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La hija del pecador Legionario de Cristo

RD, Domingo, 9 de agosto 2009

«Yo nunca habría elegido este camino para mi vida... Cuando conocí a ese hombre, yo era una menor... Ni mi hija ni yo supimos quién era realmente hasta el final». Es la primera vez que Norma Hilda Baños pone palabras a su historia y, con éstas, el secreto tanto tiempo guardado, el pecado que la persigue, toma cuerpo ante ella. Al contemplarlo, las lágrimas se agolpan en sus ojos. Crónica la ha localizado en su santuario, una urbanización de lujo de Madrid. Está desconcertada. No es fácil el diálogo. Tras el vano, que va estrechando mientras entorna la puerta, se abre un piso de 327 metros cuadrados. Aquí es donde vive desde hace unos años con su hija. En la casa no hay marido ni padre. Nunca lo ha habido. Su hija es fruto de una relación prohibida. ¿Quién sabe qué ficciones habrá tenido que idear esta mujer al ser preguntada por el padre de la niña? Todo con tal de no responder la temida verdad: fue el fundador de la congregación ultracatólica Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel, quien la dejó embarazada cuando tenía 26 años.

Al bebé, Norma Hilda Rivas -hoy tiene 23 años-, le dieron el apellido de algún civil sin votos de castidad. O quizá el que habría adoptado Maciel en una de sus múltiples identidades falsas que empleaba para seducir a mujeres adineradas, a las que exprimía hasta el último céntimo. No lleva su apellido, pero hay algo a lo que no puede renunciar: su sangre. Ella es la hija del pecador. Y heredera de un patrimonio, el de los Legionarios, que hay quien equipara con el valor de Repsol YPF, una compañía con casi 20.500 millones de euros en activos.

«Lo está pasando fatal», lamenta su madre. «Menos mal que he abierto yo la puerta», suspira preocupada por el frágil estado de ánimo de su hija. «Todo esto ha sido dolorosísimo, no te puedes imaginar». Norma se desvive por proteger su intimidad y más ahora que el Vaticano ha ordenado una investigación a fondo sobre ellas y todos los desastres -abusos sexuales, pederastia, amantes, ocultaciones, espionaje, escándalos económicos...- que dejó a su paso Marcial Maciel.

SU REFUGIO SECRETO

Norma ya no usa el móvil. Para hablar con ella hay que dejar un mensaje que escucha horas después, seguramente de madrugada, cuando nadie pueda llamarla. Residir en una urbanización permanentemente vigilada forma parte del estricto control que esta mujer de 48 años ha impuesto en su vida, con el objetivo de preservar su anonimato. «No sé ni cómo te han dejado entrar aquí... Perdona que no te invite a pasar», comenta mientras la asistenta, envuelta en su uniforme de cuadros azules y blancos coronado por una cofia, pasa por detrás para dirigirse al área de servicio.

Guarda silencio unos segundos hasta asegurarse de que nadie escucha. Quiere decir algo, lleva mucho tiempo callada. Mientras, otros hablaban por ella. En los blogs de Internet proliferan los comentarios desde que se conoció la existencia de una hija secreta del fundador de los Legionarios: «Norma [hija] es una excelente persona, pero también puedo decirles que, como fue abusada por su padre, el señor Maciel [...] tiene severos traumas de la infancia que no creo que vaya nunca a superar», comenta alguien que firma como Angélica Galas. Llega incluso a insinuar que Norma pudo haber sido cómplice de estos abusos. «Se han dicho muchas mentiras», balbucea Norma Baños (la madre) desde su casa madrileña. «Quiero aclarar que yo era una menor [cuando ocurrió lo de Maciel]». Norma insinúa abusos. Hablar sin decir. Es su manera de recuperar algo del terreno de su vida que perdió cuando conoció a Marcial Maciel.

Fue en Acapulco, una próspera ciudad situada en el tercer estado más pobre de México, Guerrero, caracterizado por unas enormes diferencias sociales. Ella pertenecería a la parte privilegiada. Tiene rasgos indígenas, pelo moreno, baja estatura..., pero su tono de voz templado, su corrección, su forma de vestir sencilla y elegante, en tonos oscuros, o el modo en que se dirige a la asistenta denotan que Norma Hilda es una mujer educada, probablemente acaudalada como el resto de señoras que sedujo el padre Marcial.

