Ocio y Cultura
Miquel Porta Perales y la portada de 'Totalismo' (ED Libros).
El totalismo quiere hacernos felices por decreto

El fantasma del totalismo está ahí: a la del día y en la oscuridad de la noche. Con permiso de residencia. Y cuidado porque ofrece felicidad. Esa es la advertencia que nos hace el pensador y ensayista Miquel Porta Perales en su libro Totalismo (ED Libros), indispensable para entender la lluvia ácida de ideas que nos está cayendo encima.

El totalismo modula y controla a la carta la concepción del mundo y la acción de los individuos. Conviene no confundir totalismo con totalitarismo. El segundo proviene de la sociedad política, el primero de la sociedad civil. El segundo es un régimen político, el primero es un régimen de pensamiento.

El totalismo es la convicción inducida, el momento en que se reafirma la verdad y se disipan las dudas. La psicología del peón que demanda la pureza de un ‘nosotros' enfrentado a un ‘ellos' que no admite tercera vía alternativa.

Para conseguirlo tiene que ponerse en marcha todo un proceso de deificación de personas, mitos, héroes, imágenes y palabras para delimitar una verdad con la ayuda de una neolengua que confiere signo de distinción y carnet de pertenencia.

Porta Perales conoce bien el pensamiento gregario porque lleva años denunciando los abusos del nacionalismo 'progre' catalán. ((Adéu al nacionalisme, Dues millor que una, Malalts de passat, Si un persa viatgés a Catalunya).

"Más que llanero solitario, y aunque parezca un tópico, me siento casi un francotirador. Porque en Cataluña y en el resto de España, aquella persona que se atreva a ir contra el pensamiento único, representado por el progresismo, o el nacionalprogresismo en versión catalana, es alguien a quien los criticados miran por encima del hombro. Raras veces se molestan en criticar al crítico; se contentan con observarlo, con aire de superioridad, como la cuota de disidencia necesaria para justificar su ideología", dijo en una entrevista en Letras Libres.--Informe sobre Cataluña: entrevista a Miguel Porta Perales--

LA REDENCIÓN ES POSIBLE

La redención solo es posible dentro del grupo. Adiós al pensamiento analítico: el totalismo recluta creyentes que no confían en la intuición y no en la evidencia. No hay engaño sino autoengaño. ¡Por ese motivo los casos de corrupción (Espinar, Monedero, Maestre...) le salen gratis a Podemos!

Porque por lo general los individuos se unen a la opinión mayoritaria, aunque ello implique ir contra su percepción personal de la realidad. Para no encontrarse aislado el individuo puede renunciar a su propio juicio. Ese no significarse contra la ignorancia es lo que se conoce como espiral del silencio.

"El totalismo, con la inapreciable ayuda del populismo, ha encontrado eco en una población maltratada por la crisis y necesitada de sueños y chivos expiatorios a quien cargar la culpa de lo que sucede, de todo lo que sucede".--Entrevista en Economía Digital--

No se trata de que el individuo se deje seducir por un programa político sino en que asuma como propio, de forma inconsciente, un comportamiento inducido. Es lo que permite que en una secta no existe el disenso ni las contradicciones. Cuando los alienígenas no llegaron a la Tierra como les había prometido el líder de la secta pocos seguidores se sintieron engañados y decepcionados. "El líder proclamó que los alienígenas habían sido testigos de su vigilia y de su fe y habían decidido perdonar a la Tierra. Los miembros se sientieron más unidos con su líder después de realizar una dramática demostración pública, que acabó en humillación" (Steven Hassan, Cómo combatir el control mental de las sectas, 1987)

Televisión. Videocracia. Homo Videns. Lo profetizó Giovanni Sartori: "La televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens". El totalismo lo sabe y saca provecho. Al final, tendrá razón André Glucksmann cuando dice que la estupidez es la clave de la historia, Ni la lucha de clases ni el desarrollo económico: la estupidez es la partera de la historia.

MITOS VERSUS LOGOS

El Mito desafía al Logos, la fábula a la razón y las quimeras a la prudencia y el sentido común. Estamos ante una nueva pandemia de credulidad como anuncia el sociólogo Damian Thompson (Los nuevos charlatanes, 2008).

Puerta de entrada de una de las mayores intoxicaciones ideológicas de nuestra época y savia del totalismo: el buenismo, aquella creencia --explorada por Porta Perales en otro libro suyo, La orquesta rosa (2014) que convierte el sentimiento y la comprensión en estrategia, que apuesta por la tolerancia extrema, que entiende el diálogo como terapia y la paz como valor universal, que reivindica la concesión de los derechos sin fin, el new age y el optimismo antropológico más allá de la cualquier refutación.

"El buenismo genera creyentes, y su éxito radica en que les arropa con consuelo, valores, autoestima, proyecto de vida y bienestar mientras los posee por el yugo de la creencia sin ser plenamente consciente de ello adormecido en su gaseosa felicidad. Un mundo seguro y acogedor donde el miedo y la violencia no tienen sitio".

De lo que se trata es de formar una nueva tribu --¿te acuerdas Anna Gabriel (CUP) cuando propusiste tener hijos en grupos como en las tribus-- donde se controle el ambiente, la manipulación mística y te hinchen la cabeza con supercherías que nos alejen de los valores de la disciplina, el orden y la competitvidad.

Totalismo feminista. La mujer es víctima de un heteropatriarcado. Totalismo ecologista. La Gran Vía de Madrid colpasada en nombre del totalismo verde y la promesa de Carmena de que los coches diesel serán erradicados en 2025. "No vamos a andarnos con circunloquios: esto también es populismo, ¡por supuesto! Pero además en una de sus expresiones más recalcitrantes: el peatonalismo. Todo se hace pensando en el peatón" (Hughes)

Ambos son poseedores de la absolutización de la verdad. ¿Hay algo más justo que una humanidad justa en armonía con la naturaleza? Y si lo hay, da igual porque la justicia y la verdad la determinamos ‘nosotros', no ‘ellos'. ¿Acaso no dijo Colau que las leyes están para desobedecerlas? "Si George Orwell leyera los textos del totalismo ecologista, los denunciaría por plagio", remata Porta Perales.

Pero Europa se está rebelando. Lo vemos en Austria, Italia, Francia, Gran Bretaña... allí donde el pensamiento único no encontraba resistencia ahora encuentra rivales de calado. "La integración y la felicidad por decreto no funcionan. Y no culpen a Occidente. La culpa para quien se la merece y trabaja. Ahí está el precio de la ciudadanía. Deberes y derechos".