Ocio y Cultura
Mónica Ochoa.

Es fotógrafo desde hace veinticinco años y ha simultaneado sus trabajos en Publicidad y Moda con exposiciones de su obra artística tanto en España como en Estados Unidos y Sudamérica. Pero una hecatombe personal puso su vida patas arribas y la dejó a los pies de los caballos. De pronto, Mónica Ochoa, con 49 años, se encontró vendiendo su casoplón en la Moraleja, yéndose a vivir a un barrio emergente de Madrid y pidiendo trabajo.

"Así que, tras ese bofetón de realidad, sin trabajo y en loca carrera contra el pobre destino de tu dinero, sacas la agenda... confiada.. y llamas a muchas de tus ‘personas de siempre' para decirles que necesitas un trabajo y que estás tiesa como un cadáver. ¡Error!", cuenta en 'Diario de una artista en crisis' (Editorial Saralejandría), , el relato irónico y desenfadado de una superviviente de cuna en una España de crisis.

"Nadie contrata a los que tenemos ya una edad porque deben creer que te puede dar un ictus, no sé... Estaba escuchando que hay unos que van a denunciar que sus jefes les mandan wasps a las tres de mañana y yo decía: "Cómo se nota que nunca te ha faltado nada en la vida". Estos niños están muy maleducados y la culpa a lo mejor es nuestra. De todo se sale, hay que intentar desdramatizar, es aburridísimo la gente coñazo, triste.. Hay que carecer de complejos. Si me mandan a comprar tabaco, vas y no pasa nada. En este momento, una mujer de mi edad es una paria".

Toda una carrera artística que solo le servía para decorar el currículum. "Es que no tienes cabeza". "Artista tenías que ser ser"... Artista no lo sé, pero tonta del culo, ya te digo yo que sí y ahora vas y te lo comes.. amén".

Mónica Ochoa no para de reírse. Es su receta ante la desastre. Su ‘Diario...' es la visión descarnada de una mujer que un día se levanta y ve que sólo le quedan veinte euros para pasar el mes. Bueno, diez euros.

"Pero con todo, sobrevives y hasta te diviertes". Porque Ochoa si de algo sabe es divertirse "más cuando te llevas bofetones con la mano abierta como portazos". Ahí donde la mujer de buena familia, educada en los ambientes más elitista, resurge como una superviviente.

"No pasa nada. Nacerás princesa y morirás princesa, aunque mueras en Cáritas. Ninguna educación de princesa te prepara para esto. Lo que hay que hacer es no estar todo el día llorando a los demás. Te prepara para ser sobria y austera porque te educan a látigo. Siendo una familia conservadora, a mí me educaron para ser independiente, de colegio intelectual, nada de ser señorita, tocar el piano y casarnos con señores estupendos...", confiesa a Periodista Digital.

Es ese no desfallecer, la eficiencia, la diligencia, lo que rescata de la educación que recibió de niña. "La educación ahora es la generación de los cansados, los niños de ahora no hacen nada, todo es un sacrificio espantoso... A mí me educaron con una educación serenísima. Saber hacer, de no rendirte, de ser más pesado que un Hare Krishna buscando trabajo. En mi casa se decía: "No señora, no se llora, no se tose", es toda una filosofía de vida. Lloras cuando se ha muerto alguien y toses cuando tienes bronquitis". Las ventajas de una educación privilegiada pero austera y realista.

"Pues prohibido atormentarse, que yo me he hecho una especialista en maquillar ruinas y estirar arrugas de preocupaciones como si metieras la cabeza en una aplicación gigante de Photoshop. He aprendido a comprar de baratillo y que no se note, a ir a la compra a por lo justo y gastarme el resto en parecer tan rica, despreocupada y relajadísima como era antes. A sonreír con desgana de millonaria, mirando a escondidas la hora para que no cierren el metro y a sobrevalorar mi loft, mi decisión y mi barrio hasta poner a la gente verde de envidia... "porque vivo como en lo más vanguardista de Berlín pero para saberlo hay que ser valiente y artista como yo"...

El libro de Ochoa va de eso, de sobrevivir. Y vaya si lo ha conseguido.