por insistir en que los golpistas son presos políticos).

"Haremos lo posible por dar sanidad universal a todas las personas aunque el Gobierno se oponga a ello", llegó a decir pese a que ese derecho ya goza de estatus general.

La mano derecha de Pablo Iglesias, sumergido hace unos meses en una larga polémica que aún no ha remitido al conocerse que no pagaba cuotas a la Seguridad Social por su propio asistente, se caracteriza también por ser más comprensivo con el secesionismo que con la Constitución, a pesar de ondear la bandera de un de los Reinos antiguos de España, el aragonés, inspirador incluso de la bandera catalana.

Con mensajes demoledores incluso sobre las manifestaciones que, en favor de la Carta Magna, han llenado las calles de Barcelona y de otras ciudades.

Pisarello, la voz de Colau

No muy lejos de su Zaragoza del alma, irrumpe otro argentino con poder. Se llama Gerardo Pisarello, es teniente de alcalde de la Barcelona de Ada Colau y se hizo famoso por arrancar la bandera de España a Alberto Fernández, concejal del PP, cuando iba a instalarla en la fachada del Ayuntamiento. "Me salió el alma republicana", dijo entonces para justificarse.

Pisarello, amigo personal de Pablo Iglesias, tiene probablemente otras razones que de algún modo explica también la actitud de la propia Colau, a quien se atribuye una querencia por el independentismo cada vez más indisimulada (Gerardo Pisarello, mamarracho y amigo de los montoneros).

Quizá sea la influencia de este abogado llegado de Argentina a principios de los 2000, muy ligado al movimiento 'Argentinos por la independencia', una entidad integrada de facto en la Asamblea Nacional Catalana. Esta entidad, entre otras cosas, ha llegado a comparar el conflicto de las Maldinas con el de Cataluña, sin demasiado éxito.

El teniente de alcalde barcelonés, hijo de un asesinado por la dictadura de Videla, es un foco de conflictos constantes: él se hizo la fotografía retirando el busto del Rey Juan Carlos del salón de plenos del Ayuntamiento condal y discutiendo la instalación de una imagen de su sucesor, Felipe VI. También se recuerda la controvertida incorporación al Consistorio, con retribución pública, de su compañera sentimenal, Vanesa Valiño, como asesora del área de Vivienda.

Pero donde más ha destacado, sin duda, es en su posicionamiento a favor de la independencia, oficialmente negada, pero sugerida constantemente de manera indirecta o incluso directa, en una extensión del propio pensamiento de Ada Colau, cada vez más volcada hacia el soberanismo.

Fachín, de la nada al vacío

De quien más se ha hablado en los últimos días es, no obstante, del primer nombre de la lista. Albano Dante Fachín, el argentino de moda, procede del 15-M y tiene por madrina a la monja Forcades, otro personaje polémico hoy más escondido que en 2013 encabezó un movimiento denominado 'Proceso Constituyente en Cataluña' (Albano Dante Fachin dimite como líder de Podem y se da de baja en el partido de Pablo Iglesias).

Allí empezó a hacerse notar este oriundo de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, que dice ser periodista y activista a partes iguales, aunque no se le conoce trabajo cotizado hasta que terminó de diputado en el Parlament como número 5 de la lista de Catalunya Sí que es Pot y liderando la sucursal de Podemos en Cataluña hasta su caída en desgracia reciente.

Su pareja, Marta Sibina, también es diputada, en el Congreso de Madrid, por En Común Podem. No le ha ido mal a la alianza, al menos a efectos laborales.

Melodramático como una mala copia de Darín o Luppi, Fachín se ha echado al monte independentista y habla de España como si fuera la Argentina de la dictadura militar, hasta el punto de molestar al mismísimo Iglesias, cansado de un verso suelto que copia y mejora sus propios excesos.

Aunque Albano ha perdido ahora su puesto en Podemos, se da por hecho que seguirá inflamando conciencias en alguna lista de la izquierda soberanista, para atraer así a los votantes aún más radicales del Podemos catalán, aliado inquebrantable del partido de Colau. ERC o la CUP, de un modo u otro, parecen su nuevo destino.

Caram, la última será la primera

El listado podría incluir a otros políticos latinoamericanos conflictivos, como la concejala peruana de Madrid, Rommy Arce, o a una argnetina más de corte notablemente menos polémico, caso de la diputada de Compromís Graciela Ferrer (Twitter empala a Sor Lucía Caram por sus ansias independentistas y le recuerda lo poco democráticos que son algunos referéndum).

Pero el último lugar le corresponde al primero de los argentinos que se hizo célebre en España con un verbo incendiario y un apoyo cerrado al soberanismo. Aunque comenzó todo en los fogones de un programa de 'Canal Cocina', lo que hizo famosa a Lucía Caram fue su título oficioso de 'Sor Tertulia'.

En los platós de televisión medró la monja más lenguaraz del momento, más devota de Artur Mas que de Cristo, capaz de arramblar contra todo aquello que osara discutir la supremacía del entonces líder o de su amado Barça.

Rocambolesca e incontinente, Sor Lucía abrió el camino que otros han transitado con un final incierto que, para todos ellos, es sin embargo muy cierto: la ansiada República, esa entelequia para el 90% de los españoles que paradójicamente es un sueño para oriundos del otro lado del charco.

Albano Dante-Fachín abronca a Javier Ruiz porque no entiende sus patrañas de podemita purgado