Ocio y Cultura
Javier Librero, chef de Las Raíces del Wellington.

Mayo en el hotel Wellington es un mes de acontecimientos. De mucho ambiente. Y de celebración. Porque es imposible abstraerse de la feria taurina más importante del planeta cuando se pone el pie en uno de los hoteles más taurinos de la capital.

Y en paralelo a San Isidro, es el momento de inaugurar la temporada estival en el restaurante Las Raíces del Wellington.

San Isidro en Las Ventas es la fiesta de una arte milenario en plena sintonía con la naturaleza. Como la propuesta del chef Javier Librero. Sorprenden, por la tendencia actual a perder sabores, los de toda la vida, sus productos de la huerta.

El tomate que sabe a tomate, del huerto al restaurante Las Raíces del Wellington

Un huerto que él y los empleados del Wellington miman a todas horas en la azotea del hotel, donde las hortalizas nacen y crecen observando una de las mejores vistas de la capital. De Madrid al cielo, ya saben. Y desde un oasis.

Al cielo del paladar, puede uno atreverse a afirmar, cuando tiene la ocasión de probar la 'lechuga viva', que entendemos que Librero la llama así por su frescor, y el 'tomate que sabe a tomate'. No es nada pretencioso. Sabe de verdad a lo que tiene que saber.  Y no acaba ahí el festival. Clarines y timbales para cambiar de tercio.

                     La lechuga viva, y no es una exageración

El menú continúa con otras alegrías como el langostino crujiente o la albóndiga de sepia. Un terreno donde no solo no desentona sino que recuerda al primer tercio -al de la huerta, ¿recuerdan?- la crema de gazpacho, que reclama su protagonismo.

         Un buen matrimonio: langostino crujiente y albóndiga de sepia

El último tercio es momento para el protagonista principal: el del todo o nada. Sin duda que el esturión al horno con tomate confitado y boniato asado, al que le sigue la presa ibérica caramelizada con setas y papas con mojo invitan a pensar en faena de puerta grande.

                  La presa ibérica, acompañada de setas y papas con mojo

Por si a alguien le quedaba alguna duda a la hora de rendirse definitivamente y sacar su pañuelo blanco, el chocolate con cítricos acaba por despejarlas.

Sin embargo, al igual que nunca una faena se parece a la anterior, y menos en San Isidro con tantos y tantos días de toros, volver a probar otros platos de la carta del restaurante Las Raíces del Wellington sugieren otras experiencias totalmente diferentes pero igualmente interesantes. Hasta septiembre tienen tiempo.