A ella le dejó dos casas a su nombre en el exclusivo inmueble madrileño donde reside y tres plazas de garaje en propiedad, todo por valor de unos dos millones de euros. Además, madre e hija recibirían un suculento subsidio mensual, parte del precio que la organización ultracatólica habría pagado por el silencio de estas dos mujeres en un acuerdo que supuestamente se cerró hace unos pocos meses. Con otras, como Flora Barragán, máxima benefactora de la Legión, Maciel no tuvo la misma generosidad. A ella le sacó 35 millones de euros.

HOMBRES Y MUJERES

Ahí no acaba la lista de mujeres seducidas y «explotadas económicamente», según Alejandro Espinosa, un ex legionario al que ni el ser sobrino de Maciel lo salvó de caer en sus garras. Talita Reyes, Pepita Gandarillas, Pachita Pérez, Deme de Galas, Dolores Barroso, Guillermina Dikins, Josefita o Consuelo Fernández, viuda de un diplomático español destinado en México, entre otras, sucumbieron ante su máscara de hombre piadoso y santurrón. Él se refería continuamente a «su mal», una supuesta enfermedad consistente en la retención de semen, que le cerraba el conducto urinario y le provocaba muchos dolores de próstata. Según él, necesitaba el sexo como una cura. Todas las que se lo proporcionaron fueron damas devotas y benefactoras con las que se relacionó entre los años 40 y 70, cuando no seminaristas y sacerdotes de los colegios que abrió por medio mundo.

Muchas de estas mujeres no podrán ya demandar su parte. Pero con el tiempo surgen nuevas voces. Se habla de un hijo más, de dos, de tres... Algunos podrían reclamar su herencia a través de abogados como José Bonilla, el único que ha ganado un juicio por pederastia a los Legionarios de Cristo en México. Otros, como la hija española, se habrían conformado, de momento, con un acuerdo económico.

-A ustedes les corresponde mucho dinero que ahora tienen los Legionarios, no sólo por herencia, sino también por daños morales...

-Por supuesto, nosotras hemos sufrido muchísimo.

El silencio de Norma ha sido su única moneda de cambio durante años. Mientras Maciel estaba vivo (murió en EEUU el 31 de enero de 2008), ella residió con su hija en pisos de lujo en Sevilla y Madrid. Llegaron a España con un visado «sin finalidad laboral», según consta en el consulado español en México. En la capital andaluza, ocuparon un apartamento en una promoción que, en los 70, se anunciaba así: «Ahí está la categoría: en los pisos del Edificio Estadio. Pisos con clase; mármoles y maderas nobles, aire acondicionado frío-calor en todo el piso, hilo musical, cristalería parsol bronce, pintura de arpillera, garaje, trastero, portales señoriales».

Después se trasladaron a Madrid, a una urbanización cerrada del barrio del Pilar. Todo ello pagado, según Bonilla, quien cita como fuente a un sacerdote de los Legionarios «atormentado por la culpa», con el dinero de los benefactores de la congregación. La hija española de Maciel estudió, además, algunos cursos en la Universidad Anáhuac (México DF), propiedad de los Legionarios, en donde «conocían su identidad»; y, según algunas fuentes, podría haberse formado en la Francisco de Vitoria en Madrid, también de la organización.

De acuerdo con José Bonilla, los Legionarios sabían desde hace años de la existencia de la hija de Marciel. «Se la presentó al Papa Juan Pablo II. Existen las fotografías que lo prueban». El letrado asegura que aún puede aportar más documentos: «Tengo cartas, fotografías y grabaciones de un alto funcionario», que promete hacer públicos pronto.

BLÁZQUEZ, INVESTIGADOR

¿Fue Norma cómplice de las ocultaciones de Marcial Maciel? «Yo no sabía quién era él», dice dolida. ¿Es posible que el engaño durase hasta que Benedicto XVI obligara a Maciel a retirarse en 2006? ¿Sabían madre e hija quién era él cuando les presentó al Papa Juan Pablo II? Norma Rivas nunca dejó de llamarlo «papá», incluso delante del sumo pontífice...

