Ocio y Cultura
Isabel Preysler y Elena Benarroch

Han sido las mejores amigas del mundo. Desde hace muchos años, la relación entre Isabel Preysler y la peletera Elena Benarroch era tan entrañable, cercana y tan sólida que Benarroch ejercía muchas veces la portavoz de los asuntos sentimentales o los temas de salud de la familia Preysler-Boyer.

Según publica Informalia, si había dudas sobre la evolución del estado del ex ministro de Economía, Benarroch confirmaba o negaba rumores en el estreno de turno. Si Isabel mantenía un romance con el premio Nobel de Literatura, Elena lo confirmaba y animaba a su amiga a ser feliz y seguir adelante.

Por otra parte, Preysler ha sido clienta incondicional de la carísima boutique de pieles, moda y complementos de Benarroch y ha lucido sus modelos explicando en público que llevaban la firma de su amiga.

Pero la relación se ha roto abruptamente, cuentan a Informalia personas del círculo de la peletera. Y todo por unos artículos sobre Palestina que publicó Vargas Llosa en el diario El País en 2016. El escritor recorrió los territorios ocupados por Israel y de sus reportajes se desprendía simpatía por el pueblo palestino, víctima de la opresión del ocupante.

Unos reportajes criticados duramente por el periodista Miguel Angel Aguilar, colaborador de El País desde la fundación del periódico, y despedido de forma fulminante por sus críticas a la línea editorial del diario, por Juan Luis Cebrián, actual presidente del grupo editorial.

Miguel Angel Aguilar escribió en su nueva publicación digital que le parecía vergonzante el excesivo protagonismo de Vargas Llosa en sus escritos sobre Palestina, donde brillaba más él mismo que el tema sobre el que escribía. Tampoco estaba de acuerdo con su toma de posición. Elena Benarroch, de origen judío, aunque probadamente demócrata y liberal, aplaudió el contenido del artículo de Miguel Angel Aguilar y manifestó su propio desacuerdo con el Nobel, novio de su amiga.

La postura molestó a Isabel Preysler, defensora incondicional de su amor peruano. Y así, por quítame ahí unas ideas, una amistad de más de 40 años, se acabó de la noche a la mañana.

Pero a Isabel siempre le quedará Nuria González, señora de Fernández Tapias, una amiga incondicional que aplaude todo lo escribe Vargas Llosa, y más.