Ocio y Cultura

Un tratado del sentido del común. Un monumento contra la corrección política y el pensamiento de masas. Un ataque brutal al estilo de los grandes heterodoxos del periodismo como Henry Louis Mencken o Manuel Chaves Nogales. Eso y no otra cosa es Idiocracia, de Ramón de España.

"Les aviso de que poco optimismo van a encontrar en estas páginas. Mi estado actual es de una desesperanza absoluta", avisa Ramón de España desde su tierra baldía. Porque la única independencia frente a la que se cuadra este periodista inclasificable es la del pensamiento.

Su combate no es contra la casta ni contra la política: es contra la estupidez. Y lo avisa esa cita de Adolfo Bioy Casares con la que nos recibe este manual contra la imbecilidad y la idiotez políticamente correcta: "El mundo atribuye sus infortunios a las grandes conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima a la estupidez".

Idiocracia toma su título de Idiocracy, una película del año 2006 de Mike Judge,el creador de los dibujos animados Beavis y Butthead de la MTV de los años noventa, "dos tarugos groseros y analfabetos donde la estupidez orgullosa campaba por sus respetos".

Judge explicaba en ese film, que pasó más desapercibido por la taquilla que el último bodrio de Fernando Trueba, ese milagro de la naturaleza por el cual los tontos se reproducen más que los listos, fenómeno que se da porque básicamente no piensan, no se plantean nada, lo dan todo por bueno y no almacenan en su alma el más mínimo elemento metafísico.

CONTRA EL HOMBRE MASA

"Si a mí me marcó Idiocracy fue porque comparto las preocupaciones del autor", escribe De España. Y ese desasosiego es lo que le lleva a combatir lo que llama el ‘Puerto Hurraco state of mind' (lo siento, Sostres, esta crónica no es para ti, vete a tomar una copa y a insultar a los camareros que no te hablan en catalán), ese disposición mental --dice De España-- "equiparable a la del pastor de aquel chiste que cuando pidió un deseo, en lugar de pedir riquezas y felicidad, deseó lo que más alegría le proporcionaría en esta vida: "Que se muera la cabra del vecino".

Ramón de España no guarda ninguna esperanza en el hombre masa. "Franco se preciaba de haber inventado la clase media, y no se equivocaba, pues el hombre masa se vende por su pisito, un coche y si fuese posible un apartamento en la playa. La ideología es un lujo moral del que casi todo el mundo se capaz de prescindir.Por eso la resistencia la franquismo fue tan escasa y tan inútil y el Caudillo se murió en la cama". ¿Es consciente Ramón de España que despreciar al pueblo llano es la mejor manera de acabar desterrado en la Invernalia cultural que se reserva a los heterodoxos?

DEFENSA DE LA TRANSICIÓN

Tras esta declaración de intenciones, Ramón de España saca la recortada del arcón como el Clint Eastwood de Gran Torino y comienza a dispararle sin clemencia los patitos de la corrección política en la feria de la partitocracia y la estupidez diaria en la que vivimos.

Ramón de España: "Sostres es un botarate que quería trabajar en El País y lo rechazaron"

Los primeros en caer son los idiotas más jóvenes, los que vienen a cagarse en el régimen del 78. "Los que vivimos la Transición recordamos perfectamente cómo desaparecieron de la noche a la mañana los fans del Caudillo. Llegó un momento en el que parecía que solo quedaba Blas Piñar, como si en España ya no hubiera ni fascistas, ni derechistas ni gente de orden en general. [...] O sea, que nos acostamos franquistas y nos levantamos demócratas de toda la vida. Empezaron a salir resistentes de debajo de las piedras, pues resultaba que todo el mundo había corrido detrás de los grises". Y mensajito a los monederitos untados con chapapote venezolano: "Se olvidan que aquellos fueron tiempo posibilistas: se los lo que se pudo, chavales, ni más ni menos pero no os permite echar pestes a lo que llamáis el Régimen del 78".

¡El mayor mérito de esa generación fue mirar hacia otro lado y no hacer nada! Se acostumbraron a la democracia como lo habían hecho con el franquismo. Porque el hombre masa se adapta a lo que le echen. La diferencia es que Ramón de España no lo dice desde el púlpito de una impostada indignación intelectual como lo haría un apesebrado catedrático de cualquier Universidad-- sino que hasta le indulta con indisimulada ternura: "A fin de cuentas -me pongo en el pellejo del hombre masa-, la vida dura lo que dura y hay que vivirla de la manera más cómoda posible". La vida es corta.

LA CONTRIBUCIÓN DE LOS NACIONALISTAS A LA IDIOCRACIA

Y si alguien ha contribuido a la idiocracia estos han sido los nacionalistas, a los que De España remata sin piedad vaciando todo su cargador. La idiocracia se instaló en el País Vasco, "ese noble pueblo vasco al que solía hacer referencia el Caudillo en sus ridículos discursos de Fin de Año", y se basó en la fe y en el sentimiento. "Si alguien que disfruta de un régimen impositivo extremadamente conveniente cree estar siendo expoliado por el vecino, ¿qué le puedes decir? Si el partido de burgueses ricachones que corta el bacalao no mueve un dedo para evitar que los políticos de la competencia tengan que salir a la calle a por tabaco en compañía de dos guardaespaldas, ¿cómo puedes mantener con él una relación más o menos civilizada?"

De repente, en la idiocracia vasca ya nadie se acuerda de ETA. Ni de la actitud ruin y acomodaticia del PNV. Ni de la postura pusilánime de la izquierda con respecto al nacionalismo con "altísimas cotas de miseria moral". De España lo ilustra ese decorado de una sociedad enferma con una anécdota personal demoledora: "En el País Vasco escuché como se bromeaba de un político que era un mindundi porque solo tenía un guardaespaldas".

Su blanco favorito es el nacionalismo catalán, a cuyos adalides les mete una sesión de zurriagazos y electrodos en el escroto. Ramón de España dedicó al problema catalán dos libros indispensables: El manicomio catalán (2014) y El derecho a delirar (2013). Este es el retrato feroz que hace de Carles ‘Cocomocho' Puigdemont': "Un talibán de Convergencia que odia España con todas sus fuerzas y si hay alguien capaz de asomarse al balcón de la Generalitat para seguir el ejemplo de Companys y proclamar la independencia de Cataluña, es él. Realmente, si con este menda no conseguimos que nos apliquen el famoso artículo 155, yo ya no sé qué habrá que hacer".