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Captura de la cámara de seguridad de un hotel de Koh Kong.

Los guardaespaldas de Hun Sen, pillados propinando una paliza a los empleados de un hotel

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Una cámara de seguridad hace tambalear al sátrapa camboyano Hun Sen

Joaquín Campos (Especial para PD desde Kampot), 02 de mayo de 2012 a las 10:17

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El pueblo camboyano, absolutamente ignorado por el resto del mundo cuando allá por los años 70 -exactamente entre el 76 y el 79- era asesinado a centenares diarios por obra y gracia de Pol Pot, el mayor asesino de la historia de la humanidad, levanta ahora cabeza gracias a las nuevas tecnologías.

Quién lo diría, en un pueblo que en su inmensa mayoría sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza junto a charcas insalubres y dándole al azadón, el único instrumento que, junto a las nuevas tecnologías, están salvando a la devastada población camboyana, a la que ya casi sólo le queda mirar a sus magníficos cielos azules para saber que habrá mañana.

Porque gracias a una cámara de seguridad de un hotel, y a la pericia de posiblemente algún empleado que colgó las imágenes en internet, Hun Sen, primer ministro más longevo de Asia, se tambalea en su puesto por la presión social que han causado los videos que demuestran que, hace una semana, sus lugartenientes, una panda de cuatro guardaespaldas demasiado crecidos, golpearon hasta casi la muerte a los trabajadores del hotel donde se alojaban. --Hun Sen Bodyguards Questioned Over Koh Kong Assault--

Incluso los masacrados, que solicitaron la ayuda a la policía local de la provincia de Koh Kong, lugar donde acontecieron los hechos, comprobaron que la solución iba a ser compleja al ser testigos de cómo los mismos cuatro guardaespaldas pateaban hasta el hospital al propio policía militar.

Para entender cómo es posible que unos guardaespaldas puedan llegar a semejante desbarajuste, habría que retroceder en el tiempo, sin ir muy lejos, para entender quién es Hun Sen, primer ministro camboyano con más años en el poder de cualquier nación del mundo: en dos etapas, de 1985 a 1993, y de 1998 a la actualidad. Y no se sabe cuándo terminará su ‘gesta'.

Hun Sen comenzó a ser noticiable cuando era menor, decidiendo unirse a los Jemeres Rojos de Pol Pot, el mayor aniquilador de la humanidad, al que ayudó a quitarlo de en medio gracias a su copioso interés por el poder. Esto le llevó a Vietnam, país que consiguió finiquitar la cruzada de Pol Pot, que se llevó por delante al 25% de la población, siendo éste el mayor genocidio de la historia documentada de la humanidad con mucha diferencia por delante del que cometieron Hitler y sus secuaces, a los que parece ser en Europa sí prestamos atención.

Hun Sen, que a la hora de tomar Phnom Penh con los Jemeres Rojos perdió un ojo -desde entonces lo lleva de cristal-, es también conocido por el golpe de estado que llevó a cabo en el año 97, que le volvió a aupar al poder, y por su enorme amistad con la casa real camboyana, que aparte de cederle honores y vivir a su sanguinaria sombra, es famosa por haber indultado a uno de los mayores terroristas de la humanidad: Alexander Trofimov, ciudadano ruso con más de una decena de cargos a sus espaldas de la pederastia más abusiva y enfermiza. Porque si el Rey libra de la cárcel a pederastas y el primer ministro ha sido Jemer Rojo, podríamos decir sin temor a equivocarnos que en Camboya, auténtico paraíso de la humanidad, el futuro no es halagüeño.

Hun Sen tampoco es querido en demasía por Amnistía Internacional, que le acusa de las prácticas más sanguinarias jamás vistas -aprendió de Pol Pot- contra la oposición o los mismos miembros de sus partido que no quisieron postergarle en el cargo. Descargas eléctricas, ahogamientos con bolsas de plástico, desapariciones.

Pero internet, esa soberbia arma que China domina a su antojo -por eso el PCCh sigue aupado en el poder- ha desenmascarado a los guardianes del primer ministro, que no se sabe nunca si habrían sido detenidos si algún héroe anónimo no hubiera subido a la red las imágenes que hoy dan la vuelta a Camboya para sonrojo de su paupérrimo y golpeadísimo pueblo.

Los datos siembran de minas el futuro de Hun Sen: 10.000 visitas en primer día de emisión de las imágenes de la paliza, 60.000 tras concluir el primer fin de semana, y algo más de 80.000 hoy martes. Y claro, estas cifras no podrían ser llamativas si no fuera porque en Camboya, África en Asia, los conectados a internet no llegan a los 80.000 -uno de los últimos países del mundo, por detrás de Burundi y sólo por encima de Sierra Leona y Corea del Norte-, un 0'6% de su población. Entran entre los afortunados con señal al Facebook la inmensa cantidad de oenegés, diplomáticos y pudientes que demacran a un país siempre tan lejos de la justicia.

"Por una vez la gente honrada tendrá justicia. El Presidente comerá del rancho de la prisión de Koh Kong", se aventuró ayer a decir un internauta en comentario tan exitoso que hasta el Cambodian Daily, único diario que parece se niega a beber los vientos del primer ministro Hun Sen, dio espacio.

No es la primera vez que internet genera problemas al gobierno camboyano. De un par de años a esta parte, dos han sido los casos que han llegado hasta una parte importante de la opinión pública: el primero, un video colgado en Youtube, en donde se veía a la perfección como los policías de la provincia de Kratie cesaban a tiros una manifestación de campesinos que reclamaban recuperar sus tierras, expropiadas a la fuerza por el gobierno; la segunda vez que los internautas pusieron el grito en el cielo, fue cuando un antiguo oficial de la policía camboyana fue detenido, tras la emisión de las imágenes en internet, por robar y asesinar a una tendera del mercado de Phnom Penh, capital de Camboya.

A la semana de la emisión de los videos en donde sus guardaespaldas golpeaban hasta casi la muerte al pueblo llano, el primer ministro Hun Sen, fue requerido por parte de los periodistas presentes en una rueda de prensa donde se iban a tratar otros temas.

A causa de esto, el acto comenzó sin el periodista del Cambodia Daily, único medio que informó de sus democráticas intenciones. TVK, Bayon TV, Apsara YVSI y otra ristra de medios, continuaron con sus labores sin tener en cuenta la esencia de la profesión. El hecho de que Camboya sólo posea a miles de cooperantes internacionales, y prácticamente a ningún corresponsal extranjero, ayuda a que este sistema corrupto auspiciados por su Rey -Norodom Sihamoní- y por su primer ministro -Hun Sen- se perpetúe en el poder.

Mientras escribo esta crónica, la dueña de un bar en plena ribera del río Kampot, mueve sus brazos indignada junto al personal del negocio, niñas de entre doce y quince años, que no podrían haber accedido a esas imágenes si no llega a ser por el matrimonio de la patrona con un inglés que roza los setenta.



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