Ocio y Cultura
Boris Izaguirre. PD

Boris Izaguirre es uno de esos personajes que sorprende. Tras su faceta de showman y su carisma personal se esconde un hombre muy interesado por la política y la cultura, escritor por vocación, con siete novelas en su haber y cuatro libros de ensayo, y, en definitiva, un intelectual capaz de participar en un debate con lo más granado de la sociedad, así como bajarse los pantalones en un programa de entretenimiento.

El presentador de televisión y escritor venezolano, fue el acompañante de Bertín Osborne en la edición de esta semana de Mi casa es la tuya.

Izaguirre repasó junto a Bertín su trayectoria vital y profesional, no escatimando detalles ni evitando los temas más polémicos, como pueden serlo los relacionados con su homosexualidad.

«Soy muy mentiroso porque soy escritor. Pero hoy voy a decirte solo la verdad».

Sentados en el salón de Boris, con su biblioteca al fondo, comenzaron la conversación por la infancia y los primeros años en Caracas.

Empezaron con una conexión con su hermano:

«Él nunca quiso ser un niño, pero tampoco una niña. Él desde muy pequeño quiso ser adulto, y yo creo que por lo inteligente que era y lo mucho que leía».

Después, cuando apareció al final del programa a acompañar a Bertín y a su hijo a la mesa, su padre subrayó:

«Tuve a un niño prodigio, muy inteligente, y estoy orgulloso de eso».

Pero a pesar de su enorme capacidad intelectual, las cosas no fueron fáciles en la infancia de Boris.

«Yo no estaba a la altura de los demás niños en las actividades deportiva, y eso me generó un trauma que trajo consigo un fuerte amaneramiento».

Su madre, bailarina de ballet, fue la primera en darse cuenta de su «amaneramiento de mariposa», como él lo llamó, y en ayudarle a aceptarse a sí mismo.

Pronto, en el colegio se pusieron en contacto con la familia para alertarles de que «su hijo podía generar violencia en el centro».

En la Venezuela de los setenta, todavía muy machista, un niño afeminado tenía que sobrevivir diariamente a un infierno:

«Recibí golpes, insultos por ser amanerado...Iba caminando por la calle, siendo prácticamente un niño, y gente que no me conocía de nada, los obreros que estaban trabajando, me gritaban maricón, y era un grito de ira».

No se acababan ahí los problemas del niño Boris, pues resulta que también padecía de dislexia. Precisamente fue contando sus esfuerzos por superar la dislexia cuando recordó a su difunta madre y rompió a llorar.

«No he llorado lo suficiente la muerte de mi madre, y a veces se me escapa».

«Mi madre se dedicaba, como bailarina de ballet, al control de lo físico, y no me imagino que significaría para ella tener un hijo cuyo mayor problema era conseguir cerrar un círculo. Ella hacía todos los días ejercicios conmigo para que consiguiese cerrar un círculo, y yo nunca lo conseguí...».

Luego, con los años, empezó poco a poco a aflorar su vocación profesional, siempre ligada a la farándula y la televisión. Se estrenó como guionista de telenovelas de gran éxito en Latinoamérica, que al poco tiempo lo llevaron a escribir para programas de la televisión española.

«Yo me dije que quería ser un bufón, ¿por qué no ser un bufón?», explicó Izaguirre. Sus muchos críticos le suelen acusar de frívolo y de superficial, y él responde: «La frivolidad y yo somos amigas del alma. La frivolidad es para mí una forma de ver las cosas que me interesan ver».

Al final del programa, Bertín hizo una pregunta que el venezolano no de esperaba:

«¿Crees que tu personaje te ha hecho daño?».

A pesar de su dilatada existencia, sus muchas experiencias y su singular carácter, Boris piensa que si:

«Me ha hecho daño, me ha cerrado puertas».

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