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Jorge el Tigre Acosta y el excapitán Alfredo Astiz, frente al tribunal. EF

La Justicia argentina condenó por primera vez y con varias cadenas perpetuas a los responsables de los vuelos de la muerte, el sistema de exterminio de los detenidos desaparecidos que acabó con la vida de unas 4.000 personas, lanzadas al mar desde aviones militares después de haber sido drogadas.

La dictadura militar argentina se extendio de 1976 a 1983 y fue atroz.

La sentencia del mayor juicio de la historia de este país, la llamada megacausa de la ESMA, con 54 imputados por los delitos cometidos contra 789 víctimas, fue finalmente histórica y determinó la condena a cadena perpetua de 29 implicados, incluidos algunos de los más conocidos represores, ya condenados por otras causas.

Hubo 6 absoluciones y el resto fueron condenados a penas entre 8 y 25 años.

Han pasado 40 años, pero la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) está casi intacta. Por eso Miriam Lewin, que estuvo allí secuestrada dos años, puede situarse en el lugar exacto en el que los detenidos eran drogados con Pentotal antes de ser desnudados y subidos a camiones que los llevarían a un avión desde el que los lanzarían al mar.

"Era exactamente aquí, en este espacio, donde estaba la enfermería y donde ahora están ustedes. Y se los llevaban por esos escalones hasta un camión en el patio. Lo hacían cada miércoles. Los elegidos tenían que pararse cuando escuchaban su número y caminar hasta acá en fila india".

Eso se cuenta a los sobrecogidos visitantes de la ESMA, el más conocido de los centros de detención, tortura y desaparición de la dictadura argentina, que está en el corazón del coqueto barrio de Nuñez y organiza visitas mensuales con supervivientes.

Los jueces condenaron a buena parte de los imputados a cadena perpetua por múltiples crímenes -secuestro, tortura, asesinato- cometidos en la ESMA, entre ellos el excapitán Alfredo Astiz y a Jorge el Tigre Acosta, dos de los más conocidos.

Pero las sentencias más significativas fueron contra Mario Daniel Arru, Alejandro Domingo D'Agostino, Francisco Armando Di Paola y Gonzalo Torres de Tolosa, condenados a cadena perpetua por su responsabilidad material en esos vuelos de la muerte.