Ocio y Cultura
Pasajeros de avión, viajeros, turistas, línea aérea, avión. PD
También tener un compañero ruidoso o esperar largas colas en los controles

Seamos sinceros, viajar en avión tiene sus ventajas, pero en muchas ocasiones nos hace empezar las vacaciones con mal pie. Porque no siempre es el medio de transporte más cómodo...

Es más, lo que menos soportamos los españoles a la hora de volar es no tener espacio para las piernas en nuestro asiento.

Es lo que peor lleva el 53,80% de los pasajeros, mientras que el 16,30% se queja de que la butaca sea estrecha, especialmente en vuelos largos.

Son algunos de los datos recopilados por el metabuscador digital Skyscanner, que ha llevado a cabo una encuesta entre más de 1.000 usuarios durante la primera semana de agosto para saber qué comportamientos son los que más odian los españoles a bordo de un aeroplano.

Y los relacionados con los asientos ganan por goleada. No en vano, las compañías aéreas han ido reduciendo sus dimensiones de forma progresiva para ofrecer precios más competitivos aunque, dado el resultado del estudio, muchos estarían dispuestos a pagar más con tal de volar cómodamente.

Las colas en los aeropuertos también son objeto de ofuscación.

El control de seguridad (10,20%) y los compañeros de vuelo (6,6%) ocupan el tercer y cuarto puesto respectivamente en la lista de quejas.

Muchos llevan mal eso de que registren su equipaje al milímetro o les impidan llevar líquidos en envases superiores a 100 mililitros en el equipaje de mano.

Llevar sentado al lado a alguien que ronca, se descalza o escucha música a todo volumen y que el vecino de detrás clave sus rodillas en el asiento, le arruinan el viaje a más de uno.

El 4,30% de los encuestados afirma que lo más molesto es tener que hacer el check-in en el aeropuerto, frente al 1,30% que se queja de hacerlo on line. Un 1,7% reprocha a las compañías que la calidad de la comida deja mucho que desear.

Por último, el 5,30% de los españoles detesta otras actitudes en los trayectos aéreos.

Desde soportar a niños chillones o pasajeros con una copa de más, hasta tener que enterarse de la eterna conversación de los vecinos de delante... por no hablar de los que se arrancan a aplaudir cuando el avión aterriza.