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Manuel de Castro: «La objeción de conciencia en los centros católicos carece de sentido»

RD, Lunes, 9 de julio 2007

«Nuestro discurso ha sido siempre coherente e inalterable. Estamos a favor de una educación en valores en la escuela, pero nos hemos opuesto a que ésta se haga a través de una asignatura concreta. Por esta razón votamos en contra de Educación para la Ciudadanía en el Consejo Escolar del Estado», afirma Manuel de Castro, sacerdote salesiano y secretario general de la Federación de Religiosos de la Enseñanza-Centros Católicos (FERE-CECA). en una entrevista de MIlagros Asenjo en Abc.

Sin embargo, la asignatura salió adelante y con ella la polémica. De Castro ha sido el blanco de todas las iras porque, pese a todo, sus centros han decidido impartirla y, por tanto, no apoyar la objeción de conciencia para impedir que se curse.

-¿Qué pasó para que ustedes adoptaran esta postura?

-En primer lugar, logramos que el Ministerio de Educación retirara de los programas de Educación para la Ciudadanía los contenidos que más invadían ámbitos reservados a la familia y a la moral personal, por ejemplo las menciones a tipos de familia o a la educación sexual. Conseguido esto, y como sabíamos de nuestra capacidad legal para adaptar la asignatura al ideario propio de nuestros centros, convicción que fue ratificada por sentencias del Tribunal Constitucional y por el propio Ministerio, seguimos adelante.

-Es decir, no se sumaron a la defensa de la objeción de conciencia...

-Sí. Hemos rechazado la objeción de conciencia en nuestros centros, no en los públicos donde consideramos legítimo que los padres busquen los medios que estimen oportunos para proteger a sus hijos de los riesgos de la asignatura.

-¿Por qué esta medida?

-Porque consideramos que en nuestros colegios la objeción de conciencia es innecesaria y peligrosa. Si decimos que vamos a adaptar la asignatura a nuestro ideario, carece de sentido objetar contra ella. Además, se introduce un elemento peligrosísimo contra el carácter propio que mañana puede pasarnos factura a todos.

-¿En qué sentido?

-El peligro está en que la objeción se podría extender a otras asignaturas, incluso a la misma clase de religión. Alguien podría venir a un centro católico diciendo que acepta el ideario sólo en parte y que rechaza la religión o la oración que todas las mañanas hacemos en nuestros colegios.

-¿Han informado de esto a los padres de sus alumnos?

-Nuestros centros conocen, y así lo están trasmitiendo a las familias, que no están facultados para conceder o denegar la solicitud de exención de una asignatura obligatoria, que no existe una materia alternativa a Educación para la Ciudadanía y conocen las consecuencias que puede tener optar por la objeción ante una disciplina obligatoria.

-Por ejemplo...

-En todo caso, el colegio debe impartir la asignatura porque la ley ha sido aprobada y hay que cumplirla. Si no lo hacemos, se nos puede retirar no sólo el concierto, sino también la capacidad de enseñar, ya que a un centro que no obedece las leyes se le retira la autorización de enseñar.

-¿Y los alumnos?

-La Administración educativa será la que determine las medidas a aplicar, pero el riesgo está en que, si no se cursa, será siempre una asignatura suspensa y así se contabilizará a todos los efectos a la hora de la evaluación, de la titulación. No digo que impedirá lograr el título, pero los alumnos que no la cursen deberán atenerse a lo legislado para los suspensos.

-¿Qué harán con las objeciones que les lleguen?

-Nosotros no vamos a poner ningún impedimento a aquellos padres que, después de escuchar a todos y de conocer los riesgos de hacerlo, decidan objetar. Tramitaremos todas las objeciones y no opondremos la más mínima dificultad.

-¿Cómo califica esta forma de oponerse a la asignatura?

-Es una medida muy extrema y muy seria que, ante todo, supone una decisión muy personal de los padres. Pero tengo la impresión de que algunos se ven presionados y que esta medida no está surgiendo de una decisión de su propia conciencia.

-¿Qué sintieron al oír la frase de que impartir la asignatura es colaborar con el mal?

-Esa afirmación nos parece un poco exagerada y, por supuesto, no la compartimos. Dando la asignatura conforme a nuestro carácter propio estamos formando buenos cristianos y buenos ciudadanos.

-Se les ha acusado también de romper la unidad con la Jerarquía católica...

-Nosotros hemos estado siempre en sintonía con la Conferencia Episcopal, hemos secundado sus directrices y hemos mantenido un diálogo fluido y constante con su presidente.

-¿Han recibido apoyos de los obispos?

-De unos más que de otros, aunque todos están siendo informados.

-¿No es sorprendente que una de las asociaciones más beligerantes con ustedes sea la confederación católica de padres Concapa?

-Es gravísimo porque quiebra la confianza entre padres e instituciones titulares de los centros. Lo más correcto sería que aquellos padres que desconfían de nosotros cambiaran a sus hijos de colegio. Pero sospecho que esa ruptura no es tanto entre los centros y sus asociaciones de padres locales, sino a nivel de la Confederación.

