Ocio y Cultura
Gota de ambar. RTVE

Queridos lectores, nuestra escritora de cabecera, Julia A. García, nos felicita las fiestas con café negro y un cuento amargo lleno de esperanza.

Este relato nos recuerda que debemos endulzar el café, las fiestas y la vida. Una pequeña decisión puede ser la clave para escapar de las más grandes pesadillas y un año que termina es siempre un buen momento para empezar de nuevo.

Feliz Navidad...

LA GOTA DE ÁMBAR

A menudo sueño lo mismo: estoy en el centro de la inmensa sala de presidencia, pero no hay pared, solo ventanas. Tras ellas brilla un cielo azulísimo y me inquieta no ver la ciudad bajo el rascacielos; sospecho que se la ha tragado la tierra. Las sillas de piel siguen en su sitio pero el círculo que forman es absurdo porque no rodean la mesa, solo el vacío.

Llega la hora y muchos compañeros entran a la sala, pero no se sientan; permanecen en pie... como expectantes. El último en entrar es el jefe más importante; le acompañan otros que lo son menos y pide a uno de ellos que se acerque a la pared donde están los mandos y pulse el de la música. Todos giran entre las sillas y yo lo hago también. Cuando la canción se detiene nos empujamos desesperados para encontrar una libre y en la primera ronda del juego logro un sitio y también en la segunda.

En cada turno se retira una silla y el desgraciado que no encuentra asiento se acerca a los ventanales voluntariamente, como un cordero. El gran jefe pide a uno de los pequeños que abra los cristales y lo empuje al vacío; a los demás nos permite acercarnos y mirar cuando caen.

Nadie dice nada y la música alegre prosigue.

En la tercera ronda el pánico se apodera de mí y hago trampas; permanezco quieto cerca de una silla vacía para ocuparla con ventaja y salvarme. A los jefes les gusta mi jugada y sonríen; me hacen un gesto al unisono para que me acerque y sea yo quien empuje al siguiente.

Me doy asco y corro desesperado para saltar por la ventana del fondo pero la cristalera se derrite con el impacto de mi cuerpo y quedo fundido en el centro del telón traslucido; atrapado cómo un mosquito en una gota de ámbar.

Mis compañeros aplauden entusiasmados el esperpento; tanto ruido hacen sus aplausos que quisiera taparme los oídos para que la angustia no me mate.

***

El despertador suena, interrumpiendo la pesadilla que me acompaña insistente entre las sabanas. Hoy es Nochebuena y no me levanto; no me aseo ni desayuno deprisa para desafiar la luna encendida y enfrentarme a la hora punta.

Decido que este amanecer ha de ser distinto.

Tomo el ordenador, inmutable compañero insomne de cama, y escribo:

Queridos todos:

He pasado media vida con vosotros en esta compañía. Habéis sido parte importante de mí, en realidad lo erais todo para mí.

Pero hoy finalizo el trayecto.

Soy libre de ser libre y doy por terminado el acto.

Me siento mejor; como el mosquito que logró escapar de una gota de ámbar.

Feliz Navidad.

Fdo. Un insecto