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Barack Obama.

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El proceso de desgaste político culminará en las legislativas de noviembre

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El año en que Obama empezará a tener la culpa

Este 2010 se presenta como una espiral de dificultades para el ocupante de la Casa Blanca

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Periodista Digital, 01 de enero de 2010 a las 11:38

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El año próximo, EE.UU. pasará del «Yes, we can» al «how much» (cuánto) de sus cuentas pendientes
Encuesta¿Merecía Barack Obama el Premio Nobel de la Paz?
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Barack Obama con su esposa Michelle.

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Barack Obama, un orador impresionante.

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Barack Obama baila con su esposa Michelle.

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Barack Obama entrega la Medalla de la Libertad a Joe Medicine Crow - High Bird.

  • Barack Obama en el Despacho Oval de la Casa Blanca.
  • Barack Obama con su esposa Michelle.
  • Barack Obama, un orador impresionante.
  • Barack Obama baila con su esposa Michelle.
  • Barack Obama entrega la Medalla de la Libertad a Joe Medicine Crow - High Bird.

La Casa Blanca, a pesar de todos los estereotipos de más o menos genial improvisación televisiva, es una aventura política medida casi hasta el último milímetro.

Con ritmos marcados, calendarios inalterables, márgenes de maniobra limitados y oportunidades contadas que son el resultado de todo el genuino entramado institucional dictado por la bicentenaria Constitución de los Estados Unidos.

Todo ello aderezado y matizado por un sistema presidencial que, en su modernidad, arranca con todo el ímpetu reformista y el protagonismo que Theodore Roosevelt, el vigésimo sexto presidente de la Unión, demostró al comienzo del siglo XX.

Explica, con su brillantez habitual, Pedro Rodríguez en ABC -"El año en que Obama empezará a tener la culpa"- que, con independencia de quién se sienta en el Despacho Oval de la Casa Blanca, tras la espectacular toma de posesión de cada mandatario y los cien primeros días de su luna de miel ejecutiva, la presidencia de Estados Unidos es realmente una carrera de ritmo trepidante durante los dos primeros años.

Pero esa prueba contrarreloj tiende a perder fuelle con los comicios legislativos de mitad de mandato. Ya que la tradición electoral, demostrada una y otra vez por el gigante norteamericano, propende casi de forma sistemática al castigo de quien ostenta el poder, sobre todo en graves situaciones económicas.

El año 2010 se presenta como una cuesta cada vez más empinada para Barack Obama, escalada que culminará en las elecciones previstas para el 2 de noviembre.

Una cita con las urnas en la que los estadounidenses renovarán todos los escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y la gran mayoría de los puestos de gobernador.

Existe bastante certeza entre la ciudadanía de que ese proceso propinará más de una significativa dentellada para el actual dominio que el Partido Demócrata ejerce en Washington.

Toda esta tesitura explica la insistencia de la Administración Obama por sacar adelante y materializar la mayor parte de sus prioridades de gobierno antes de llegar a noviembre de 2010, con el fin de evitar el obstáculo de una anticipada merma de escaños demócratas en el Congreso.

Y el lastre de un inevitable desgaste político ilustrado, por ejemplo, en la recurrente encuesta Gallup, que empieza a colocar al presidente por debajo del simbólico listón de un cincuenta por ciento de aprobación popular.

EL CIERRE DE LA PRISIÓN DE GUANTÁNAMO

Este año decisivo para el gobierno de Obama empezará necesariamente mal, con el incumplimiento de la promesa de cerrar la prisión extrajudicial de Guantánamo para el 22 de enero de 2010. Fue un error ponerle fecha.

La Casa Blanca no ha sido capaz de dilucidar qué hacer con los 215 «combatientes ilegales» todavía en su poder, y de llegar a un necesario entendimiento con el Congreso.

Sin poder rematar sus planes iniciales para repatriar o enviar a terceros países a casi la mitad de ellos. Además de procesar a una cuarentena de prisioneros en Estados Unidos, tanto en la jurisdicción civil como ante tribunales militares especiales.

Con el resto destinados a quedar en privación de libertad con carácter indefinido. Lo que se ha dado en llamar el limbo jurídico de Guantánamo.

