Stefano García Die.
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Si un día no voy a comer me llaman por teléfono para preguntarme que ha ocurrido
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Manuel Stefano García Die presentaba hace más de un lustro "el modisto que me amó", un libro que "saca todos los trapos" e incorpora sus aventuras con la aristocracia carpetovetónica, relatadas en grabaciones que le transcribe la periodista María Eugenia Yagüe.
Ahora, Alvaro J. Medina, periodista de 'La Gaceta', le encuentra en un comedor social que atiende a personas en riesgo de exclusión, el paso previo a entrar en los 'salones' de Cáritas.
Nos cuenta que trabajó como cortador con Pertegaz, presentador de colecciones con Chanel, Valentino y Balenciaga.
Así, señala que se estableció con 19 años. Apunta que las señoras cuando llegaban a su casa y al verlo tan joven preguntaban por el modisto.
El boca a boca funcionaba entonces y gracias a ello ha podido vestir a la alta sociedad, como "la familia Botín o los Cierro".
Además, Manuel Stefano García Die recuerda que también ha vestido a la Reina Doña Sofía y a las Infantas.
El cambio de rumbo en su vida fue cuando le dio poderes absolutos a su socio. En un viaje de fin de semana a Alicante para ir a cenar con unos amigos y a la hora de pagar, las tarjetas de crédito no funcionaban.
"Fui a localizar al socio y el lunes volví a Madrid".
Allí, su vida se complica aún más:
"Todas las cuentas embargadas".
"No tenía absolutamente nada".
Habían "volado" cerca de "1.500 millones de las antiguas pesetas", era mucho para una persona que "trabajaba 24 horas sobre 24 horas".
"Los amigos y las clientas me dejaron de llamar. Me quedé solo".
"El socio había realizado nóminas falsas a las 56 mujeres que cosían sus obras y sin haber hecho la declaración de la renta durante doce años".
En ese momento de auditoría, los inspectores de Hacienda estaban en huelga, y los subinspectores irrumpieron en la empresa, en la que descubrieron las faltas graves cometidas por su socio.
Apunta que la ley no estaba de su parte debido a que, según asegura por boca de sus abogados, "era como si yo a usted le regalara mi dinero".
"En la calle y sin casa, este era el siguiente paso, sin boutiques, sin nada".
Asimismo, Hacienda aún le reclama la deuda, tras quitárselo todo.
"No podía tener ni cuenta corriente ni tarjeta".
Recuerda el fin de semana como si hubiera pasado recientemente.
Las consecuencias fueron una "depresión de caballo" y aún así reintentó rehacer su vida pero "no podía".
Decidió entonces viajar a Francia, a la casa de un hermano, quien falleció en octubre del 2011, que le ayudaba.
Volvió a Barcelona y la agente social le recomendó que fuera al comedor social donde habitualmente ayuda.
Fue entonces cuando la sonrisa vuelve a su rostro. Se deshace en elogios hacia la directora del centro y de su hermana.
"Hay que santificarlas. El comedor entero y las voluntarias te tratan como si fuesen hijo suyo. Aquí he encontrado, francamente, mi casa".
Cogió otra vez la aguja para realizar los trajes para las personas que atienden en el comedor. En estos momentos asegura que "me está saliendo trabajo".
Define al comedor "no como un plato de comida, sino como mucho más: Es sentirme en mi casa, mi casa".
Así señala que "si un día no voy a comer me llaman por teléfono para preguntarme que ha ocurrido".
"Aquí he encontrado una familia", concluye, no sin antes recordar que toda su familia ha fallecido.
NOTA.- leer artículo original en 'La Gaceta'