Mohamed Morsi.
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Los perdedores, hasta el momento, son los miles de egipcios que desencadenaron la protesta del 25 de enero de 2011 que, menos de tres semanas después, terminaría con la caída de Mubarak
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Egipto ya concoce a su primer presidente en la etapa post-Mubarak. El candidato de los islamistas Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, ha sido proclamado vencedor de las elecciones presidenciales egipcias por la Comisión Electoral Suprema.
La plaza Tahrir, llena a rebosar de decenas de miles de seguidores del partido islamista, ha estallado de alegría tras una tensa semana de espera.
LOS PERDEDORES
Como escribe Javier Valenzuela en 'El País', lo único claro es quiénes son los perdedores hasta el momento: los miles de egipcios que desencadenaron la protesta del 25 de enero de 2011 que, menos de tres semanas después, terminaría con la caída de Mubarak.
Aquellos jóvenes, a los que pronto se les sumaron muchos compatriotas de todas las edades y condiciones sociales, pretendían sacar a su país de la angustiosa necesidad de tener que escoger entre los militares y los islamistas.
Soñaban con una democracia en la que los soldados se ocuparan tan solo de la defensa nacional, siempre a las órdenes del poder civil, y en la que todas las religiones y las visiones políticas pudieran expresarse libremente, sin que ninguna le fuera impuesta al conjunto de la ciudadanía.
Un año y medio después, al hacerse oficial que Mohamed Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, ha ganado las primeras presidenciales egipcias libres, aquellos pioneros de Tahrir están profundamente desencantados.
Su país, el más poblado del mundo árabe, comienza una cohabitación que se promete durísima entre aquello que ellos pretendían evitar: la fe y la espada.
UN HOMBRE DEL APARATO
Morsi es un hombre del aparato. Un ingeniero metalúrgico que ha escalado en la Hermandad a buen paso. Dicen sus compañeros de la Hermandad que ha llegado hasta aquí gracias a sus dotes negociadoras. Dicen que es el hombre junco. Muy flexible y capaz de cambiar de posición si hace falta.
Nacido en 1951 en la provincia de Sharquía, en el Delta del Nilo, Morsi ha pasado parte de su vida en Estados Unidos, donde nacieron sus hijos. Allí se doctoró en la Universidad de Southern california y trabajó como profesor.
Como muchos otros mandos de la Hermandad, volvió a Egipto con una excelente formación, decidido a participar en el futuro de su país.
Allí trabajó en la universidad de Zigizag, sin descuidar la militancia con la cofradía. Su carrera académica y su escalada en la Hermandad corrieron en paralelo, como también sucede con otros dirigentes de la cofradía, algunos de ellos grandes triunfadores en el sector privado.
En el año 2000, en tiempos del dictador Hosni Mubarak, cuando los Hermanos vivían en la semiclandestinidad y no podían participar como formación política en los comicios, fue elegido Parlamentario independiente.
Fue también portavoz de la Hermandad. Y en 2011, cuando al revolución de la plaza Tahrir logró tumbar al eterno dictador, se convirtió en el presidente del partido de la Justicia y la Libertad, el brazo político de la Hermandad.
Los analistas le consideran un moderado entre los conservadores, pero en ningún caso un reformista.
LOS RESULTADOS
Morsi ha logrado la victoria con un 51,73% de los votos (13.230.131), por el 48,27% de los votos (12.347.380) conseguidos por su rival, el general y ex primer ministro Ahmed Shafiq. Tal y como prometió si ganaba, Morsi ha anunciado que deja su militancia de la cofradía de los Hermanos Musulmanes.
La victoria de Morsi le convierte en el primer presidente de Egipto tras la caída en febrero de 2011 de Hosni Mubarak, y lleva a los Hermanos Musulmanes a la Presidencia por primera vez en sus 84 años de historia, la mayoría de los de los cuales han transcurrido en la ilegalidad.
Poco después de conocerse la victoria de Morsi, el jefe de la Junta Militar que dirige Egipto tras el derrocamiento de Mubarak, Husein Tantaui, ha felicitado al ganador.
También ha felicitado a Morsi el primer ministro egipcio, Kamal Ganzuri, que presentará su renuncia al nuevo presidente en los próximos días para que este forme su gobierno.
La proclamación del ganador se ha hecho esperar hasta este domingo después de que ambos candidatos se autoproclamaran ganadores el jueves, día en el que se esperaba conocer los resultados definitivos de la segunda vuelta de los comicios.
La suspensión del anuncio público de los resultados desencadenó más tensión y los seguidores de los islamistas ocuparon la céntrica plaza de El Cairo, convencidos de que su candidato era el ganador.
El presidente de la Comisión Electoral, Faruq Sultán, encargado de hacer el anuncio en medio de una enorme expectación, ha revelado que la participación en la segunda vuelta de las presidenciales, celebradas los pasados 16 y 17 de junio, fue de 26.420.763, un 51,85% de los casi 51 millones de egipcios convocados a las urnas.
Sultán destacó, igualmente, que solo se revisaron impugnaciones a los resultados en un centenar de mesas electorales, de las más de 13.000 en las que los egipcios pudieron depositar su voto.
La decisión de la Comisión Electoral no puede ser impugnada ni apelada por los candidatos, al ser la última instancia responsable de los comicios.
El anuncio de los resultados estaba previsto para el pasado jueves, pero la comisión lo pospuso con el argumento de que necesitaba más tiempo para estudiar las impugnaciones que habían sido presentadas.
"Esperaba que los resultados se anunciasen en un ambiente festivo, pero desafortunadamente ha llegado el día en una atmósfera de tensión, reflejo del ambiente en que la Comisión Electoral ha trabajado durante cuatro meses", dijo Sultán.
El magistrado insistió en defender el trabajo de la Junta Electoral y aseguró que los comicios se han celebrado de manera democrática, bajo supervisión judicial total y el seguimiento de ONG locales, además de una amplia cobertura de los medios de comunicación.
Aún así, criticó "las campañas que han puesto en duda el trabajo de la comisión" y afirmó haberse visto sorprendido por "las dudas sobre una falsificación de los resultados".
Sultán también quiso subrayar que, en su opinión, éstas son "las primeras elecciones que expresan de manera verdadera la voluntad del pueblo" egipcio.