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Silla eléctrica YT

Ron Word ha visto cómo más de 60 presos condenados a muerte han sido ejecutados en el sistema penitenciario de EE.UU. Word, un periodista de 67 años, ahora retirado, fue testigo oficial de las ejecuciones estatales cuando trabajaba para la agencia Associated Press en Estados Unidos. A pesar de haber presenciado decenas de penas de muerte, el hombre aseguró en una entrevista exclusiva con Mirror que está atormentado por aquellas que salieron mal.

En 1990, Word estuvo presente en la ejecución de Jesse Tafero, quien había sido declarado culpable del asesinato de un oficial de policía y de un civil. Sin embargo, la silla eléctrica utilizada para quitarle la vida funcionó mal. En declaraciones al diario, el experiodista recordó cómo se produjeron llamas de casi un metro de altura desde la parte superior de su cabeza durante la ejecución, según recoge RT.

"El humo flotaba en la parte superior de la cámara de ejecución y se intercambiaban miradas horrorizadas entre los guardias de la prisión y los testigos", detalló el exreportero de AP. "Se cortó el suministro eléctrico y las llamas disminuyeron", prosiguió.

En 1997, Word atestiguó otra ejecución fallida, esta vez, la de Pedro Medina, declarado culpable -aunque lo negaba- del asesinato de un vecino. Una vez iniciado el proceso, las llamas le atravesaron la cabeza, justo después de que todos lo escucharan pronunciar las palabras: "Todavía soy inocente".

"En ambos casos, los funcionarios habían sustituido una esponja artificial en el casco. Cuando se suministraba energía, las esponjas se incendiaban", explicó Word, y agregó que luego se había determinado que era necesario usar esponjas naturales.

Word continuó informando sobre las ejecuciones hasta 2009, cuando la oficina de AP donde trabajaba en Jacksonville (Florida) cerró y fue despedido.

En las cámaras de ejecución en EE.UU. siempre hay varios testigos. En general, hay personal de la cárcel, abogados, policías y periodistas, pero en algunos estados es legal que las familias y amigos de la víctima estén presentes, así como un miembro del clero o voluntarios designados. Posteriormente, los periodistas suelen ser citados a declarar, especialmente si la ejecución falla.

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