Para resolver todos los interrogantes, Benedicto XVI ha nombrado un ejército de visitadores con plenos poderes, entre los que se encuentra el vicepresidente de la Conferencia Episcopal española, Ricardo Blázquez. El también obispo de Bilbao trabaja intensamente desde el 15 de julio. El tiempo apremia: Roma quiere para octubre un primer informe. Blázquez se ha quedado sin sus habituales vacaciones en Villanueva del Campillo (Ávila). Pero no le importa. Él vive para Dios, para su diócesis y para lo que mande el Papa.

En una prueba elocuente de la estima con la que cuenta en Roma, el prelado vasco será el encargado de supervisar, intervenir y revisar los centros de la Legión de España, Francia, Alemania, Suiza, Irlanda, Holanda, Polonia, Austria y Hungría. En su agenda figura ya la fecha de una cita con la hija secreta del fundador de la Legión y su madre. «Se han ido de vacaciones un mes», dice su asistenta.

También están citados para verse con el obispo los dirigentes de los Legionarios en España e, incluso, ex miembros destacados de la Legión. Uno de ellos es Patricio Cerda. Este sacerdote pasó más de 30 años en la orden y conoce al dedillo muchos de sus pecados. Hace ocho años, asqueado por lo que veía dentro, se salió, se secularizó, se casó y ahora dirige la Asociación de Víctimas de la Legión de Cristo. «Le mandamos una nota a Blázquez y nos contestó que quería reunirse con nosotros. Nos va a recibir pronto. Estamos a la espera de cuadrar agendas», explica. Mientras, Blazquez guarda silencio por prudencia y porque está sub secreto pontificio.

Además del obispo de Bilbao, la comisión investigadora romana está integrada por otros cuatro visitadores repartidos por el mundo. Pero Blázquez y sus cuatro compañeros no encontrarán muchas facilidades en el seno de la Legión de Cristo. «Su misión será muy delicada. Una vez detectado el enorme cáncer de Maciel en el cuerpo de la Legión, tendrán que ver hasta dónde llegan sus ramificaciones y extirpar de cuajo todos los órganos afectados», dice Patricio Cerda. A su juicio, la metástasis afecta a toda la Obra. Desde las finanzas hasta la espiritualidad y la gestión: «Todo está podrido».

Según Patricio, «una vez probado que Maciel era un pederasta, un pervertido sexual, que tiene una hija reconocida y, al menos, otros tres más; que utilizaba drogas y que hacía y deshacía a su antojo con enormes sumas de dinero de dudosa procedencia, los visitadores tendrán que investigar a fondo su conducta moral y las finanzas de la orden».

Además, Blázquez tendrá que calibrar el grado de complicidad de sus colaboradores. La trinidad que ahora manda en la Legión es la misma que rodeó a Maciel durante su largo reinado al frente de los Legionarios: el director general, Álvaro Corcuera, el vicario general, Luis Garza y el procurador general, Cristóforo Fernández. ¿Hasta dónde sabían y cuánto ayudaron a Maciel? Mario González, autor de La Iglesia del silencio, asegura en la revista mexicana Proceso, que «los tres fueron cómplices» y que «Cristóforo fue efebo de Maciel y, además, le conseguía menores de edad para que abusara de ellos».

Los visitadores tendrán que comprobar también si sigue habiendo culto a la personalidad de Maciel en la Legión. «Notre père, como le llamábamos, comía un caramelo y se guardaba el papel. O la servilleta con la que se limpiaba», cuenta Cerda. «Mi mayor ilusión, mientras estuve dentro, era que me regalasen una foto firmada por él».

-¿Han retirado los retratos del omnipresente fundador?

-Me consta que algunos sí, pero siguen citando sus obras.

Además de la depredación sexual y el culto a su persona, Blázquez deberá investigar también el flujo financiero del que se alimenta la Legión de Cristo. «Calculo que tiene una capacidad económica similar a la de una de las grandes empresas mundiales. Pero es un dinero que circula de forma muy opaca. Eso fue algo que dejó bien atado Maciel».

