Ocio y Cultura

Sofia Coppola, la directora que tiene el honor de haber creado el hipsterismo, regresa a las pantallas con nada menos que un remake. La hija de Francis Ford rescata para la gran pantalla la novela que ya adaptara el artesano Don Siegel en "El seductor" (1971), y que interpretaba un joven Clint Eastwood alejándose de su rol de tipo duro oficial de la década.

La sutil premisa inicial se limita a narrar como un soldado de la unión, herido de gravedad durante la guerra civil estadounidense, es acogido y protegido en una escuela femenina. Allí se recuperará mientras acaba con la tranquilidad del lugar, pues intentará seducir a las mujeres que allí residen. Bajo la falsa apariencia de recogimiento y tranquilidad de esta institución late, profunda pero ominosamente, un perturbador ambiente cargado de pasión reprimida y sexualidad contenida. La figura de este joven y apuesto soldado, interpretado por Colin Farrell, será la espoleta que hará estallar el frágil status quo que aparentemente gobierna la casa y que esta personificado por el hierático rostro de una Nicole Kidman cada vez más robótica.

Como ya hiciera en su maravilloso debut detrás de la cámara, "Las vírgenes suicidas" (1999), Sofia Coppola se adentra con "La seducción" (2017) en la compleja psique femenina. Si en su primera obra el misterio giraba alrededor de esas hermanas angelicales que ocultaban un secreto ahora ese misterio se extiende a un grupo femenino heterogéneo que ve "atacado su secreto" por la presencia de un elemento masculino invasivo. Visualmente la directora vuelve a rescatar esa luminosidad extraña que vaporosamente enmascara unas sombras que surgen esporádicamente.