Junto a ese compromiso frustrado, Obama empezará este 2010 acompañado de crecientes indicios de debilidad en su política exterior.

Sus primeras iniciativas diplomáticas han sido rechazadas de forma llamativa por Israel, China y Rusia. El intenso esfuerzo del presidente por conectar con Asia ha sido calificado como desastroso, empezando por la ridiculizada reverencia de Obama ante los emperadores de Japón.

LAS RETICENCIAS DE LOS ALIADOS

Mientras tanto, los aliados perciben que Washington tiene más detalles con sus enemigos que con sus amigos.

Además, los tres meses invertidos para dilucidar la futura estrategia militar en Afganistán han alimentado reproches de indecisión, en lugar de fomentar una imagen reflexiva y menos visceral que la de su predecesor, George W. Bush.

Estas limitaciones de liderazgo internacional también tendrán su impacto en el proceso para forjar un nuevo consenso en la lucha contra el cambio climático, que la reciente cumbre de Copenhague pretendió impulsar.

Ya que la Administración Obama, al carecer del respaldo del Congreso estadounidense, solamente ha sido capaz de plantear un tentativo recorte de sus nocivas emisiones de CO2 de tan sólo un 5,5 por ciento con respecto a los niveles registrados en 1990.

En contraste con la reducción de al menos un 20 por ciento planteada por la Unión Europea, que aumentaría hasta un 30 por ciento si las demás naciones industrializadas están dispuestas a realizar esfuerzos suplementarios.

Estas diferencias complicarán todavía más la formulación, en el marco de la ONU, de un tratado efectivo para suceder al protocolo de Kyoto. Probablemente todo este trabajo quede para la cumbre prevista el año próximo en México.

En el terreno doméstico, todo hace indicar que el año 2010 seguirá trayendo malas noticias para la economía de Estados Unidos, con toda clase de pronósticos sobre una cierta recuperación del crecimiento, pero sin descenso apreciable en el paro, ya que la creación de empleo requiere de una etapa de crecimiento sostenido.

Con una tasa de desempleo que apunta a subir más allá del 10 por ciento ya registrado oficialmente a finales de 2009. Lo que realmente significa que casi uno de cada cinco estadounidenses se encuentra sin trabajo o subempleado.

ALGO DESCONOCIDO DESDE 1929

Este escenario multiplicará previsiblemente las presiones sobre la Administración Obama para acometer un esfuerzo adicional de creación de empleo.

Con planes para comenzar el año con un segundo y millonario paquete de estímulo económico centrado en la lucha contra el paro.

Entre las ideas contempladas figuran más inversiones en infraestructuras, nuevas facilidades de crédito para las pequeñas empresas, incentivos adicionales para producir dentro de los Estados Unidos y la posibilidad de conceder subvenciones para evitar despidos.

Aunque la Casa Blanca parece más inclinada hacia la adopción de medidas puntuales, en lugar de volver a repetir la inyección de 787.000 millones de dólares realizada en 2009, con limitado impacto en el frente de la creación de empleo.

LAS DEUDAS ACUMULADAS POR EEUU

El problema que empezará a materializarse en 2010 es el creciente peso de toda la deuda acumuladas por EEUU, especialmente durante los dos últimos años: con un total de doce billones de dólares en números rojos, un déficit presupuestario previsto de 1,5 billones y pagos por intereses anuales que sobrepasan ya los 200.000 millones.

Situación que en el año 2010 se convertirá en una tormenta fiscal perfecta, al coincidir una ingente cantidad de nueva deuda, préstamos a corto plazo que vencerán en meses, y tasas de interés que volverán a subir en cuanto la Reserva Federal considere superado el peor tramo de la actual crisis.

Este explosivo panorama presupuestario promete renovadas batallas políticas entre demócratas y republicanos sobre el tamaño y el papel del gobierno federal, el equilibrio entre impuestos y gasto público, sin olvidar el ingente reto de hacer posible la jubilación en masa de todo el «boom» de población registrado tras la Segunda Guerra Mundial.

De la euforia del cambio y el «Yes, we can» -uno de los lemas que le aupó a la Presidencia-, EEUU tendrá que pasar en este año 2010 al «how much» -cuánto- de sus cuentas pendientes.

 


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