De destapar la titularidad de Maciel sobre los bienes y el origen del dinero, se abriría una puerta para la demanda económica de los herederos del fundador. Aunque el Derecho Canónico prohíbe a un religioso tener bienes -pertenecen a la comunidad que lo ampara- y, por tanto, dejarlos en herencia, José Bonilla opina que los familiares de Maciel sí podrían reclamar su legado, vía civil. «Es una organización creada para su fundador, todo giraba alrededor de él, no es difícil que los bienes estuvieran a su nombre o a los de gente de su confianza», razona. Según ha podido saber Crónica, Armando Arias Sánchez y dos hermanos de apellido Carretano serían algunos de ellos. Por supuesto, los Legionarios no estarían dispuestos a ceder: «Sólo les importa el dinero».

Hecha la inspección y presentado el informe, a Roma le quedan varias salidas. La menos probable es que confirmen a los actuales dirigentes. La más lógica sería que echase al trío directivo actual y convocase un capítulo general para elegir a unos nuevos líderes incontaminados. La que más temen los Legionarios es que Roma les obligue a disolverse y, si acaso, a refundarse, tras hacer una limpieza y una damnatio memoriae (condena de la memoria) del fundador. Lo mismo que tuvieron que hacer, en 1520, los capuchinos. Aunque a los Legionarios, como a Norma, la sombra de Maciel los perseguirá eternamente.

¿TRES HIJOS MÁS, FAMILIA NUMEROSA?

Conforme ha ido pasando el tiempo, los hijos de Maciel se incrementan», escribió para Cimac Noticias, hace unas semanas, la periodista mexicana Sanjuana Martínez, experta en casos de pederastia clerical y autora de un libro sobre el tema, Man to púrpura. Según Martínez, que habla de tres posibles vástagos, aparte de Norma Hilda, del fundador de los Legionarios, éste «no ocultaba a sus hijos a su entorno más cercano, viajaba con ellos por el mundo, los mantenía económicamente desviando importantes cantidades de dinero y les daba la posibilidad de estudiar en importantes universidades internacionales».

Todo cambió con la muerte de Maciel. «Sus su puestos tres hijos mexicanos se quedaron despro tegidos, al menos esos son los que actualmente han intentado recuperar una parte de la herencia exigie n-do a la Legión de Cristo la parte que les corres pon de, pero puede haber más vástagos, aquí y en el ex tran jero», refiere en su texto la informadora, Pre mio Nacional de Periodismo en México en 2006 y 2007.

¿Tendrían esos hijos derecho a una herencia, que sería multimillonaria? «Maciel tenía dinero y lo usaba a su discreción, pero no debería haber poseído bienes, desde el Derecho Canónico ningún religioso puede poseerlos ni dejarlos en herencia», sentencia con voz clara y serena el ex sacerdote Alberto Athié, que denunció ante las autoridades religiosas las actividades del fundador de los Legionarios. Athié escuchó un día, siendo sacerdote, el relato de los presuntos abusos sufridos por un ex legionario, el ex rector de la Universidad Anáhuac Juan Manuel Fernández Amenábar, a manos de Maciel. En su opinión, cualquier presunto hijo que quisiera recla mar la herencia del religioso, sólo podría aspirar a un reconocimiento de paternidad y a que la orden se responsabilizara de su mantenimiento hasta llegar a los 18 años. Otras voces indican que los hijos de Maciel podrían exigir, mediante una demanda civil, parte del patrimonio de los Legionarios.

Es otro ex legionario, José Barba, presunta víctima de abusos de Maciel, quien aporta más datos. Según este ex seminarista, catedrático del Instituto Tecno lógico Autónomo de México, hay una gran cantidad de bienes a nombre de Maciel y de sus testaferros. Barba, ante la pregunta de a cuánto podría ascender la fortuna de Macial, apunta como baremo el presupuesto anual de la orden, que es de más de 500 millones de euros, casi el triple que el del Vaticano (el valor total del patrimonio de los Legionarios podría superar los 20.000 millones de euros). Aunque, hace notar, que la organización religiosa tiene tendencia a inflar datos, de número de seguidores, de sacerdotes y, por qué no, quizás presupuestales. De los hijos de Maciel -una, dos, tres, cuatro...- nunca hablan. / (México)



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