Mundo
Nicolás Maduro YT

LA economía venezolana ha tocado fondo. Las agencias de calificación han pronunciado ya la sentencia fatídica de considerar insolvente al país, lo que tendrá consecuencias catastróficas al cerrarle totalmente las fuentes de financiación.

El régimen de Nicolás Maduro ni siquiera puede ya utilizar el burdo mecanismo de imprimir papel moneda, porque la inflación cabalga al 800 por ciento. Y como la estructura productiva está devastada, las importaciones serán imposibles, porque nadie aceptará vender a un cliente quebrado.

Caracas ni siquiera puede reclamar ayuda del Fondo Monetario Internacional, ya que hace diez años Hugo Chávez rompió con el organismo por razones ideológicas.

Esta es la estación término del desastre al que ha conducido a Venezuela la revolución bolivariana. Hace treinta años nadie hubiera creído que un país petrolero, rebosante de riquezas naturales, acabaría en esta vía muerta, en la que se ha estrellado un régimen totalitario que ha dilapidado todos sus recursos y ha destruido la economía con una tenacidad sin parangón.

Los efectos del chavismo son equivalentes a una guerra, solo que en este caso no ha habido más conflicto que el de las absurdas políticas de Nicolás Maduro.

El autócrata puede seguir engañándose, creyendo que es posible un acuerdo con los acreedores, que puede renegociar sus deudas, como ya ha hecho con Rusia, y que los policías que ha enviado a intimidar a los comerciantes harán el milagro de reactivar la economía.

Pero nada de eso funcionará. La ideología que quería ser el ejemplo de emancipación para el mundo, y que quiso implantarse -incluso en España- a través de la financiación de movimientos afines, está ahora postrada ante la inminencia de la catástrofe definitiva.

Riobóo: "Podemos no hubiese sido posible sin el dinero de Irán y Venezuela"