-¿Qué futuro le augura a la objeción de conciencia?

-Los jueces decidirán si hay algo en la materia que puede ir gravemente contra la conciencia de las personas. Creo que el porvenir de la objeción es bastante incierto, y pienso que muchos de los que la están promoviendo saben que su éxito jurídico será muy limitado.

-Hablemos de los libros de texto de Ciudadanía...

-El Ministerio no hace los libros sino el currículum. Son las editoriales las que elaboran los textos con total libertad. Así, habrá libros que para los católicos sean aceptables y otros que no lo sean. Los padres de nuestros alumnos deben estar tranquilos en este sentido, ya que los centros seleccionarán los más compatibles con nuestro carácter propio.

-Algunos proponen recurrir a los tribunales o arrancar del Gobierno la modificación de los contenidos de la asignatura, ¿qué opina usted?

-El recurso a los tribunales debería haberse hecho antes. Nosotros hemos interpuesto uno en Extremadura por los desarrollos de los contenidos en esa comunidad.

-¿En qué lo basan?

-En que no se ha respetado lo aceptado por el Ministerio y se subrayan algunos aspectos que posibilitan el adoctrinamiento.

-¿Que hubiera sucedido si Educación para la Ciudadanía fuera optativa?

-No hubiera habido problemas. Lo que sorprende es que los grupos que ahora se oponen a la asignatura con tanta contundencia, no dijeron nada cuando, en el mandato del PP, se aprobó la LOCE y en la asignatura obligatoria de Ética aparecieron temas ahora criticados y retirados de Educación para la Ciudadanía.

-¿Cuántas objeciones han recibido en sus centros?

-Nosotros hemos pedido información a las comunidades autónomas sobre las objeciones que están llegando a los centros. Aunque aún no nos han llegado todos los datos, sabemos que en Toledo hay cerca de 800, de las que 400 pertenecena un solo colegio. En otras comunidades el número es muy reducido.

-El origen de la tormenta provocada por Educación para la Ciudadanía está en la LOE , ley que la creó. Ustedes también fueron criticados por negociarla...

-Como centros católicos teníamos que agotar el diálogo con la Administración antes de llegar a las posiciones de beligerancia y de confrontación y debíamos proceder con independencia política. Los primeros borradores eran para nosotros inaceptables de todo punto porque no respetaban la libertad de enseñanza y, como no fueron modificados apoyamos y acudimos a la manifestación del 12-N.

-¿Qué ocurrió después?

-Pasada la manifestación, el presidente del Gobierno nos ofreció una posibilidad de diálogo y acudimos. Dijimos que no era nuestra ley, pero que llegamos a unos mínimos que la hacían medianamente aceptable.

-¿Cuáles son los mínimos?

-Se referían a los problemas de libertad de enseñanza que hemos vivido en los últimos años y que afectan a la elección de centro, a la intervención de los colegios en el proceso de admisión y a nuestra capacidad para desarrollar en libertad un proyecto educativo católico.

-Algunos dicen que ustedes cedieron por dinero...

-Eso es un infundio. El dinero nunca estuvo presente en las negociaciones.

-¿Por qué no hay un pacto educativo que evite el constante cambio de leyes?

-La educación sigue siendo arma de combate y moneda de cambio de los políticos, el pimpampum de la política, y así nos va.

-¿Qué ha pasado con las últimas leyes educativas?

- La LOCE pretendía mejorar la calidad pero no logró un pacto con el PSOE, entonces en la oposición. Cuando éste llegó al Gobierno derogó esa ley pero con la LOE tampoco consiguió pactar con el PP. Se metió en berenjenales como la Educación para la Ciudadanía o la modificación de la clase de religión y el debate se focalizó en estas cuestiones y no en la calidad.

-Un millón y medio de escolares están en la concertada católica. Algunos sectores apoyan el cheque escolar como alternativa al concierto...

-Nosotros preferimos mejorar el sistema de conciertos a la opción del cheque escolar.

-¿Por qué?

-El cheque escolar no mejora la libertad de elegir centro ni subsana las carencias del concierto. Y encierra muchas incógnitas.

«La mayoría de las actuaciones de futuro que propone la Conferencia Episcopal en su documento sobre la escuela católica las está llevando a cabo FERE-CECA desde hace largo tiempo», asegura Manuel de Castro, al tiempo que advierte de que en ese texto, que se comenzó a elaborar hace más de dos años, ha colaborado significativamente su organización. «Estamos plenamente de acuerdo con el documento, que servirá para reforzar la tarea de FERE-CECA y, como no podía ser menos, lo aceptamos».


De Castro discrepa de quienes consideran que el Episcopado ha elegido este momento para su publicación como para mediar en la polémica de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (denominación completa de la asignatura). «Lo único cierto es que la Conferencia Episcopal decidió separar la difusión de esta declaración del trámite de la Ley Orgánica de Educación (LOE), y una vez puesta en marcha la ley, ha entendido que era oportuno que viera la luz». Pero en absoluto «ha querido llamar la atención sobre el momento educativo en que nos encontramos», concluye.



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